A Whedonesque tangle of intrapersonal detritus

Comentario y reflexión sobre “Agents of S.H.I.E.L.D.”.

AOSMarvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.
Concepto por Joss Whedon, Jed Whedon y Maurissa Tancharoen
Basado en el comic creado por Stan Lee y Jack Kirby
Reparto: Clark Gregg (como Phil Coulson), Ming-Na Wen (Melinda May), Brett Dalton (Grant Ward), Chloe Bennet (Skye), Iain De Caestecker (Leo Fitz) y Elizabeth Henstridge (Jemma Simmons)
Cinematografía por David Boyd, Feliks Parnel, Jeff Mygatt y Allan Westbrook
Musicalización por Bear McCreary
Producción Ejecutiva por Joss Whedon, Jed Whedon, Maurissa Tancharoen, Stan Lee, Alan Fine, Joe Quesada, Jeffrey Bell, Jeph Loeb y Garry A. Brow
Producido por ABC Studios, Marvel Television y Mutant Enemy Productions
Distribuido por Disney/ABC Domestic Television

Juzgar a Agents of S.H.I.E.L.D. por lo que debió ser es, sin lugar a dudas, injusto. Es llevar la crítica a la subjetividad puesto que cada cabeza es un mundo, y más para los fans de este concepto y para quienes conocen todo el bagaje de los comics, que en cierta medida nos lleva a las odiosas comparaciones y a los wishlists – “ojalá hubiesen hecho esto”, “por qué mejor no usaron a este personaje”, y un largo etcétera — que evitan en todo momento apreciar los méritos individuales y colectivos del equipo creativo, producción y actores involucrados.

Sin embargo, siento que Marvel desaprovechó una GRAN oportunidad al no considerar dentro de Agents of S.H.I.E.L.D. el extraordinario backstory provisto por esfuerzos recientes en comics de excelente manufactura como Secret Warriors y S.H.I.E.L.D. de Jonathan Hickman, ofreciendo importantes oportunidades narrativas para esta serie de televisión de la ABC.

Pero bueno, podemos decir en su defensa que adaptar estas sagas tenían el inconveniente de contar al 100% con un consagrado y altamente cotizado Samuel L. Jackson como Nick Fury, lo cual obviamente dispararía sobremanera su presupuesto; además, incorporar a figuras históricas como Leonardo Da Vinci supondría situarla en una incómoda comparación con Da Vinci’s Demons de la cadena Starz (y de la cual Hickman fue, irónicamente, parte de su grupo de guionistas).

Así, Agents of S.H.I.E.L.D. se ve en un handicap: ¿quién es nuestro protagonista? Sin Fury, incorporar a su tradicional grupo de apoyo es prácticamente imposible desde un inicio, por lo que el sentido de urgencia por tener a alguien con el suficiente arrastre con el público fue crucial.

Enter: Phil Coulson. Personalmente es aquí donde comienzan los problemas. El abrir las puertas entre el mundo de los vivos y los muertos es algo que en los comics es parte de cada día, pero hacerlo en un medio audiovisual que supone no acarrear los vicios del material original implica un salto de fe enorme. Lo peor del caso es que nos puede tentar a volverlo a hacer. Estoy convencido que tener al Agente Coulson como un líder de mesurado comedy relief y eficiente guía dentro de este nuevo e incierto “universo fílmico” de Marvel es un mal necesario, porque hay que reconocer que gradualmente se fue construyendo de forma triunfal a un personaje que genera una buena empatía con el televidente, y que su muerte en la cinta de Avengers fue muy bien llevada, incluso sorpresiva, aún y cuando el director Joss Whedon siempre tiene a la muerte como una carta muy bien guardada dentro de su repertorio como screenwriter. La resurrección de Coulson complica la trama desde un inicio, pero vaya que provee un atractivo enigma que mantendría en vilo al espectador a lo largo de esta que fue la primera temporada.

Para fortuna del equipo creativo, los momentos que revelan la increíble y muy, muy trágica resurrección de Coulson son llevados a la pantalla chica de manera estupenda. En lugar de incredulidad, somos llevados a un rincón muy incómodo en el que se está de acuerdo con el propio personaje de que no quería volver a la vida, y mucho menos cómo se nos fue revelado en el último tramo de la historia. Compartimos a lo largo de su duración el sufrimiento, el trauma y una dura realización de un destino fuera de su control.

