Un mundo bizarro entre costuras

Reflexiones selectas sobre “Castle Rock”.

Terminé de ver Castle Rock, serie de televisión producida por el sitio de streaming Hulu y la Bad Robot de J.J. Abrams. Binge watch. Completamente alucinante, y una minería de ideas muy elegante—por no decir definitiva—al complejo y vasto hipermito literario de Stephen King.

Quizás no habíamos visto a un artefacto más “King-iano” que éste—a comparación de un Stranger Things que es mucho (MUCHO) lip service y está más preocupado por hacer funcionar a sus hípervínculos con la parafernalia ochentera que a llevar a su storytelling a un puerto seguro. Esfuerzos individuales como “The Green Mile”, “Stand by Me”, “Misery”, “Dolores Claiborne” y “The Shawshank Redemption” están más enfocados en explorar a la condición humana bajo el estilo del horrormeister, siendo “IT”, “The Stand” y “The Shining” aproximaciones más cercanas a un cohesivo mundo bizarro y entre costuras que se arrastra poco a poco hacia nuestra realidad.

Castle Rock toma a los textos de King y construye su propio rumbo, desecha el pastiche aún y cuando episodios como “The Queen” recuerdan a sus temas clave; es contraintuitivo al no dejarse llevar por los signposts/referencias y en su lugar presume ser, por fin, algo que La Torre Oscura de Nikolaj Arcel no pudo lograr, que es confeccionar una confluencia de temas e ideas y dar certeza de que estamos viendo a un mundo CONECTADO por lo sobrenatural y el multiverso (¿acaso no es la iglesia en el pueblo de Castle Rock un stand-in para la mítica Dark Tower?), y que está siendo infectado por fuerzas que sólo quieren verlo arder (para ello Bill Skarsgård es un efectivo facsímil del diabólico Randall Flagg).

Por todo esto, Castle Rock es un éxito y una adición más que bienvenida al cúmulo de adaptaciones multimedia de la obra de Stephen King; por si sola se convierte sin dudarlo en el sucesor espiritual de “DARK”, claro está, mientras el thriller alemán regrese vía Netflix. Por el momento su aura estremecedora se ha quedado con nosotros, haciendo la espera más placentera.