Market Mutants to make them hip

Uncanny Avengers: la oportunidad perfecta para elaborar un atractivo mashup entre legendarias franquicias de comics.

Uncanny Avengers
Escrito por Rick Remender
Arte por John Cassaday (#1-4), Olivier Coipel (#5), Daniel Acuña (6-11, 13, 18-22, 25), Steve McNiven (#14-17), Sanford Greene (#23), Salvador Larroca (#12, 24), Adam Kubert (#8 AU, AXIS #1-2, #7), Leinil Francis Yu (AXIS #3-4, #8), Terry Dodson (AXIS #5-6), Jim Cheung (AXIS #9) y Paul Renaud (Annual)
Publicado por Marvel Comics entre 2012 y 2014

Se dice que el comic de X-Men #1 y publicado en octubre de 1991, vendió un total de 8 millones de ejemplares, siendo así el pináculo de un dominio insuperable en las listas de popularidad para una franquicia como los Hombres X de Marvel Comics.

Pero como todo lo que sube tiene que bajar, esta bonanza se fue diluyendo a medida que avanzó la primera década del siglo XXI, siendo un slump sostenido y en caída libre. Razones hubo muchas pero las más importantes fueron, a) la implosión de la industria en el ciclo ‘95-96, que vio como estas ventas millonarias eran a causa de una especulación rampante y no por un crecimiento real en la base de lectores, b) su fracaso para capitalizar el interés de una nueva audiencia tras el estreno de la película “X-Men” en el año 2000, c) la proliferación sin control de un catálogo de personajes tanto innecesario como redundante, d) un problemático e inmenso bagaje de relatos llenos de contradicciones y sin un cierre narrativo adecuado, volviéndolos prácticamente impenetrables para nuevos lectores, y e) una continua intervención editorial que dictó la pauta de cualquier historia y sin tomar en cuenta la visión autoral en turno.

Pero si de algo sabemos es que la industria de los comics se rige por ciclos. Si la burbuja se reventó para una franquicia, otra tomará su lugar sin lugar a dudas. Esto se dio precisamente con el comic de “Avengers” a partir del periodo 2004-2005. Gracias a la sabiduría que da la experiencia, la implementación de mejores prácticas editoriales y financieras hicieron que una empresa como Marvel saliera a flote de esta implosión en menos de 10 años: se erradicó a los especuladores; se aprovechó el éxito taquillero de una cinta como “Spider-Man” en 2002; proyectos interesantes como “New X-Men” de Grant Morrison (2001-2004), “Astonishing X-Men” por Joss Whedon (2004-2008) y “House of M” de Brian Bendis (2005) limpiaron la casa y dieron fin a los vicios de administraciones anteriores.

A diferencia de 1991—en donde el lector consumía primordialmente un arte secuencial relativamente sobresaliente y guiones poco inspirados—en la época actual se disfruta de un balance casi perfecto entre diálogos escritos y dibujos impresos, concebidos por una generación de profesionales del comic cuyo talento se vio favorecido gracias a una política benévola de no-intervención editorial, que sólo señala ciertos parámetros básicos para llegar al destino final. Los equipos creativos contaron con carta blanca para guiar a esta propiedad intelectual por terrenos narrativos diversos, pero sin olvidar a su brillante entorno lleno de heroísmo, acción multicolor, aprendizaje y perseverancia ante la tragedia. Podrás golpear uno contra otro a todos los juguetes, pero eventualmente regresarán sin rasguño a su lugar.

Fue el gran éxito de los Vengadores, tanto en la página impresa como en su adaptación multimedia entre 2008 y 2012, la que revaloró al inmenso acervo de relatos y personajes de Marvel. Con los comics ahora en la mente de todos, se hizo factible el emprender una labor de rescate para sacar a los Hombres X de un prolongado estado de letargo. Era claro que la franquicia necesitaba algo más que un garbanzo de a libra; requería de una cirugía reconstructiva, de una descarga de electroshock, de un ancla sobre la cual giraran los engranes narrativos y fueran un nuevo motor de historias líderes de ventas, similar a lo hecho por los Avengers en tiempo reciente.

