Sentado bajo el epicentro del cambio

Supreme: Blue Rose
Escrito por Warren Ellis
Arte por Tula Lotay
Letra por Richard Starkings
Diseño por John Roshell
Edición por Eric Stephenson
‘Supreme’ creado por Rob Liefeld
Publicado por Image Comics

REALITY FLUX CONTINUES
IF WE CANNOT LOCATE ETHAN CRANE WITHIN THE HEART OF THE BLUE ROSE
TIME ITSELF DIES SCREAMING

Blue Rose /blu: roʊz/
(sust.) verdades acerca de eventos/sucesos extraños, lejos o ajenos al escrutinio público. Véase Blue Rose case.

Los dos puntos que separan las frases “Supreme” y “Blue Rose” nos hablan no solamente de un enigmático subtítulo sino de algo distinto, un alejamiento consciente de lo que para los lectores de comics desde hace un par de décadas atestiguamos con la publicación en el mercado del epónimo personaje creado por el siempre controversial y cáustico Rob Liefeld (‘Lai-feld’, true believers), y que logra inmortalizarse gracias a un preciso revisionismo bajo la pluma del legendario Alan Moore, quien logra explotar un potencial inusitado en este comic como un facsímil del Superman de la Era Weisinger cincuentera, aunque posicionado bajo parámetros de mayor riesgo y trascendencia.

De la misma forma que Prophet (otra propiedad intelectual en posesión de Liefeld y revisitada con maestría por el genio contra-corriente de Brandon Graham), a Supreme le es aplicado una descarga de electroshock que le imbuye de un sentido de novedad que lo sitúa en un pedestal aparte, esta vez por cortesía del imbatible pionero del comic Warren Ellis, un autor de prolífica obra dispuesto a emprender esfuerzos honestos para encontrar variantes significativas que le den lustre a algo tan sencillo como historias entre héroes y villanos.

En el caso de esta miniserie de 7 tomos, Ellis logra añadirle complejidades significativas que la convierten en un producto no solamente distinto sino cautivador, desconcertante pero al mismo tiempo provocador y detonante de múltiples interpretaciones, y que además es atento en la presentación elegante, robusta pero digerible de asombrosos high concepts, y un manejo del lenguaje que le otorga una presencia y personalidad que lo aparta del molde tradicional.

El autor rescata para esta serie las ideas vertidas por Alan Moore pero sin volverse reiterativo con las fórmulas del pasado. Ellis reemplaza homages a la ‘Era de Plata’ de los comics por aderezos propios del ‘suspenso sofisticado’ ochentero, integrando una serie de elementos que hacen sentir a su obra como una bizarra teleserie de la BBC, un entretenido mash-up entre cold endings, metafísica Douglas Adams-style y escenarios à la Quatermass Experiment, Doctor Who, Life on Mars y A for Andromeda, todos ellos organizados bajo la plantilla narrativa del tradicional whodunnit detectivesco.

Así mismo, el autor codifica los diálogos dentro de su guión, contagiando al lector con el mismo sentido de confusión que embarga a sus personajes, cautivos en un plot que es complejo y cuya claridad sólo se alcanza hasta el último tramo de la historia. Cada enunciado es ominoso, calculador, sin pistas sencillas y abogando a que la audiencia se enganche y fascine con las singulares situaciones que se confeccionan en cada una de las entregas de esta miniserie.

La trama es difícil de describir y se mueve en diversos frentes, todos bajo un hilo conductor de aparente simpleza como puede ser la búsqueda de Ethan Crane – alter ego del superhéroe Supreme – cuya desaparición tiempo atrás es la que detona las intenciones de los protagonistas. Su paradero se convierte en una obsesión para el magnate y prodigio intelectual Darius Dax, y que en el pasado siempre ha sido su enemigo mortal.

De vastos recursos, Dax comisiona a la reportera Diana Dane para que lo encuentre a como dé lugar. A medida que transcurre la historia, Dane conoce a diversos personajes que son tanto amigables (Twilight Girl Marvel, Kid Supreme), horripilantes (Reuben Tube/Televillain, Jack Lancome/Jack O’ Lantern) y desconcertantes (Judith Jordan, Zayla Zarn, Storybook Smith, Enigma), todos ellos integrantes del reparto de apoyo en el comic de Supreme, pero quienes reciben por parte de Warren Ellis un rediseño inteligente, destilando sólo lo esencial de su caracterización original y colocándolos con gran efecto en escenarios diferentes a lo acostumbrado.

Dentro de la rutina diaria de Diana le acompañan maratones de la atrayente y tétrica emisión televisiva de “Professor Night”, en donde el epónimo héroe paranormal persigue a la enigmática asesina serial “Evening Primrose”. Sin embargo, y a medida que avanzan sus pesquisas, la naturaleza de este programa de TV como pieza de ficción amenaza con mezclarse con la vida real.

De igual forma, y en un tangencial side-story, las investigaciones quánticas de la Dra. Chelsea Henry llaman la atención del viajero pandimensional Doc Rocket, acelerando con esto un curso de colisión entre todo este peculiar ensamble de personajes. Así, el lector percibe numerosos instantes en los cuales la realidad se distorsiona y adquiere un significado distinto.

