Oh! Systems!

Notas no muy breves sobre los Avengers de Jonathan Hickman.

¿Cuántas veces te has entusiasmado por algún comic? Te lo lees y no dejas de leerlo, y declaras al mundo que es la mejor cosa jamás escrita. En mi caso ya perdí la cuenta y han sido bastantes, que te lo digo yo.

Lo peor es cuando te lees lo que sigue y nos damos cuenta (a veces muy pronto o demasiado tarde) de que algo falta. La chispa se ha ido, el encanto se ha roto y te quedas con un puñado de revistitas con las que no sabes qué hacer con ellas.

Nosotros y nuestras cosas: decir que lo tomas o lo dejas no es una respuesta satisfactoria. La indiferencia tampoco es una opción. Has invertido emoción y ahora estás descorazonado.

“DC editors, you can stop emailing me. The answer is, yes. I’ve destroyed one superhero universe, don’t think I wouldn’t love to do another.”
— Jonathan Hickman.

Lo que debió ser, solo son conjeturas. Explicar cómo perdió el rumbo se vuelve un esfuerzo inútil, porque TU versión del comic (la que crees que es la correcta) ya no compagina más con la que fue impresa, ni mucho menos con lo que el autor quiso decir o la intención de la publicadora en turno.

En el comic comercial de la actualidad se ha vuelto muy común este tipo de cosas. O los amas o los odias, o ves cómo se han vuelto víctimas de las tendencias de un mercado indescifrable que no sabe lo que quiere, o de edictos editoriales inoportunos.

Los Avengers de Jonathan Hickman es una de esas historias de las que les hablo; que poco a poco fue pasando de lo original, provocativo y elegante al refrito constante y a la decepción absoluta. Una experiencia emocionante que se volvió agridulce con el paso del tiempo, pero que fue tan absorbente y frustrante que sigue mereciendo la pena el compartir unos párrafos.

Tal vez así podamos (intentar) entenderla o (finalmente) descartarla por completo. O seguir pensando en ella (¡el horror!). Aquí vamos…

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LA ESTAFETA

“Jonathan’s books are prog rock—Rush, Genesis, Yes. Nine minute tracks, music theory, epic awesome that’s heavy on the epic.”
— Kelly Sue DeConnick.

Tras ocho largos, controversiales pero fructíferos años, el afamado escritor de comics Brian Michael Bendis dejó atrás a la que ha sido la franquicia más importante dentro del mundo del arte secuencial contemporáneo: los Avengers.

Fue bajo su pluma que este título—con personajes insignia tales como Captain America, Iron Man, Hulk y Thor—se mantuvo no solamente como el líder indiscutible en ventas, sino que dentro de sus páginas fueron concebidos los Eventos narrativos más importantes y que dieron forma al renacimiento de la editorial Marvel Comics en este siglo XXI, asegurando con ello salir por la puerta grande como uno de los autores definitivos para una compañía con ocho décadas de existencia.

Lejos de verse envuelta en la incertidumbre, esta casa editora apostó por la opción idónea para reemplazar al arquitecto del éxito, delegando en Jonathan Hickman la responsabilidad de tomar la estafeta y asumir el compromiso de mantener a este lucrativo barco a flote y hacia un puerto seguro.

Avengers representó para Hickman una oportunidad interesante, que le permitió continuar con lo que ha sido hasta el día de hoy su agenda narrativa, aquella que emociona y desafía a las convenciones comerciales y a los gustos del aficionado estándar. A lo largo de su corta pero prolífica carrera dentro de los comics, este guionista estadounidense ha ofrecido en su oeuvre una exploración del desarrollo del ser humano en diversas facetas, tanto ideológicas, sociológicas, institucionales y simbólicas. Títulos como The Nightly News, Pax Romana, Transhuman, Red Mass for Mars, Secret Warriors, The Red Wing, S.H.I.E.L.D., Secret, The Manhattan Projects, East of West, The Dying & The Dead, The Black Monday Murders y Decorum forman un body of work digno de un escrutinio y análisis concienzudo.