Como fórmula comercial, Marvel se dedicó a azotar a sus juguetes más emblemáticos a través de diversos “Eventos” de impacto significativo. Uno de ellos incluso llevó el nombre de “Avengers vs. X-Men” en 2012, y su subtexto hizo hincapié en lo lucrativo que ha sido lanzar al mercado comics en donde los superhéroes dejan atrás la cordialidad para entablar combates que son tanto rocambolescos como ruidosos—aunque también han sido desafortunadamente vacíos y prescindibles, pese a su gran artificio, stunts publicitarios y pirotecnia. Desde 2004 cada crossover es el preámbulo a algo nuevo, y para el caso de los X-Men y los Avengers su enfrentamiento dio lugar a la publicación en el mercado de un comic de tiraje mensual titulado “Uncanny Avengers”. Tras una acalorada enemistad, fue la excusa perfecta y una apuesta segura para la reconciliación.

Esta serie representó en su momento un terreno fértil en donde se gestaron historias de gran atractivo y que torcieron un poco a las imperturbables reglas de los comics mainstream, pero sin llegar a romperlas por completo. Y quien mejor para ejecutar este approach sino Rick Remender, un escritor surgido de la escuela independiente y que nos entregó un comic de gran visión, con planes concretos a largo plazo y un agudo y provocativo guión que favoreció situaciones épicas y de gran dramatismo entre sus personajes, y a la par de mucha, mucha, mucha (mucha) ultraviolencia.

Acompañado de un elenco súper estelar de ilustradores, Remender dotó a la página impresa de estas cualidades narrativas que mencionamos, gracias a su versatilidad para crear piezas repletas de espectáculo, terror, introspección, drama, sobresalto, naturalidad y quietud.

Uncanny Avengers empleó además un eficaz shock value que fue necesario para sacudir a los cimientos de los X-Men y sacarlos de la complacencia. Para ello, Remender introdujo sobre el casi siempre insular e imperturbable universo de ficción de los Hombres X a amenazas y enemigos propios de los Avengers, cumpliendo a carta cabal la promesa de unir conflictos interpersonales agudos y profundos, a través de escenarios apocalípticos.

A pesar de sus bemoles (una floja conclusión que la aleja claramente de la perfección), esta serie sin lugar a dudas se unió a un podio muy envidiable junto al audaz, aunque tradicionalista Astonishing X-Men y al convincente Social Sci-fi confeccionado en New X-Men. En ciertos momentos, los sucesos dentro de las páginas de Uncanny Avengers se pusieron también a la par de la brillante camaradería, picardía e historias de gran impacto y alcance como las contadas por Brian Michael Bendis en su saga de Avengers entre 2004 y 2013.

A pesar de estar separados por 8 años de publicaciones, se notan similitudes interesantes entre los comics de New Avengers y Uncanny Avengers, en donde una hecatombe dividió a sus protagonistas, poniendo en perspectiva a su futuro inmediato. En esta ocasión el cisma provocado por el personaje de Cyclops entre la comunidad de los mutantes en “Avengers vs. X-Men” se asemejó mucho a la desintegración de los Avengers durante la era Bendis, dando por sentado una metamorfosis que dieron lugar a historias tanto polémicas y memorables; un camino controversial y sinuoso pero que dejó réditos considerables para esta casa editora.

Es claro que la editorial estaba convencida de que los X-Men se debían comportar de la misma forma que los Vengadores, a pesar de sus evidentes diferencias y no importando lo especial y reservada que sea la audiencia que compra a los comics de este grupo de mutantes, quien preserva en ámbar al pedestal de los clásicos. Cuando Bendis se volvió el guionista de estos personajes (en los títulos de All-New X-Men y Uncanny X-Men entre 2013 a 2015) obtuvo la misma división de opiniones de años atrás, siendo sujeto a un escrutinio minucioso, bajo ojos curiosos y con escozor exacerbado.

Marvel sin duda vio en esto una oportunidad magnífica para crear relatos de gran calidad entre consagrados como Captain America, Thor y Wolverine haciendo mancuerna con personajes de culto tales como Sunfire, Scarlet Witch, Rogue, Wonder Man, Havok y Wasp. El progreso de Uncanny Avengers a lo largo de sus primeros dos años nos dejó un sinnúmero de elementos visuales y narrativos para recordar.