En el mundo de Supreme: Blue Rose, sus personajes deambulan por una especie de limbo, en el que se establece un misterio con matices de intriga conspiratoria y desconcierto sensorial, amplificado gracias al trabajo sobre la página impresa de la ilustradora Lisa Wood, alias Tula Lotay (foto, abajo), cuyo distintivo estilo ofrece al lector algo completamente novedoso, bajo un sentido de la abstracción que denota coherencia para comunicar estados mentales alterados y en metamorfosis, así como la transición a lo largo de umbrales que se debaten en permanecer para siempre en lo onírico y abandonar por completo a lo material.

Tula Lotay.

El empleo y distribución inteligente de sutiles líneas en variadas tonalidades tanto nutridas como en pastel – en lo que parece ser tiza, gis o crayola – se apropian de su arte secuencial, creando atmósferas muy llamativas que al unísono intentan vagamente imitar un efecto 3-D que transporta al lector a planos distantes de realidad propios de este efecto óptico, pero que en todo momento intentan expresar el hecho de que sus protagonistas se encuentran desorientados, víctimas de su propia memoria que los traiciona, intentando vagamente de reunir las piezas que le den forma y fondo a una puesta en escena que reemplaza lo tangible con la intrusión de lo fantástico y lo inexplicable, alejándose paulatinamente de la estructura clásica del superhero comic, aunque ofreciendo un vago recuerdo al mismo para quienes conocieron y leyeron las epopeyas de Supreme.

De esta manera, Lotay cumple con el propósito del autor de informarnos sobre un estado transitorio que transporta a los protagonistas a sitios desconocidos, parajes desolados, grandes metrópolis, espacios naturales y a lugares selectos extraídos de la memoria de los personajes, y que aparentemente habían olvidado o que les pertenecían a “versiones alternativas” de todos ellos. Ellis sintetiza este objetivo de una forma tanto críptica como divertida:

“If you’ve read Supreme before — or have access to the Internet to look it up — I can say to you that there’s been a new revision, and you’ll get it. If you haven’t or won’t, then, really, you’re going to have no problem coming in cold, because you’re going to be told a mystery story about the nature of the universe and its agents of stability. Also there are a couple of people who don’t really have heads. It’s fine. You’ll be fine.”

Esto es interesante ya que, a medida que nuestra lectura avanza, vemos que el autor rescata el acervo publicado en el comic de Supreme sin hacer referencia alguna del mismo, reafirmando que este extraño universo de ficción es maleable, sujeto a una continua transformación en la cual el punto focal siempre fue, es y será Ethan Crane, y cuyos orígenes siempre están sujetos a un rediseño constante.

En este sentido, Ellis comentó lo siguiente:

“The idea is essentially that Liefeld and his collaborators’ takes on the property were one way to do superhero comics, and Alan’s was another, and mine perhaps combines those while floating the thing up into the thin air of science fiction.”

Y es en este tenor que donde Supreme: Blue Rose se vuelve un acertado título para este relato, un distanciamiento de lo clásico y la aproximación hacia un sueño febril que recuerda a lo mejor de un Philip K. Dick y David Lynch – A Scanner Darkly, Do Androids Dream of Electric Sheep?, Twin Peaks e Inland Empire resuenan a lo largo y ancho de la narrativa – y los épicos, meta-textuales y auto-conscientes comics de superhéroes de Grant Morrison pero sin dejarse dominar por ellos, con una inclinación hacia esa dualidad del cambio que acerca a la persona común con la emergencia del superhumano, y la capacidad con la que el autor destila lo esencial de un género con el fin de recuperar y dar lustre a las propiedades fundamentales que lo llevaron al éxito comercial.

Lotay se lleva las palmas al ofrecer una serie de ilustraciones que no solamente le hacen justicia al texto de Ellis sino que nos enseña algo nuevo que es bienvenido para los comics, y esto es la confluencia perfecta entre un estilo claramente inspirado en el diseño de modas internacional y el boceto comercial para contar una historia en formato secuencial – y mundos aparte si lo comparamos con el lip service de intenciones satíricas que un Dave Sim realizó con el comic independiente de nombre “Glamourpuss” entre 2008 a 2012.

Lotay presenta selecta cinefilia, en donde sus escenas nos recuerdan al cine de arte de vanguardia, con sutiles cameos y atrayentes close-ups – Harry Dean Stanton en París, Texas, la Dra. Henry emulando a las neurosis que Isabelle Adjani desató con gran efecto en el thriller psicológico de Possession – breves sketches a atmósferas que parecen surgidas de la mente de un Andrei Tarkovsky, cómo se pudo apreciar en cintas tales como Stalker, Solaris y The Sacrifice, así como los ya mencionados filmes de Lynch. Sus personajes, ambientaciones y uso de texturas básicas asemejan a los portafolios de los modistos más laureados en el ámbito contemporáneo, pero con una fuerza inusitada que derrumba todo lo estático que podrían llegar a ser para los ojos del lector de comics de hueso colorado, obteniendo en su lugar una profundidad y movimiento fuera de serie, y que le vaticinan a esta artista una agradable vigencia en los años venideros.

Portadas interconectadas para los tomos 1 al 7. Click to enlarge.

Siendo un comic de difícil digestión, Supreme: Blue Rose descarta ser un reboot sino la continuación de una multifacética franquicia construida con los esfuerzos en conjunto de destacados profesionales del medio como Liefeld, Moore, Keith Giffen, Rick Veitch, Erik Larsen, entre otros. La miniserie no sustrae, sino que agrega más insights a esta compleja mitología a cuatro colores, y a través de un recorrido entre ambientes etéreos y físicos tuerce las convenciones del comic comercial de forma efectiva e interesante.