Como podrán ver, la expectativa era grande. Mi expectativa era MUY grande. Nunca desde que Fabián Nicieza trabajaba en Marvel y Grant Morrison con DC me había topado con un autor cuya obra la siguiera con lupa, y este subtexto y matices temáticos tan interesantes que les menciono permearon de igual forma y durante su tenor en los comics de “Avengers”, “New Avengers”, “Infinity”, “Avengers World” y “Secret Wars”, todos ellos publicados entre 2013 y 2015.

Aunado a la tipografía e infografía característica de Hickman, este proyecto narrativo fue enaltecido por un espectacular esfuerzo de artistas gráficos, y que en conjunto le imprimieron una identidad y consistencia única a todos los tomos que integraron a esta saga: Jerome Opeña, Steve Epting, Mike Deodato, Leinil Francis Yu, Dustin Weaver, Stefano Caselli, Marco Checchetto, Rags Morales, Valerio Schiti, Salvador Larroca, Bengal, Mike Mayhew, Jim Cheung, Paco Medina, Szymon Kudranski, Dalibor Talajic, Mike Perkins, Nick Bradshaw, Dale Keown, Raffaele Ienco, Simone Bianchi, Jackson Guice, Marco Rudy, Paul Renaud, Adam Kubert, Kev Walker, Esad Ribic, Rick Magyar, Gerry Alanguilan, John Livesay, David Meikis, Ramón Rosanas, Norman Lee, Mark Morales, Guillermo Ortego, Juan Vlasco, Ive Svorcina, Adriano Dall’Alpi, Riccardo Pieruccini, Dono Sánchez-Almara, Rainier Beredo, Dean White, Justin Ponsor, Morry Hollowell, Frank Martin, David Curiel, Paul Mounts, Matt Milla, Andrés Mossa, Jason Keith, Richard Isanove, Frank D’Armata, Sonny Gho, Edgar Delgado y Antonio Fabela. De igual manera, Nick Spencer y Frank Barbiere apoyaron a Hickman como co-guionistas en momentos selectos, sobre todo en los aspectos que tuvieron que ver con las tramas escritas para “Avengers World”.

Estaba enganchado; pero lejos estábamos de pensar que las cosas perderían el piso al final del camino…

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LA SOPA PRIMORDIAL

La era de Hickman en Avengers mezcló un discurso elevado que se destiló en términos y transacciones básicas propias del género de superhéroes. Es notable en algunos círculos de aficionados online la animadversión a su prosa, a la que consideran pretenciosa y que navega en círculos e hipérbole sin ofrecer respuestas concretas. Fans acostumbrados a lo mismo, a lo seguro y a lo poco original, y que seguramente eran (o siguen siendo) neófitos a sus obras publicadas por la editorial Image Comics antes, durante y después de su etapa en Marvel.

Este grado de sofisticación y elegancia irrumpió con gran brío en sagas como Secret Warriors, S.H.I.E.L.D. y Fantastic Four, siendo esta última la que informa por mucho el estilo que seguiría en los comics de Avengers.

Fue entre los años 2009 al 2012 que este escritor tejió una narrativa a largo plazo en el comic de los Cuatro Fantásticos—la familia y comic premier dentro de Marvel— en donde diversos hilos argumentales estuvieron gestándose con la promesa de converger en una conclusión épica y satisfactoria, donde absolutamente todo cobrara sentido. Matices muy sutiles, juegos de palabras e imagería selecta dentro de sus páginas hallaron también un espacio en las ediciones de los Vengadores de 2013-2015, siendo así un sucesor espiritual. Fue notable su intento por darle un giro de tuerca y algo de frescura a este longevo título (publicado desde 1961), y con marcada importancia en el discurso científico, el sentido de asombro y el autodescubrimiento, así como también momentos de introspección, shock value y acción estilizada. Destacó sobremanera en Fantastic Four un amplio reparto de apoyo en donde todos tuvieron algo que decir y aportar a la trama, detonando a su vez un proceso de cambio y una renovación basada en sangre nueva y diferentes interacciones que fueron de amplio interés y curiosidad para su audiencia.