Durante su tenor como guionista para el juguetero de la Marvel, Remender se decantó por un romanticismo sobre la era que nos tocó vivir a nosotros, el comic noventero dominado por los Hombres X: apariciones de personajes (tanto héroes como villanos) que marcaron época volvieron por sus fueros, aunque con un ‘edge’ y un ‘oomph’ lleno de completa novedad para no reiterar ni conmemorar a los ‘grandes hits’.

De igual forma, se realizó un esfuerzo consciente por emular a las épicas batallas de los Avengers escritas por el veterano Kurt Busiek (entre 1997 y 2002), siendo la macro saga de “The Kang Dynasty” (junio de 2001-agosto de 2002) una plantilla narrativa que le proveyó a Remender de herramientas útiles para tejer una nueva historia, ahora basada en encarnizados combates de consecuencias trágicas, amenazas cósmicas, viajes en el tiempo, déspotas y tiranos inmisericordes, conspiraciones complejas y mortales, así como la crueldad de la intolerancia en colisión con la esperanza de un mundo unido.

Uncanny Avengers resaltó por su crudeza, marcando una línea que lo separó de series de antaño en cuanto a excesos que fueron necesarios para darle un salto de calidad y sacarlo de la norma que impera en el género de superhéroes. Imágenes grotescas inundan y abundan a lo largo y ancho de sus primeros 25 tomos, dos años repletos de historias de corto y largo alcance que fueron del agrado del público.

En los tomos #1-4, se nos presentó una historia no apta para cardíacos y de tónica derrotista, cuando estos ‘Insólitos Vengadores’ se enfrentaron a la contagiosa amenaza xenofóbica de la Calavera Roja. El autor acertó al usar a un villano propio del Capitán América y amalgamarlo con una agenda racista contra los Hombres X. El autor nos vende la idea de este emparejamiento cuando nos ofrece un giro de tuerca bastante macabro, al exhumar el cadáver del otrora líder de los X-Men, el telépata Charles Xavier, para fusionar a su cerebro con el del villano, ni más ni menos (!)

Hardcore, Chuck. Estos comics fueron ilustrados por el siempre versátil John Cassaday, y acompañado como ya es costumbre por su colega, la talentosa colorista Laura Martin. Cassaday empleó su maleable estilo para cumplir con los extremos que el autor dictó en su guión (y siendo aspectos que ya nos había demostrado durante su estadía como escritor de la serie “Uncanny X-Force”). Este artista proporciona en sus páginas altas dosis de gore y villanos despreciables, plagando de gran detalle, sorpresa y un sentido visceral a sus composiciones más sobresalientes dentro del comic.

Es inimaginable ya ver el arte de Cassaday sin la invaluable contribución de Martin, colocándolo en un estatus distinto entre los ilustradores contemporáneos. A pesar de estas virtudes, es preciso anotar que en el tomo #3 tuvo deslices notables en su storytelling, con una entrega cuyo arte fue apresurado y completamente irreconocible para alguien de su alcurnia. Siendo honestos, cuando este hombre tiene el tiempo suficiente es capaz de ofrecer masterpieces al por mayor. Una vez finalizado el primer arco argumental, Cassaday seguiría proveyendo de portadas a este título durante un año y medio más.

Uncanny Avengers #6 ofreció un interludio importante y del cual se desprenden story threads para su siguiente año de historias. El autor aprovechó la ocasión para ofrecer a los lectores de la Marvel—y con un amplio sentido de asombro—una iteración más de la eterna batalla entre el dios nórdico Thor contra su propio temperamento y arrogancia, y con ello mostrarnos las duras lecciones que acarrean sus desplantes de inmadurez, orgullo y ansia juvenil.

El siempre eficiente e idiosincrático Olivier Coipel tomó la estafeta para darle a la historia un provocativo puente narrativo. Fue turno de utilizar a un clásico como Kang el Conquistador para detonar lo que fue la saga más ambiciosa de Remender en el título. Tomando cabos sueltos de su tenor en Uncanny X-Force, posicionó a sus personajes en curso de colisión con nuevos villanos: los gemelos del Apocalipsis, Uriel y Eimin. Pues bien, Kang coacciona a estos dos jóvenes para cumplir una críptica agenda que tomó forma una vez que entramos al tercer arco argumental. Poco a poco, el escritor amasó una mitología con una consistencia interna muy interesante, dejando un divertido checklist de personajes, guiños y easter eggs dentro de varios títulos de su autoría, siendo una práctica muy común entre los guionistas de la Marvel en la llamada “Era de Bronce” de los comics (1975-1995), como por ejemplo Steve Englehart, Jim Starlin, Mark Gruenwald y Fabián Nicieza.

