Dawn of X

X-Men: Dawn of X representa nuevamente una oportunidad para la editorial Marvel Comics de relanzar al mercado nuevas series para la franquicia de los Hombres X—algo que se ha vuelto una costumbre cada 12 meses. La industria del comic comercial se ha visto en la necesidad de correr pocos riesgos, por lo que un compromiso limitado con la audiencia meta es la única alternativa para subsistir en una economía bastante compleja y de alta competencia. El entretenimiento alternativo y la cultura pop del siglo XXI demanda ficción inmediata y contenidos a la medida.

También es cierto que la tendencia en ventas en tiempo reciente ha ido a la baja, en donde las grandes editoriales apuestan todo por un tomo #1 y múltiples portadas alternativas y conmemorativas para llenar de cantidad (mas no calidad) a las tiendas de comics especializadas, y con ello inflar sus números, y a sabiendas de que la demanda por naturaleza se contrae en entregas posteriores. Esto desemboca en un promedio bajo en ventas, lo que obliga a los equipos creativos a entregar historias cerradas, con poca garantía de subsistencia más allá de los seis o doce meses.

Con este gran handicap debuta Dawn of X en la industria del comic de superhéroes. Siendo la continuación a la narrativa impuesta por el autor Jonathan Hickman en el universo de ficción de los X-Men—y surgida en las páginas de las exitosísimas miniseries House of X y Powers of X—tenemos ahora a 6 títulos en los stands, bajo equipos creativos diversos, y con la amenaza latente de que correrán la misma suerte de una pronta cancelación (al igual que todos sus predecesores inmediatos).

Habiendo leído los primeros tomos de cada uno de ellos, a continuación compartimos nuestra breve opinión.

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X-MEN #1por Jonathan Hickman; arte por Leinil Francis Yu, Gerry Alanguilan y Sunny Gho.

Qué difícil va a ser para todos los involucrados hacer de los villanos humanos algo interesante. El odio no es suficiente a menos que sea la única justificante para victimizar a sus protagonistas, y más aún cuando ya sabemos (por HOX/POX) que a largo plazo el homo sapiens le habrá ganado la guerra a los X-Men, si es que no hay algún as bajo la manga. En todos estos comics veo que la vida en Krakoa está realmente llena de complacencia, sugiriendo vagamente motivos siniestros y la idea de una “vida prestada” dentro de esta isla. Hickman ha hecho un fetiche el mostrar a personajes ataviados en Blanco y Negro (en East of West, Dying & the Dead, The Black Monday Murders y New Avengers), y en esta ocasión toca turno a los villanos futuristas de Children of the Vault, los cuales no se habían utilizado en poco más de una década. Este primer tomo no se siente tan extraordinario ni con un sentido de ojos abiertos como el game-changer que fue House of X #1 o el mind-bender de Powers of X #1, lo cual es una verdadera lástima. Este comic deambula entre momentos cándidos, acción de alto octanaje, reflexiones selectas entre los miembros del reparto y múltiples puntos de entrada a través de misterios y desarrollos de personajes que se sienten parciales e incompletos, todos puestos bajo un freno de mano que lo vuelve bastante tedioso.

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MARAUDERS #1por Gerry Duggan; arte por Matteo Lolli y Federico Blee.

Y Kitty Pryde no puede entrar a Krakoa porque… ¿comics? Muchas conveniencias dentro de su plot para llegar de un punto A al B pero sin el punch necesario para engancharnos a ellos. Decepcionante introducción de los personajes que no muestran ninguna motivación más que ser peones al servicio de action scenes sin consecuencias. El Hellfire Club como corporación multinacional fue poco convincente y lejos de ofrecer aspectos que llamen la atención. El uso de la columna de chismes del Red Diamond sirve más como un narrative device para telegrafiar futuras historias, pero sin una justificante de peso, siendo solamente un mero pastiche. Quizás el más flojo de todos los títulos dentro de Dawn of X.

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EXCALIBUR #1por Tini Howard; arte por Marcus To y Erick Arciniega.