Plan macro de Jonathan Hickman para “Fantastic Four”.

De manera sutil, la presencia de un gran ensamble dio lugar a discusiones y puntos de vista diversos, trayendo a la mesa una micro democracia en donde el liderazgo del famoso Reed Richards (líder de los Cuatro Fantásticos) se cuestionó de manera continua, animándolo a prestar atención a una segunda opinión y a nuevas perspectivas, todo esto con el fin de refrescar a la dinámica de grupo. Los Fantastic Four ya no eran el súper equipo que seguía ciegamente a un líder, a una sola voz. Fueron numerosas aportaciones las que salieron a la luz, ofreciendo sugerencias y, en ocasiones, imponiendo su buen juicio sobre los problemas que agobiaron a este clásico grupo de personajes.

Imponente checklist de los comics que componen a la saga de Hickman en “Fantastic Four”.

A pesar de todo esto, estoy en la creencia de que su ciclo en esta franquicia no me pareció del todo un cambio de paradigma—más bien fue para mí una manera distinta de ver a este grupo, de encontrar ideas que lo hicieran funcionar nuevamente en un mercado que les ha sido indiferente durante décadas. Si me preguntan a mí, disfruté mucho más el run de Mark Millar y Bryan Hitch y que se publicó previo a lo hecho por Jonathan Hickman; fue un ciclo que evitó en todo momento ser reiterativo, y ofreció arcos argumentales con retos, situaciones y personajes nuevos, además de contar con un excelente storytelling muy consistente y con relatos que navegaban entre lo espectacular, lo cándido, lo lapidario y lo contemplativo—tanto Fantastic Four, Marvel 1985 y Wolverine: Old Man Logan, todas escritas por Millar entre 2008 y 2009, formaron un magnum opus en donde estas tres sagas se retroalimentaban narrativamente una con otra—y que de no ser por su conclusión apresurada (y que no contó del todo con la presencia de ambos autores en su último tramo, siendo Joe Ahearne, Neal Edwards y Stuart Immonen quienes completaron sus guiones) hubiese tenido mayor lustre o relevancia.

Para beneficio de Jonathan Hickman, su etapa como narrador en aquella franquicia logró dar en el clavo con una fórmula de éxito relativo con el público, y que incluso incorporó detalles de lo hecho por Millar para enriquecer a su trama: dividida en tres actos—tomos #570 al 588 de la clásica Fantastic Four; la serie de “FF” (Future Foundation) en 23 entregas; y posteriormente Fantastic Four #589-611—se salió con la suya al conjugar elementos muy habituales con su característico lenguaje de alto nivel, en donde tuvimos reflexiones muy acertadas como la que a continación reproducimos, y que describen al dedillo este punto de inflexión que fue el tener a este autor a cargo de los Cuatro Fantásticos:

“Do not fear a fundamental reordering of things… All death leads to rebirth… we must BEGIN AGAIN… we have to find some NEW IDEAS.”

De igual forma, se enfocó en una labor de rescate para conmemorar a los “grandes hits”, en un intento consciente por recuperar a la audiencia de hueso colorado, pero sin alienar tampoco al público neófito:

“I was giving an interview about the book sometime after we’d gone from critical darling to critical success and I was asked, “What did we do to make Fantastic Four relevant again?” I remember consciously lying and giving a generic answer about effort and storytelling meeting hard work and dedication or some other garbage because I had promised myself that NEVER during the run would I talk about, or reveal, any of my ‘rules’ for the book (and I still won´t)…”

A pesar de no ser tan elocuente acerca de estas ‘reglas no escritas’, fue evidente que la respuesta para hacer de los Cuatro Fantásticos algo cool—aunque fuese por poco tiempo—recayó sobremanera en reciclar a las ideas, escenarios y personajes publicados entre 1961 y 1970; un acervo creado por el tándem de Stan Lee como guionista y Jack Kirby en el aspecto visual y narrativo, y que en retrospectiva marcaron un parteaguas en el género del comic de superhéroes en los Estados Unidos de la post-guerra. Aquella obra fue por mucho la que le dio forma, fondo, significado y alcurnia a esta franquicia; fue el marco conceptual, la guía espiritual y las historias más exitosas y definitivas sobre las cuales se ha sostenido este título y hasta el día de hoy, y a las que siempre ha apelado Marvel cuando las cosas salen mal y haya que retomar el curso a golpe de timón.