Daniel Acuña fue el encargado de conducir a este reparto por una serie de conflictos llenos de colorido y estupor. Su estilo es (a título personal) un gusto adquirido, combinando line-art con pintura digital en tonos tanto pastel como híper saturados, y con los cuales compensa una anatomía y diseño de personajes un tanto burdo. Acuña sería el principal artista durante la duración de Uncanny Avengers, pero para nuestra fortuna no es él sino el espectacular Steve McNiven el que tiene a su cargo lo que para muchos es la mejor aventura de todas, y quizás el epítome de todo lo que ha escrito Rick Remender para Marvel Comics. “Ragnarok Now”, un juego de palabras e inspirado sin duda en el memorable film de Francis Ford Coppola, comprendió los tomos #14 al 17 y puso a los Insólitos Vengadores no solamente en una lucha definitiva contra Uriel e Eimin, sino contra el propio Kang y los 4 nuevos Jinetes del Apocalipsis, una mezcla sumamente ingeniosa y cuyo backstory estuvo ligado claramente tanto a los Avengers como a los X-Men: Banshee, Grim Reaper, Daken y Sentry.

ZOMG. Es de notarse el gran sentido de playfulness que Remender entregó en esta épica hecatombe, dedicando una gran cantidad de páginas para explorar a detalle los diversos estados emocionales que esta combinación inusual de personajes trajo consigo. Resaltan sobremanera los Vengadores Scarlet Witch y Wonder Man, así como la mutante Rogue, cuya notable disonancia tanto ideológica como personal con la Bruja Escarlata las llevó a una enemistad que alcanzó niveles insospechados y con consecuencias fatales. Todo esto fue una excusa más que necesaria (y bienvenida) para que McNiven nos presentara peleas que rayaron en lo sangriento, lo grotesco y lo brutal.

Emoción. Enemistad. Duplicidad. Subterfugio. Desolación. Resignación. “Ragnarok Now” entregó todo esto a través de amplia pirotecnia y sentido de escala que se amplificó a la vuelta de cada página, y que nos hizo recordar no solamente a “The Kang Dynasty” por sus múltiples y dramáticos escenarios ocurriendo todos a la vez, sino también a una saga inmortal de los noventas como lo fue “Rock of Ages” en el comic de la Liga de la Justicia de DC Comics (1997-98), en la cual se atravesaron las fronteras del tiempo y el espacio para evitar destinos aciagos, siendo el común denominador la aparición intempestiva de dioses “Kirbyescos” que sazonaron a la narrativa con preámbulos que vaticinaban el fin del mundo.

Como podrán ver, Uncanny Avengers fue nostalgia pura, pero libre de todas las trampas narrativas como lo son el exceso de diálogos expositorios que reiteraban el plot (show, don’t tell!), pies de página o notas del Editor en turno remitiéndonos a la hemeroteca, o meros pastiches a historias de antaño. Ragnarok Now se sentía nuevo, fresco y peligroso a la vez. Comics de superhéroes haciendo lo que mejor saben.

El trabajo de Steve McNiven en estos comics solo puede catalogarse como extraordinario. De su parte habíamos visto imágenes rimbombantes en Marvel Knights: 4 y Civil War; pin-ups y escenarios épicos con Wolverine: Old Man Logan; así como también intentos todavía tímidos, pero con gran intención de violencia estilizada en Nemesis. Uncanny Avengers nos presentó una faceta más madura de este ilustrador, y con un crecimiento impresionante como storyteller al plasmar imágenes sumamente dinámicas, con un ojo preciso para maximizar la distribución acertada de las viñetas sobre cada página, fluyendo y generando una vitalidad y coreografía fuera de serie. Sus entintadores Dexter Vines, Jay Leisten y John Dell evitaron en todo momento el usar líneas gruesas sobre el contorno de la figura humana, empleando a su vez trazos suaves que respetaron el objetivo de McNiven por dotar de movilidad y amplísimo detalle a su arte secuencial. Esto ayudó mucho para hacer palpable su progreso como artista gráfico.