Con esta sólida caracterización en el libreto, y llevada a puerto seguro por un excelente performance de Clark Gregg, Agents of S.H.I.E.L.D. resuelve un gran problema. Quizás el mayor problema al que se enfrentaba la producción para hacer arrancar con tranquilidad este proyecto.

A partir de ahí, no cabe duda que fue muy sencillo para ellos el construir un arco argumental que fue incrementando en complejidad, sazonado en dosis selectas con ese manejo del diálogo “Whedonesco” — lleno de sagacidad y punzante sarcasmo, a veces ingenuo y obsesivo con la cultura pop, que es ocurrente y que encanta a los hardcore fans. Con un inicio basado en el ya cansado molde de “monster of the week” — sigo sin entender cómo existe todavía quienes no se fastidian de esto — la saga fue expandiéndose y fortaleciéndose con acertados subplots, giros en la trama y guiños a un Universo Marvel poseedor de un inmenso catálogo de multifacéticos personajes, curiosos objetos de inmenso poder y peligro, así como de ideas locas y hermosas a su disposición.

Una vez que la opción de tener a AIM como adversario fue gastada en el film de Iron Man 3, la producción crea en su ausencia un facsímil de nombre “Centipede”, el cual se torna el rival a vencer para los agentes al mando de Coulson. La introducción de la enigmática Raina (interpretada con gran efecto por Ruth Negga) y de su benefactor, el ominoso Clarividente, se asegura el arrastrar un misterio que atraiga a una audiencia a lo largo de 22 episodios. En este sentido, es raro tener este formato de vuelta para una serie de televisión contemporánea y de alto perfil como lo fue Agents of S.H.I.E.L.D.; aunque siendo sinceros, no vemos otra alternativa si deseamos apreciar un desarrollo de personaje íntegro no solamente para Coulson, sino también para su peculiar equipo, quienes logran trascender más allá de los arquetipos que representan sus roles en esta historia, ya sea de adolescente rebelde (Skye), la solemne guardaespaldas (Melinda May), el hombre fuerte de oscuro pasado e interés romántico (Ward) y los genios/techies sabelotodo (Fitz/Simmons).

Todos ellos llevaron character arcs sumamente interesantes, que demolieron un evidente desinterés inicial (por lo menos para mí) para convertirse en parte integral del plot, siendo todos ellos sacados de su zona de confort a medida que la trama se fue acercando en forma trepidante a los eventos narrados en la película de Captain America: The Winter Soldier, que resultó en la disolución de S.H.I.E.L.D. y el regreso del grupo terrorista HYDRA, el cual unifica en un solo enemigo los esfuerzos heroicos (así como también la ira y frustración) de Coulson y compañía.

Así, la narrativa adquiere un sentido holístico que reúne a todas las piezas del rompecabezas, se revelan las lealtades de todos los frentes antagónicos y deja el terreno puesto para una confrontación definitiva.

¿Suena emocionante? Lo fue, aunque Agents of S.H.I.E.L.D. contó con momentos en donde la trama adoleció de velocidad, sobre todo en los primeros episodios y en las escenas que llevan a los agentes a la base secreta de ‘Providence’. En lo personal, los dramas de Skye, May y Fitz fueron convincentes, con un grado de impotencia y desesperación muy bien logrado y que fue ante todo genuino, además de que Simmons por su parte mostró una ingenuidad e inocencia realmente adorable. Por otro lado, la falta de resolución en el backstory de Raina y la propia Skye deja sentimientos encontrados, siendo estos misterios acarreados – y a título personal brillantemente y con notable ambición — hasta una segunda temporada.

Mi episodio favorito, a pesar de estar lleno de clichés, fue el origen del agente Ward, gracias a un excelente duelo actoral entre Brett Dalton y el experimentado Bill Paxton, quien interpreta al Clarividente/John Garrett. Aquí se nos presenta una ligera opción de redención para el personaje, cuya traición al equipo de Coulson fue llevada de forma magnífica, en donde su intervención en un principio parecía que sobraba en la trama y terminó volviéndose parte crucial de la misma.