“Everything dies. Everything lives.” Una idea tangencial en “Fantastic Four”, pero de gran resonancia en “Avengers” del ciclo 2013-15.

Al leer un tomo de Fantastic Four bajo la pluma de Hickman se permeó esa contagiosa nostalgia, pero contada bajo un enfoque y diálogo conversacional moderno, aunado a su característica obsesión por el diseño gráfico que le da a toda su obra un sello distintivo—infografías, diagramas y logotipos. Estos aderezos llenaron de vitalidad a este título, aunque sin superar a mi parecer a la estupenda sacudida del status quo con Millar y Hitch. Como consecuencia, una estructura narrativa en principio flamante se encontró con los mismos personajes y escenarios de antaño ad nauseum. Para mí esto siempre ha sido una preocupación, ya que nos lleva a un debate constante y urgente del comic mainstream como un vehículo para retener a una audiencia antigua, muy reducida y 100% conservadora. Es un rotundo NO a desechar definitivamente a lo viejo y ofrecer historias con un pleno sentido de novedad y sobre todo de PROGRESO.

Azotar al juguetero permanentemente es un tema taboo para editoriales como Marvel y DC Comics, cuya regla de oro ha sido y por sobre todas las cosas el perpetuar a este “segundo acto” con sus personajes más emblemáticos. Dicha “ilusión del cambio” ha detenido por completo a este género, lo ha atrofiado y colocado en una bancarrota creativa y sin poder encontrar un terreno nuevo, además de privarlo de una necesaria experimentación a través de técnicas y procesos narrativos que sean contracorriente, y en búsqueda de una nueva audiencia. Si hubo alguna regla de oro en los Cuatro Fantásticos de Hickman, esa fue “Tradición”.

“Every once in a while I’ll pick up a new Fantastic 4 issue and really enjoy it and then I’ll go back and read a Kirby issue and it’ll ruin the new stuff for me.”
— Brandon Graham.

Así es. Una de las cosas más curiosas y que no se supo hasta el año 2016, fue que esta exploración a la hemeroteca de los Cuatro Fantásticos iba a continuar más allá del tomo #611, publicado en octubre de 2012. El autor siempre tuvo en mente el contar una historia más entre Reed Richards y cía. En aquel entonces estuvo muy interesado en reinterpretar y darle un giro a otro clásico de la librería de Marvel Comics, el exitoso crossover de “Marvel Super Heroes Secret Wars” del lejano 1984-85. Fue en una reveladora entrevista con el sitio web de Newsarama que el Vicepresidente de Publicaciones Senior en Marvel, el veterano Tom Brevoort, explicó el génesis de aquella historia, y que vio la luz finalmente como un arco argumental a largo plazo, reutilizado, cosméticamente modernizado e integrado a las páginas de “Avengers”:

“Jonathan (Hickman) had the original idea for doing a Secret Wars series—I’m a little vague on exactly how far back we had the initial conversations. I think it may have even been before he was writing Fantastic Four, when he was just doing Secret Warriors. There was an idea for this book that would have been called Secret Wars and that would have had the Illuminati fighting incursions from other universes, and that would have been the book, those would have been the Secret Wars. That was the original version of this that got pitched.

But it wasn’t real yet then, so Jonathan went on to do his Fantastic Four run, and S.H.I.E.L.D., and a bunch of other things. It really wasn’t until we went to him and said, “Brian (Bendis) is leaving Avengers, would you be interested in doing Avengers? What would you do with Avengers?” And he said “We can do my Secret Wars idea there. We’ll make that Secret Wars.” New Avengers would be that Illuminati book that was the original pitch, and the main Avengers book would tell sort of the light side to the dark side. At that point it became a real thing and we began to build the story that would be the actual Secret Wars.