Se puede decir que después de alcanzar un ápex más que sorprendente, Uncanny Avengers entró en un proceso de desaceleración en donde planes bien estructurados quedaron a deber debido a deslices que, como un todo, dejaron sinsabores notables para los lectores. “Avenge the Earth” (ilustrada en esta ocasión por Acuña) continuó con la pesadumbre que azotó a Havok y compañía, pero que palideció a comparación del arco argumental anterior; aunque cabe decir que contuvo aspectos redimibles y no dejó de ser entretenida. A través de escenarios futuristas, pero familiares para quienes disfrutan de la ciencia ficción, se desarrolló una aventura de paranoia en una utopía sostenida con alfileres. Kang buscó cumplir con sus planes a toda costa, y los Insólitos Vengadores dejaron de lado sus diferencias para detenerlo.

Durante este lapso, el autor empezó a ensamblar a un nuevo grupo de villanos, pero sus motivaciones me parecieron en sí arbitrarias y de nula resolución narrativa: la presencia tanto de Immortus, Ahab, Magistrate Braddock, Stryfe, May “Venom” Parker, Doom 2099, Iron Man 2020 y Abomination Deathlok añadieron color mas no sustancia a esta aventura, siendo todos ellos un medio para lograr un fin. Aún y cuando McNiven puso la vara muy en alto, el relevo de Daniel Acuña cumplió al plasmar de manera eficiente una pléyade de elementos de acción a lo largo de los tomos #18 al 22, incluyendo persecuciones trepidantes, set pieces ultramodernos, combates vertiginosos de naturaleza cósmica, además de finísimos close-ups que entregaron en buena medida instantes de reclamación y angustia entre los protagonistas. Se podría decir que hasta ese instante el comic de Uncanny Avengers había sido en términos generales una experiencia más que satisfactoria y sumamente consistente.

Tras esto, Remender juntó las piezas restantes del rompecabezas para ofrecer a sus lectores la confrontación definitiva entre su grupo de héroes contra la Calavera Roja. Sin embargo, a título personal fue un hilo narrativo cuya resolución fue tanto anticlimática como ausente de preámbulos que eran sumamente necesarios.

Otro de los aspectos menos explotados en Uncanny Avengers durante sus primeros dos años fue ver esa diferencia ideológica entre superhéroes humanos y mutantes, y la retórica resultante que derivara en diálogos provocativos y abiertos acerca de lo que conlleva el pregonar una agenda de convivencia racial.

Como ejemplo de ello tuvimos a una provocativa diatriba en el tomo #5 (recuadro, arriba), y que causó un furor no por su elocuencia sino por su peligrosa generalización: Havok renunció a su identidad como “mutante” ante la prensa, enfatizando que era usada como una etiqueta que obstaculizaba su coexistencia con la sociedad humana. El fandom online tomó la palabra, acusando a Remender de que la opción dada por Havok era rehuir al problema de la aceptación de su propia persona y como miembro de una raza distinta a las demás, con las connotaciones de índole cultural, pertenencia, usos y costumbres y diversidad que esto conlleva. En lugar de ello este personaje, al rechazar a su identidad, se ponía al servicio de la “política de la asimilación”. Poco ayudó el hecho de que este discurso fuese compartido por un mutante rubio, caucásico y de ojos azules. La respuesta del autor ante la crítica no fue nada grata:

Una desafortunada declaración que llevó a una disculpa pública tanto del autor como de Marvel, y que sin duda condujo a darle carpetazo al tema dentro del comic. Era claro que los héroes de la Marvel son, ante todo y a través de metáforas exactas, un reflejo de la sociedad actual y sus problemáticas en diversas latitudes. Este subtexto les provee a estos comics de una oportunidad envidiable para ofrecer relatos con gran trascendencia y conciencia pública. El negarse a sí mismos ese derecho de hacerlo me parece tanto una pena como una irresponsabilidad.

