On Sherlock

Reflexiones sobre la primera temporada.

Sherlock: Temporada Uno
Creada por Mark Gatiss y Steven Moffat
Edición en formato DVD
3 episodios en 2 discos y material adicional
Distribuido por British Broadcasting Company

The game is on.

Bajo estas palabras se teje una de las series más importantes de los últimos años en el mundo de la TV.

Siendo un ejercicio en inteligencia y brillantez, SHERLOCK nos envuelve, cautiva, mesmeriza y nos reta a aceptar que el detective de ficción más célebre de todos los tiempos es relevante, hip, enigmático, complejo, sofisticado, seductor, una fuerza descomunal capaz de conducirnos a un mundo donde la impartición de justicia toma un camino diferente al de las superproducciones televisivas contemporáneas, llenas de artificios efectivos, pero quizás carentes de sutileza, siendo a su vez más sanguinarias, rudas, crudas y voraces.

SHERLOCK ignora las fórmulas y nos convence de que en esa pretensión de la sublime inteligencia, el encanto y el sumo cuidado en la puesta en escena hay un libreto incisivo, una producción impecable y un trabajo actoral multifacético que demuestra una forma y fondo, una práctica que destila lo mejor del ‘whodunnit’ con la comedia ligera y lo incierto del mundo moderno — lleno de contrastes y de personalidades complicadas, con contradicciones y pathos. Estos géneros se conjugan en una emisión televisiva que nos impulsa a sumergirnos en los rincones más oscuros del subconsciente humano, en un ejercicio de curiosidad, una cualidad humana que nos lleva de forma moderada u obsesiva, a encontrar lo que nos define, para bien o para mal.

Y es que SHERLOCK no solamente es una serie que combina el misterio y suspenso policiaco con la clase y elegancia británica — estándar que la BBC siempre cumple a carta cabal en sus proyectos de entretenimiento — sino que también es una realización que nos cautiva gracias a dos personajes cuyas acciones los empujan a buscar y (con suerte) encontrar lo que parecían haber perdido, sin darse cuenta de que las consecuencias de sus actos ayudan a salvar vidas de ciudadanos inocentes.

Y es que a Sherlock Holmes, brillantemente interpretado por el mercurial Benedict Cumberbatch, poco le importa la raza humana, pero su maníaca obsesión por el detalle y descubrimiento dentro del mundo de la criminología lo llevan a encontrarse con quien será su ancla en un mundo al que claramente critica y desprecia, que no lo entiende, que lo repudia, pero que irremediablemente acude siempre a él porque lo necesita. Esa ancla, el Dr. John Watson, es parte importante y no un aderezo a la narrativa — la cual es presentada de forma excelsa por el guionista y co-creador Steven Moffat.

Martin Freeman dota de una dimensión e importancia al papel de Watson, y sin duda alguna representa el conducto a través del cual el público es inducido al mundo sofisticado y offbeat de Holmes. Watson es contagiado por el estilo de vida de su colega, despertando en él un interés por encontrar el significado de seguir existiendo tras haber vivido sus mejores días. En sí, SHERLOCK es también la travesía de Watson en ese proceso de autodescubrimiento.

La adaptación y modernización del material literario es extraordinaria, donde la propia ciudad de Londres y sus alrededores se convierten en parte importante, cobrando relevancia y vida propia, un misterio urbano que Holmes descubre paso a paso, a medida que este enigmático escenario lo satura de elementos visuales que lo guían en sus pesquisas.

Cada historia de esta primera temporada (A Study in Pink, The Blind Banker y The Great Game) es presentada con sumo cuidado técnico por la producción, derrochando tanto energía como estilo para presentar los misterios que los personajes encarnados por Cumberbatch y Freeman deben resolver. Los episodios, con duración aproximada de hora y media cada uno, balancean en dosis sutiles y contundentes la caracterización, la chispa de la comedia, así como también un acertado manejo del infodump — con trances maníacos donde Sherlock demuestra un dominio impresionante del plateau, con destellos de carisma elegantes y sublimes por parte de Cumberbatch — que hace avanzar el plot a gran velocidad.

La serie presenta además una narrativa cuyo hilo conductor nos delata una historia más grande que se teje detrás, y que Holmes se muestra ansioso por deshilar y descubrir, regalándole a la audiencia un cliffhanger extraordinario que nos hace pedir más.

Pero quizás lo más importante es que SHERLOCK es una serie que demanda nuestra atención, nos hipnotiza y nos lleva a un viaje sumamente divertido y que abre opciones desafiantes para la televisión comercial contemporánea.

Una teleserie muy completa y ampliamente recomendable.