The one thing she ever truly wanted

Reflexiones sobre el comic de “X of Swords”.

¿Realmente podemos sorprendernos por el golpe de timón en los comics de los X-Men durante 2020 y 2021?

Absolutamente NADA de lo que hizo a House of X & Powers of X una sensación comercial y de crítica podemos encontrar en los comics de línea de los Hombres X, y rebautizados bajo el emblema llamado “Dawn of X”.

Su atrevimiento, audacia y actitud propositiva para sacudir a una franquicia en completa bancarrota creativa fue degradándose poco a poco: otra vez se mistificó a su storytelling, contando las mismas historias de antaño; reciclando a los antagonismos de siempre; complaciendo a una audiencia que sigue siendo minúscula y ávida de consumir a la misma continuidad casi esotérica, repleta de trivia innecesaria y las conspiraciones usuales de décadas pasadas.

Dawn of X fue llenando los stands con comics de equipo similares a lo visto en etapas previas. De nuevo teníamos el mismo problema que causó la implosión de la línea 15 años atrás, con un amplio reparto de personajes distribuido en series satélite de identidad uniforme, y ninguno de ellos saliendo de la media: Marauders, Excalibur, New Mutants, X-Force, Wolverine, Cable, Hellions, X-Factor y la innecesaria miniserie de Empyre: X-Men. Un garbanzo de a libra como Fallen Angels sufrió la misma suerte que muchas series de su tipo en tiempo reciente: si los pedidos iniciales de los detallistas no justifican su publicación, su cancelación es inmediata y sin la oportunidad de encontrar a un público potencial.

Las razones de este fracaso siempre son obvias. Se quiere retener a una audiencia cautiva y que ella sea la que promueva esos títulos entre las nuevas generaciones, algo que viene siendo un error tremendo. No se confeccionan narrativas modernas a los gustos del nuevo aficionado, y se aboga sobremanera en la nostalgia, que hemos visto una y otra (y otra) vez siendo insuficiente para mantener a flote a todos estos comics. Le conviene a la editorial inflar sus números durante un semestre o un año a través de portadas alternativas y series cortas, y reiniciar a los trends en el corto plazo, inyectando artificialmente a los índices de ventas usuales.

Con el fin de mantener un sentido de novedad meramente cosmético, Dawn of X culmina tras la publicación del crossover titulado “X of Swords”, dando pie a OTRA etapa narrativa, ahora llamada “Reign of X”. Everything new, but the same.

Y para rematar, X of Swords contó con la friolera de veintidós (!!) episodios, publicados entre septiembre y noviembre de 2020. Era claro que la editorial, en plena época de pandemia y con la industria del comic en una pausa demasiado prolongada, tenía que poner a su ejército de trabajadores a exprimir a como diera lugar el poco o mucho poder adquisitivo de un mercado minúsculo, pero todavía ávido de leer comics.

Bajo la guía del autor Jonathan Hickman y el diseño inteligente de Tom Muller, a X of Swords se le proveyó de una atractiva estética visual, aunque desafortunadamente el contenido en su mayor parte dejó mucho que desear—probablemente el arte de Stefano Caselli, Viktor Bogdanovic y R.B. Silva fue lo único rescatable en la parte intermedia de la trama. Lo irónico fue que, si extraemos a todas las infografías creadas por Muller dentro del crossover y las ordenamos cronológicamente, podemos entender a esta historia y disfrutarla muchísimo más, en lugar de ponernos a leer un arte secuencial y argumento en completa disonancia.

Como en cualquier magno evento de Marvel y DC, hay que aplicar un ‘rule-of-thumb’: si no lo escribe Hickman, NO cuenta. Esto se magnificó de forma alarmante si analizamos en su totalidad a esta historia, la cual inició bajo una estrategia publicitaria bastante convincente, en la que sendas ilustraciones por Mark Brooks y Pepe Larraz nos vendieron la idea de una batalla épica entre los Hombres X y un grupo de misteriosos espadachines. De nueva cuenta, la mano de Hickman quedó de manifiesto, generando conceptos que le inyectaron sangre nueva a la franquicia.

Arte promocional para X of Swords; arte por Brooks (arriba) y Larraz (abajo).

Incluso artistas como Gleb Melnikov mostraron su entusiasmo de manera muy elocuente:

Fucking swords, right? Pero la decepción fue absoluta y estrepitosa. A pesar de que Hickman ató cabos sueltos de House of X, y le dio además un giro de tuerca fenomenal a un personaje como Apocalypse—enemigo clásico de los X-Men—la trama a cargo de sus co-guionistas Tini Howard, Leah Williams, Benjamin Percy, Vita Ayala, Zeb Wells, Ed Brisson y Gerry Duggan puso a este proyecto contra las cuerdas. Si le echamos un vistazo a sus contribuciones individuales dentro de esta saga, todas ellas resultaron víctimas de los males endémicos propios del comic comercial: la narrativa decompresa, los preámbulos innecesarios, el shock value y los tie-ins carentes de valor para la historia principal.