This is, inexorably, what it comes down to. There’s no other climax that makes sense, that works. It’s easy to see now; maybe it was a little more disguised when we went into it, but this really was the biggest Fantastic Four story ever done. It had a lot of other characters in it because this was a big story, but this was really a Fantastic Four story. It’s about Reed, and Ben, and Sue, and Johnny, and the Future Foundation kids, and Doom and their relationships.

So there wasn’t even a choice. It wasn’t even like we were just bringing it down to two guys fighting. The end of any story, you’re gonna face the enemy, you’re gonna face the opponent. In this case, that’s Doom. It was always gonna be Doom. If you look at it, you’ll kind of see that there’s no other version of this that’s more satisfying, or more appropriate. This is the story.”

El trayecto que el autor labró para llegar a Secret Wars me pareció más interesante que el propio crossover. Habiendo dicho esto, la familiaridad de Secret Wars palideció a comparación del ominoso y mortífero “New Avengers”, el radicalismo de “Avengers”, la pirotecnia frenética de “Infinity” y la osadía y amplios recursos en “Avengers World”.

Como un todo, estas series inteligentemente se alejaron de una zona de confort y remembranza de sus éxitos recientes, para dar paso a algo completamente distinto y que colocó a Jonathan Hickman nuevamente como una voz autoral de gran personalidad y ahínco por dejar una huella profunda en el noveno arte.

“Avengers” presentó una historia de corte épico con gran personalidad y ambición, repleta de arte espectacular que abstrae a las características primordiales y que hacen de estos personajes de ficción unos verdaderos íconos dentro del comic contemporáneo. Dentro de sus páginas se mostraron nuevos retos para los Vengadores en la forma de seres celestiales de actitud ominosa y con crípticas agendas, poniendo a nuestros protagonistas en aprietos de amplísima gravedad, y que los llevaron a ser partícipes de una epopeya llena de combates espectaculares y revelaciones sorprendentes. Su guión postuló eventos de magnitud cósmica y de gran alcance, además de una atinada sensibilidad para el diseño gráfico, lo simbólico y la abstracción.

“Avengers World” nos entregó como concepto a un conglomerado de individuos que emblazonan el epítome de lo que la raza humana ha aspirado y logrado ser en este universo de ficción, ya sea como producto de milagros científicos, un salto evolutivo de las especies, el intercambio cultural interplanetario, el sacrificio y la voluntad inquebrantable y la expansión infinita del intelecto. Hickman establece una premisa sumamente básica: los Vengadores necesitan ser MÁS GRANDES, no solamente como entidad grupal sino como un ideal que inspire a otros a asumir conductas positivas y en pos de la paz social. La frase “Avengers World” se consolidó como un juego de palabras que nos lleva a la mente no solamente su reciente éxito en el mundo real como franquicia multimedia, sino que también le da forma a preceptos que enarbolan aspiraciones del colectivo humano hacia algo trascendente e integral.

“New Avengers” fue una inusual saga que condujo al ideal heróico hacia umbrales oscuros que pusieron a prueba a su péndulo moral. Fue un título que confirmó el grado de madurez y compromiso del autor por llevar a la tradicional narrativa del superhéroe a rincones novedosos y propios de la disertación intelectual, la cautionary tale y el dilema ético de graves consecuencias, siendo una lectura imperdible para los fans de este género.

Esta serie se nutrió sobremanera de uno de los conceptos más controversiales creados por Brian Michael Bendis durante su tenor como autor dentro de esta franquicia: el grupo conocido como los “Illuminati”, un conglomerado formado por los personajes más influyentes dentro del catálogo de personajes de ficción publicados por Marvel Comics. Retroactivamente, Bendis orquestó eventos de gran magnitud en los cuales la intervención de los Illuminati trajo repercusiones de gravedad y que se hicieron sentir a lo largo de diversas series de su autoría, trayendo consigo tanto elogios, incredulidad y críticas de los fans. Inicialmente envueltos en la clandestinidad, los Illuminati fueron eventualmente descubiertos, dejando ver inmediatamente posibilidades narrativas de dramatismo y reclamo por sus acciones.