La serie finaliza su primer volumen con el tomo #25, dando paso de manera inmediata a “AXIS”, una serie limitada y escrita por el propio Remender entre diciembre de 2014 y febrero de 2015. El comic fue publicitado como un magno crossover y fue un intento de la editorial por cerrar el año dentro de la lista de bestsellers. AXIS sale al mercado con un severo hándicap, que fue quitar el mal sabor de boca provocado por el confuso, innecesario e incendiario comic de “Original Sin” de Jason Aaron (junio-noviembre de 2014).

AXIS sustituye a los temas core por un campo de batalla que no es identificable a primera vista, y cuyo impacto no se pondera en ningún momento. Remender se olvida de todo lo acontecido en Uncanny Avengers y en su lugar muestra a La Calavera Roja al mando de… ¿el mundo?, ¿Nueva York?, ¿el patio de su casa? Nada parecía claro a ciencia cierta.

En las páginas de este Evento se mostraron campos de concentración para mutantes, pero sin que pudiésemos ver a algún mutante entre sus muros. ¿Acaso se quiso suavizar estas escenas con la ausencia de víctimas, minimizando a los obligados paralelismos con el Holocausto y los Nazis? Desconcierto total.

También, las reacciones de este ataque (¿global?) por parte del villano se concentran solamente en un puñado de personajes, elegido arbitrariamente y con el único propósito de publicar a series satélite para este crossover, las cuales lamentablemente resultaron de nulo interés o repercusión para el lector. Villanos como Hobgoblin, Absorbing Man, Carnage, Loki o Enchantress—todos muy lejos de la periferia actual tanto de los Avengers como de los Hombres X—fueron puestos en un spotlight completamente extraño, forzado, mientras que aquellos malhechores con una alcurnia mayor, tales como Magneto o Dr. Doom, entraron y salieron de la trama sin definir exactamente su papel o peso específico, siendo usados meramente como Deus Ex Machina en repetidas ocasiones. Este setting de igual forma evolucionó de una manera poco convincente, restándole importancia a quienes fueron los verdaderos protagonistas y que hemos enumerado en estos párrafos.

Havok, Rogue, Thor, Sunfire, Wonder Man, Wolverine y Wasp fueron paulatinamente descartados por completo. Captain America y Scarlet Witch fueron relegados a brevísimas intervenciones, mezclados con otros protagonistas cuyo character arc careció de un balance adecuado, como lo fueron Hulk, Apocalypse, Iron Man y Falcon. AXIS fue reducido a una serie de secuencias repletas de diálogo expositorio, histeria colectiva y reclamos airados, y que como un todo estuvieron muy, muy lejos de igualar la gran emoción, giros en la trama, consecuencias devastadoras y dramatismo de un “Ragnarok Now”.

La Calavera Roja (amalgamado con el clásico villano noventero “Onslaught”, y siendo ésta una MUY buena idea por parte de Remender) desapareció en el segundo acto para convertir a este crossover en un equivalente de muy baja calidad de lo que fue el controversial bestseller de “Civil War” (escrito por Mark Millar en 2006-07).

AXIS fue un ejemplo claro de un nocivo trend dentro de Marvel Comics, que fue el imitar en todo momento a esta fórmula de “Héroes vs. Héroes”, pero sin poder recuperar a las cualidades que hicieron de la obra de Millar un producto único y lleno de gran polémica, con escenas memorables, repercusiones duraderas, altamente influyente y como líder absoluto de ventas. Este comic se convirtió de esta forma en el nadir en la carrera de Rick Remender en Marvel Comics, y su resolución dejó cabos sueltos que le privaron de una conclusión digna para este primer volumen de aventuras dentro de Uncanny Avengers, siendo Havok y Wasp los más perjudicados—su character arc me pareció uno de gran potencial, inspirador e insignia dentro del título. Perpetuando a la maliciosa tendencia de saturar al mercado de crossovers sin una pizca de integridad propia, fuimos testigos de otro comic siendo el detonante de más series, miniseries y nuevos eventos que son ante todo efímeros y que perpetúan este círculo vicioso en el que ha caído el mainstream en la actualidad.