El pecado mortal en X of Swords fue la nula exhibición de combates de espadas. Probablemente los autores tenían en mente ser contra-intuitivos; jugar con las expectativas del público y darles una sorpresa, pero el hecho de mostrar con antelación a TODO UN ARSENAL a disposición de los protagonistas y no utilizarlo fue lo que cavó su propia tumba. De igual manera, a la tibia exposición del Tarot como leitmotif (no en balde, el 10 de Espadas encajaba a la perfección con la “X” como double entendre, algo que Hickman había usado previamente y con mejores resultados que lo visto aquí), se le fueron sumando una serie de reglas arbitrarias para los combates entre los bandos antagónicos, las cuales paulatinamente colmaron la paciencia del público lector.

Una y otra vez, los Hombres X eran mostrados como unos idiotas persiguiendo a un plot sumamente elusivo, siendo partícipes de una competencia de alto puntaje y organizado por la anti-heroína Saturnyne (de largo bagaje con los X-Men) en donde llegaron a estar hasta por 12 unidades abajo, solo para salvar su pellejo gracias a un Deus Ex Machina en el capítulo #19. Lo dicho, si solamente hubiéramos leído los infographs de Tom Muller nos hubiésemos puesto al tanto de la historia y sus resoluciones intermedias.

Y ustedes se preguntarán, ¿y cuál fue la razón para todas estas tangentes? Pues nos pasó lo mismo mientras transcuyó nuestra lectura. Lo único que se llega a intuir sobre la página fue un breve comentario del héroe Wolverine en Marauders #14 (que por cierto tuvo a su favor una portada sensacional por parte de Russell Dauterman y Matthew Wilson, recuadro), quien le reclama a su compañero Brian Braddock lo siguiente:

WOLVERINE: If it were me in this situation—a man who has the favor of a woman who’s deciding our fate—I might be inclined to take one for the team and give the lady what she’s clearly after.
BRADDOCK: …
BRADDOCK: I’m a married man.

¿Es en serio?

Tras una docena de tomos aguantando los caprichos de una mujer obsesionada, era obvio que X of Swords se convertía poco a poco en un tren descarrilado. Una excusa más para atascar al mercado de comics y más comics carentes de calidad. Y fue aquí que la gracia salvadora de Jonathan Hickman y Pepe Larraz—al día de hoy la fuerza artística más importante de Marvel Comics—levantaron de la lona a un relato en su mayor parte mediocre.

Los tomos individuales de X of Swords a cargo de Hickman (X-Men #13-15, además de los tomos especiales “Creation”, “Stasis” y “Destruction”, en un juego de palabras bastante sugerente por parte del autor) vinieron a ser un oasis en el desierto. Con un storytelling preciso, frenético, evocativo, ominoso y repleto de colorido y acción pirotécnica, presentaron a los fans los parámetros básicos de la historia, ignoraron por completo a la minucia innecesaria de los tie-ins y al cachondeo de Saturnyne, navegando así rumbo a un puerto seguro.

El guión de Hickman salvó a este proyecto del cadalso. Les imbuyó seriedad, peligro y porte a los rivales de los Hombres X, siendo un edge que fue necesario para enganchar de nuevo a una audiencia ya de por sí cínica y que daba por perdido a su tiempo y su dinero con este crossover. No quedó dudas de que su intención permanente ha sido el trascender dentro de esta franquicia y no ser triturado por ella, tal y como sucedió con sus antecesores inmediatos.

Pepe Larraz y su colorista Marte Gracia hicieron de su arte todo un objeto digno de escrutinio, con composiciones de gran amplitud e intricado detalle; un inventivo world-building para crear escenarios con atmósferas futuristas, apocalípticas, sombrías y enigmáticas; con acción estilizada de gran claridad y un diseño de personajes sobresaliente, distintivo uno de otro y atractivo a la vista. La colisión constante de colores nunca estuvo fuera de control, sino que incrementó el sentido de escala y urgencia ante lo que fue una lucha de voluntades entre dos bandos impulsados por la aniquilación y la supervivencia.

Pero a pesar de esta labor de rescate, yo creo que el daño ya estaba hecho. El rango de poderes establecido por los autores obligaba a la historia a sacar un truco de la chistera para inclinar la balanza del lado de los Hombres X; aunque se puede decir que la forma en la cual derrotan a su rival fue elegante, divertida y congruente con la naturaleza, la voz interna y actitud de los actores en cuestión, además de recetarle a Saturnyne una “sopa de su propio chocolate”. De nueva cuenta se reivindica la idea de que un “comic de autor” con mano firme y visión poderosa es mucho más importante que un juguetero de personajes, por más que las editoriales quieran erosionar esa regla vital que hace funcionar al comic mainstream.

Este aterrizaje de emergencia deja con muchas dudas al proyecto de Hickman. Quedó claro que la línea de comics que gravita a su alrededor vive en el refrito constante y está necesitada de una intervención. De no ser así no dudamos que a la vuelta de un año tengamos que volver a esta fórmula gastada del crossover y reiniciar de nuevo a cada título con tal de que sobreviva. En nuestro caso, seguimos a la espera de que este auteur de los comics nos muestre en definitiva sus cartas, y siga dejando una huella profunda en su tenor con los Hijos del Átomo.