Temáticamente, esta nueva iteración de New Avengers fue confeccionada a la medida de la sensibilidad artística de Hickman: no solamente se posicionó como un título “hermano” del propio Avengers y Avengers World, sino además como su antítesis. Mientras que Avengers navegó entre los confines de la trascendencia y exaltación del potencial humano, en New Avengers se postuló la dirección contraria y que la separó como proyecto narrativo; con agendas nocivas de poder y en curso de colisión con los ideales nobles que enarbolan los superhéroes de Marvel, desembocó irremediablemente en una tragedia segura. Todos estos comics fueron una plataforma honesta que expresó las obsesiones temáticas del autor, indagando en los estímulos que impulsan al intelecto, a la corrupción de nuestros valores y la voluntad humana, sin importar el costo que haya que pagar.

En New Avengers se entretejen secuencias donde el descubrimiento llevó a sus protagonistas tanto al asombro como a la perdición; el poder que consume totalmente a quienes lo buscan y los sacrificios que implican ciertas alianzas en pos de un objetivo bondadoso o perverso.

El arte secuencial en general no tuvo parangón, conjugando ambientaciones idóneas para plasmar sobre la página paisajes tanto asombrosos como atemorizantes. Lápices, tintas, arte digital, color y diseño gráfico se unieron para dotar de gran volumen a estas historias, navegando a lo largo de un espectro temático variado, llendo de una apacible claridad a una lúgubre oscuridad, telegrafiando audazmente un mood de pesimismo y dejando en la mente del lector un debate que endorsó o desaprobó a esta mezcla de convicciones e ideales en colisión.

El autor puso en la palestra a personajes clásicos como Captain America, Iron Man, Mr. Fantastic, Namor y Black Panther, representantes definitivos de este pináculo físico, mental y espiritual al que aspira el ser humano, pero añadiendo sobre ellos capas sutiles de pathos, tentaciones y drama interno al “estilo Marvel”. Hickman analizó concienzudamente la pérdida de su moralidad al ser juez y parte en el rumbo en el que debería de conducirse el mundo a su alrededor. Discursos perturbadores sobre el destino no solo de este mundo sino a nivel universal abundaron entre sus páginas, en donde juegos de palabras nos hablan de un libreto que fue agudo para combinar una elegancia en el lenguaje y muy astuto para integrar teoría científica, simbología, emociones a flor de piel y sentido de urgencia. De esta manera, los personajes más emblemáticos de esta casa editora entablaron combates mortales con enemigos muy poderosos, poniendo en juego el destino del llamado “Universo Marvel” y el “Universo Ultimate”—surgido en el año 2000 y con el fin de reinventar a lo clásico bajo términos más modernos—siendo enormes “jugueteros” de la cultura pop y que seguimos fervientemente mes con mes.

Una miniserie como “Infinity”—un approach minimalista pero novedoso al eterno duelo entre el villano Thanos y los Vengadores—fue un atractivo spotlight que llevó el “estilo Hickman” a una audiencia mayor. Aprovechando al máximo a esta era del crossover en el comic comercial del siglo XXI, el autor presentó a su público cautivo y neófito un auténtico choque de trenes, y aderezado con su inigualable voz autoral, estética visual y propósito narrativo.

Como se puede apreciar, estos comics formaron parte de una historia robusta, y que en su momento nos trajo a la mente momentos selectos dentro de la bibliografía de Jonathan Hickman. Títulos como Pax Romana, Transhuman, S.H.I.E.L.D. y The Manhattan Projects se desplazaron sobre terrenos similares, aunque bajo otros esquemas. Su laberíntico plot nos remite inmediatamente a Secret Warriors, cuya estructura se desplazó entre el presente, pasado y futuro, ofreciendo misterios y juegos de identidad que mantuvieron en vilo a su audiencia.