La introducción de Garrett, su gradual protagonismo y muy graciosa muerte condujeron a la narrativa a otro nivel. En este sentido, Agents of S.H.I.E.L.D. evoluciona para beneplácito de todos, aprovechando con esto su duración de 22 episodios para dar vuelcos en la historia que justificaron este (casi obsoleto) formato.

Vale la pena señalar que el desempeño del reparto de apoyo fue sensacional: Ian Quinn (David Conrad), Franklin Hall (Ian Hart), Lorelei (Helena Satine), Lady Sif (Jaimie Alexander), Glenn Talbot (Adrian Pasdar), Donnie Gill (Dylan Minnette), Elliot Randolph (Peter MacNicol), Antoine Triplett (B.J. Briggs), Claire Nathan (Amy Acker), Deathlok (J. August Richards), Jasper Sitwell (Maximiliano Hernández), Thomas Nash (Brad Dourif!!!), Maria Hill (Cobbie Smoulders) y Victoria Hand (Saffron Burrows) cuyas apariciones robustecieron a este relato.

Sí, Patton Oswalt fue un guiño para los fanboys, pero sigue sin tener sentido de que su personaje tuviese un hermano gemelo. De nuevo Marvel saliéndose con la suya para revivir personajes…

… y los cameos de Nick Fury también se agradecen 😉

La serie no está exenta de críticas. Quizás el mayor yerro fue el darle una desmesurada importancia a Skye sin haber esclarecido sus orígenes. Para quienes siguieron de cerca cada emisión, recordemos los severos, coloridos y hasta incendiarios comentarios que Jim Steranko — uno de los autores definitivos dentro de los comics de Nick Fury y S.H.I.E.L.D. — asestaba con el correr de los episodios, a través de la página web de The Hollywood Reporter:

“After 22 episodes of ‘sanctified’ plot and character crumbs being salted with terminally-sluggish velocity (into anemic ‘standalone’ stories) and the promise of paying off the Whedonesque tangle of intrapersonal detritus, the season wrapped instead with another disappointing layer of warmed-over potholes, carrots, and hooks.

Didn’t those of us who hung in, kept our fingers crossed, and hoped for at least a modicum of closure deserve something more than a preview of next season’s shellgame antics? And OMG — another year of Who-Is-Skye? teasers! Frankly, she is not compelling enough to shoulder the series, no matter what Coulson scratches on the wall.”

Probablemente estaba enfadado de que “su” versión de S.H.I.E.L.D. no fuese transcrita al dedillo a la pantalla chica (sin duda muchos de nosotros coincidimos en eso), pero esto nos habla de un involucramiento genuino de los fans, de los profesionales del medio y de la crítica especializada, en donde todos honestamente queríamos que este producto televisivo fuese más que sobresaliente, triunfante (o en su defecto, queríamos ver a los comics bien representados en otros medios). Sin embargo, hemos reiterado muchas veces que estos personajes e historias ya no nos pertenecen, sino que están allá afuera, al alcance de todos, llenos de filtros y en presentaciones más accesibles.

En términos generales, el drama interno (el “Whedonesque tangle of interpersonal detritus”, como acertadamente lo indica Steranko) fue lo mejor que ofreció este primer ciclo de Agents of S.H.I.E.L.D., que mejoró significativamente con la introducción de Bill Paxton para centrar el plot en su segunda mitad y que la falta de claridad en las conexiones con el tema extraterrestre fue su punto más débil — aunque a final de cuentas fue necesario para Marvel, debido a la reciente introducción de su universo cósmico con la cinta de Guardians of the Galaxy

Sin lugar a dudas, usar a la organización de inteligencia, seguridad internacional y contraespionaje de S.H.I.E.L.D. fue la opción correcta para iniciar este viaje por la pantalla chica para Marvel/Disney. Un concepto que abre muchas puertas a todos los rincones narrativos y multigénero de su acervo literario, pero con esa ancla en el aspecto humano que mantiene atenta a una potencial audiencia. De esta manera, la aparición de espías, cyborgs, seres alienígenas, mortíferas invenciones de la ciencia, seres mitológicos, mutantes y cruentas batallas contra cárteles criminales y gente sin escrúpulos se introducen con facilidad al público.