Por enésima vez la villana medieval Morgan LeFey es usada como plot device, en un título que intenta por todos los medios darle un giro al concepto de “Excalibur”, pero que vuelve a caer en el mismo juego de conflictos forzados entre personajes dispares y manipulación cósmica, ahora con Betsy Braddock como punto focal. El grupo de escritores dentro de estos títulos parece no resistirse a repetir la gastada idea de usar a Apocalypse como un tirano con una agenda secreta. Los vemos incapaces de darle un giro distinto a pesar de tener a todas las piezas y justificantes enfrente de ellos.

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X-FORCE #1por Benjamin Percy; arte por Joshua Cassara y Dean White.

Aquí al menos se hace un esfuerzo consciente por construir a villanos interesantes (aunque sea solo visualmente), pero a un ritmo demasiado frenético y ausente de emotividad, además de caer en la trampa del shock value. La muerte de Charles Xavier en los instantes finales pierde todo impacto a sabiendas de lo contado en HOX/POX, ya que se le puede dar marcha atrás en un santiamén. Esta “veda” autoimpuesta por Hickman para no utilizar a los villanos clásicos realmente está poniendo en aprietos al storytelling de los demás guionistas, a quienes vemos que recaen en el uso frecuente de 1) strike teams, 2) sociedades secretas y 3) grupos paramilitares completamente intercambiables unos con otros, siendo carne de cañón a disposición de los protagonistas.

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NEW MUTANTS #1por Ed Brisson y Jonathan Hickman; arte por Rod Reis.

Intenta DEMASIADO ser nostálgico (no en balde mezcla a los repartos de los Nuevos Mutantes + Generación X, dos series ya clásicas en el mito de los Hombres X). Se nota la mano de Jonathan Hickman para hacer de este comic el “Show de Bobby DaCosta & Sam Guthrie”, algo que el autor ha reiterado en títulos como Astonishing Tales y Avengers World. Estos personajes sí que están estancados en un eterno “Segundo Acto”, con absolutamente nada nuevo bajo el Sol. Por mucho el comic con menos blasones que ofrecer a una línea de títulos que aspiran a ser novedosos (o disfrazan a lo clásico con aderezos sutiles de novedad) e inyectarle vida nueva a esta franquicia.

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FALLEN ANGELS #1por Bryan Hill; arte por Szymon Kudranski y Frank D’Armata.

Busca atrapar el aura de hits como “Uncanny X-Force”, algo que me parece perfecto y el benchmark contra el cual debe aspirar a ser medido. Como producto “X-Men” siento que no encaja con los demás, pero usa todo este status quo a su favor como el contexto y excusa ideal para contarnos una historia diferente, con la ninja Kwannon como una estrella del show que es tanto cautivadora como interesante, con conflictos internos muy bien definidos. Esto es algo tan bueno como malo a la vez: muy bueno en el sentido de que este concepto de Dawn of X puede ser terreno fértil para explorar tangentes a algo tan inerte en mucho tiempo como los X-Men, y tan malo en el sentido de que todas las historias apegadas al “plan maestro” de Jonathan Hickman (cualquiera que este sea) no se acercan ni por mucho al estándar de calidad impuesto por House of X y Powers of X. Queda claro que múltiples equipos creativos y una pléyade de personajes diluyen por mucho el énfasis en la claridad narrativa, y Fallen Angels al salirse de este molde tan restrictivo es el que resulta mejor librado. Aplausos.

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EL ARTE

Szymon Kudranski en Fallen Angels se lleva las palmas, con Marcus To (Excalibur) siguiéndolo muy de cerca, aunque ambos con estilos radicalmente diferentes, pero que encajan muy bien con su respectiva tónica narrativa. Kudranski reúne elementos de horror y ciencia ficción con situaciones sutiles de gran naturalidad y realismo. To, por su parte, se acerca un poco al estilo de gran pulcritud y claridad de un Dan Mora y Sami Bazri, con gran creatividad para mezclar atmósferas en luz y sombra, así como un diseño de personajes nutrido y distintivo.