El autor hace gala de su estilo peculiar y metódico para confeccionar narrativas a largo plazo. Como aficionado a esta saga requerí de un mínimo de dos lecturas para descubrir todos sus secretos, “hípervínculos” e interacciones. Todas mis notas copiosas sobre estos comics se destilan en esta línea de tiempo que intentó darle sentido a este magnum opus. Haz click en el enlace para revisar este documento en formato PDF:

 AVENGERS HICKMAN (pdf, 69 KB)

Pero cabe decir también que el último tramo de esta obra no nos condujo a un final feliz y ni a una experiencia por demás satisfactoria. A título personal, a este volumen de Avengers le sucedió algo similar a lo que padeció en su momento el Fantastic Four de Jonathan Hickman de 2009-2012: ideas en principio audaces, monumentales y novedosas fueron paulatinamente desmanteladas para descubrir en el fondo un paseo por memory lane. En una decisión a mi parecer errada, los Avengers de 2013-15 sufrieron una regresión hacia lo clásico que sacó de la jugada a los protagonistas habituales y dejó en vilo a sus vicisitudes, negándoles cualquier oportunidad de resolución, catarsis y/o expiación. Con una serie como “Secret Wars”, Hickman tomó por sorpresa a su público al hacer que los Cuatro Fantásticos usurparan en su argumento el sitio y la atención que le perteneció a los Vengadores durante casi tres años de relatos con gran emoción. “Secret Wars” fue un desatinado giro de tuerca que suplantó a lo retador, a lo desconocido, a lo moralmente cuestionable y a lo trepidante por un diminuto duelo de voluntades, en el que la fuerza imparable del altruista, optimista y pragmático Reed Richards se midió en contra de un objeto inamovible como el peligrosamente carismático, astuto y diabólico Dr. Doom.

Para la editorial fue el clavo en el ataúd para unos Cuatro Fantásticos venidos a menos, y cuya última adaptación al cine por la 20th Century Fox en ese mismo 2015 los colocó en el cadalso tras un atroz resultado con la crítica y el box office. Para Hickman y la editorial, todo encajó con sus intenciones originales de hacer de Secret Wars un showcase deliberado sobre estos personajes y muy por encima de los Vengadores:

”I think it’s pretty common knowledge at this point that Marvel isn’t publishing Fantastic Four because of their disagreement with Fox. While it bums me out, I completely understand because, well, it isn’t like they’re not acting out of cause. Fox needs to do a better job there.

We knew a year or so out that the Fantastic Four as a property wasn’t going to be published at Marvel past 2015. When this became a foregone conclusion, then Secret Wars moved about six inches to the left to read as ‘the last Fantastic Four story.’ I mean, it’s not, as it’ll be back someday, and it’s not, as it’s only the Doom-Reed axis and not the entire family, but it’s the best we could do because of how pregnant we were. Disney probably needs to buy Fox.”

Esta recompra no sucedería sino hasta 2017, y mientras tanto nosotros como lectores asiduos a Hickman y a sus Avengers nos tuvimos que conformar (aunque bajo protesta) con esta “toma hostil” que mandó por un tubo y nos quitó de las manos a finísimas caracterizaciones de personajes, repletas de conflictos importantes e interacciones muy entretenidas. Todo este andamiaje y estructura—sus “sistemas”, si usamos el lenguaje propio que abundó en estos comics—en principio enigmáticos, provocativos y con una estética visual muy consistente, fueron reemplazados por un magno crossover que vio diluído todo su potencial.

Lo cotidiano se volvió soberano de un plan maestro en principio atrevido, y lo volvió esclavo OTRA VEZ de esta tendencia reciente del comic mainstream en la que año tras año se cancela, relanza e integra arbitrariamente a cualquier serie y librería de personajes en el blockbuster veraniego del momento.

Fue por culpa de estas decisiones creativas que mi opinión sobre este comic, en un principio fascinante, cambió drásticamente por una amargura tremenda.

Lo dicho: Everything dies. Everything lives. Everything disappoints.