Resulta irónico que, en unos cuantos meses previos a AXIS, el autor tuvo la oportunidad de reírse de sí mismo y satirizar a todos estos matices negativos que hemos mencionado. Fue en la edición conmemorativa de “Uncanny Avengers Annual”, publicada en junio de 2014 y con arte de Paul Renaud, en donde se confecciona una ácida auto-crítica al modelo comercial actual de los crossovers de superhéroes. En sus páginas, los protagonistas habituales de Uncanny Avengers fueron llevados en contra de su voluntad al siempre clásico universo paralelo regido por el reality television del ‘Mojoverse’, el cual y tras una seguidilla de bajos “ratings” decide copiar verbatim a la ‘fórmula Marvel’ de los últimos 10 años plagada de ‘Event Fatigue’, siendo este comic una muy divertida aventura de comedia ligera y que no se toma en serio a sí misma, y que sirvió para darnos un merecido respiro entre “Ragnarok Now” y “Avenge the Earth”.

A pesar de esta naturaleza auto-consciente, es claro que el daño estaba hecho. AXIS representó un fracaso rotundo que dejó mal parado a un título como Uncanny Avengers, que se consideraba hasta ese momento como el mejor comic dentro de la editorial. Se sumaba este traspié a una larga cuenta de crossovers previos tales como “Shadowland”, “Fear Itself”, “Avengers vs. X-Men”, “Age of Ultron”, “Battle of the Atom” y “Original Sin”, a los cuales les faltó absolutamente todo. Estos Eventos palidecen a comparación de las obras surgidas en la cúspide de la carrera de un Brian Michael Bendis en Marvel (hablamos de Avengers Disassembled, Secret War, House of M, Secret Invasion, Dark Reign y Siege), y la propia Civil War.

Ni siquiera la sátira de Chip Zdarsky pudo salvar de la quema a “AXIS”.

En el año 2015, Uncanny Avengers se reformuló con nuevos integrantes en el reparto, tales como Quicksilver, Doctor Voodoo, Vision, Falcon y Sabretooth, siendo Scarlet Witch y Rogue las que permanecieron del roster original. Este segundo volumen tuvo la infamia de ser el que cimentó en definitiva el cambio retroactivo en los orígenes de Quicksilver y Scarlet Witch, reescribiendo aspectos clave como sus verdaderos padres y sus poderes proviniendo de fuentes místicas, dejando de ser mutantes para parecerse mucho más a sus contrapartes multimedia en las películas de Marvel Studios.

Exposition time! It’s magic, we don´t have to explain it!

Para su mala fortuna, este proyecto quedó truncado tras 5 meses debido al lanzamiento de OTRO crossover, como fue el caso de “Secret Wars”, y escrito por Jonathan Hickman. Para ese entonces, Rick Remender ya tenía su mente puesta en renunciar a la compañía para dedicarse de tiempo completo a su obra de autor, la cual comprendía a diversos títulos multigénero y de la talla de un Deadly Class, Low, Black Science, Tokyo Ghost, Death or Glory y Seven to Eternity, siendo todos ellos publicados por la editorial Image Comics.

Su motivo principal fue el ferviente deseo de crear historias bajo sus propios términos. Quedaba claro que, a pesar de su gratitud hacia Marvel, algo faltaba. El hecho de que Uncanny Avengers quedase detenido nuevamente por otro Evento impuesto por la editorial nos hace inferir que este talentoso escritor no quería repetirse a sí mismo y ser víctima de esta tendencia reciente del comic mainstream en la que año tras año se cancela, relanza e integra arbitrariamente a cualquier serie en el blockbuster veraniego del momento.

De igual manera, el período 2012-2015 significó un éxodo masivo de Marvel, en donde sus escritores top abandonaron a la editorial para emprender proyectos creator-owned. Además de Remender salieron también Ed Brubaker, Matt Fraction, Kieron Gillen y Jonathan Hickman.

Siendo una experiencia con opiniones encontradas, Uncanny Avengers se puede catalogar como un experimento en principio redituable que le permitió a Marvel Comics el aplicar sobre los X-Men la misma fórmula que encumbró a los Vengadores, y contagiarlos—aunque haya sido por poco tiempo—de su lustre y reconocimiento reciente. Un escenario a todas luces ambicioso, pero que lamentablemente estuvo supeditado a los designios de los editores en turno y muy por encima de la visión del autor en su último tramo, dando al traste con este propósito. Merecíamos algo mejor.