Matteo Lolli (Marauders) ofrece un trabajo limpio en donde mezcla acción estilizada con comedia de situación, aunque a veces suele perder consistencia. Con X-Force, Joshua Cassara nos recuerda a lo mejor de un Jerome Opeña (Uncanny X-Force, Seven to Eternity) y Leinil Yu en “Wolverine” (‘97-99) y “X-Men” (2000), capaz de crear ambientaciones de ultraviolencia de gran pirotecnia y brutalidad. Rod Reis emula con su arte en acuarela digital lo mejor del maestro Sienkiewicz, y con ello transportarnos por memory lane a la mejor etapa de New Mutants, aunque sin emplear los recursos abstractos y simbolismo que lo hicieron un éxito rotundo en la década de los ochenta.

Leinil Francis Yu en X-Men #1 nos muestra nuevamente su intento por hacer de su trabajo algo menos estructurado—sus composiciones con amplio detalle y gran uso de sombras informó el grueso de su carrera en Marvel—eligiendo ahora un estilo de mayor libertad y el uso de acuarela y líneas finas para denotar profundidad y lenguaje corporal con menor rigidez, siendo Gerry Alanguilan su entintador de preferencia. Esa ausencia de rigor ha marcado gran parte de su trabajo en tiempo reciente, siendo para muchos un gusto adquirido.

Todos los coloristas ofrecen un espectáculo cromático fuera de serie, elevando la dimensión del arte secuencial: tonos enmudecidos y un prisma sobrenatural por Frank D’Armata le imprime a Fallen Angels un aura muy especial; los contrastes certeros de Erick Arciniega (Excalibur) nos transportan del oscurantismo medieval al paraíso tornasol de Krakoa; Dean White emplea en X-Force todo un espectro variado para establecer el mood adecuado de cada escena, pasando del subterfugio a la claridad de lo cotidiano y a la enardecida violencia física; Federico Blee (Marauders) emplea una estructura estándar para mostrarnos una aventura en alta mar a plena luz del día con momentos cándidos en la paradisíaca costa de Krakoa; Sunny Gho utiliza texturas day-glo y metalizadas para amplificar el impacto de las escenas de acción por Leinil Yu en X-Men.

Si tomamos todas las infografías de Tom Muller en cada uno de estos tomos tenemos en nuestras manos a un primer muy robusto de la actualidad de los Hombres X en 2019. La contribución de este diseñador gráfico sigue siendo esencial para darle uniformidad a esta gama de títulos—aunque tiene la peccata minuta de ser el creador de logotipos demasiado genéricos y tradicionales, y que lejos de brindar elegancia y sobresalir en los stands saturan un espacio que debiera ocupar en su mayor parte el arte en portadas.

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COLOFÓN

Bryan Hill con Fallen Angels fue el único que se atrevió a contar algo fuera de la norma. Todos sus colegas navegaron sobre ideas ya gastadas. Queda de manifiesto que los “Team Comics” dentro de la franquicia de los X-Men deambulan bajo parámetros muy forzados y a mi parecer requieren en tiempos recientes de justificantes más elaboradas; se percibe una tónica improvisada, de “lanzarlos a la pared y ver cuáles pegan”. A mi parecer no se necesita sacar a todo el juguetero, sino enfocarse en protagónicos fuertes y premisas que sean retadoras y que hagan olvidar a los vicios del pasado—sobre todo cuando el mercado está saturado de comics de superhéroes en equipo que sufren de los mismos handicaps.

Soy de los convencidos de que la audiencia actual ocupa narrativas nuevas, lejos de la hemeroteca. X-Men parece no salirse nunca del recetario, aún y cuando Jonathan Hickman les haya mostrado el camino. Queda claro que la editorial sigue en el afán de recuperar a la vieja guardia, en la búsqueda continua de su poder adquisitivo y con ello subsistir en el escalafón de ventas mensual, ofreciendo más de lo mismo y sin torcer las reglas.

Lo dicho, Fallen Angels resulta ser el ganador entre todo este combo de relatos que a título personal fracasan rotundamente en su esfuerzo por darle un giro de tuerca a esta franquicia. Tras más de una década llena de garbanzos de a libra, character assassinations, reboots, equipos creativos en rotación y el refrito constante, estos títulos no parecen aportar algo de valor. Dawn of X se queda muy corto en su ambición por reverdecer a los laureles de la familia de títulos de los X-Men.

“Who is relaunching the X-MEN next year?
I mean, it’s an annual ritual, right?”
— Rob Liefeld, 6 de noviembre de 2019.