The Tenant

De múltiples niveles de interpretación y excelentes elementos técnicos, The Tenant es un abismo de tormento psicológico y análisis de la dualidad humana, consolidándose como la mejor realización en la carrera del prolífico director Roman Polanski.

thetenantposterThe Tenant | Francia, 1976
Dirigida por Roman Polanski
Libreto cinematográfico por Gérard Brach y Roman Polanski, basado en la novela “Le locataire chimérique” de Roland Topor
Reparto: Roman Polanski, Isabelle Adjani, Melvyn Douglas y Shelley Winters
Cinematografía por Sven Nykvist
Musicalización por Philippe Sarde
Edición por Françoise Bonnot
Producida por Hercules Bellville

The Tenant (Le Locataire en su título original) es una cinta de naturaleza compleja y con múltiples niveles de interpretación que atrapa a su audiencia desde sus primeros minutos a medida que despoja a su protagonista, el inofensivo y reservado Trelkovsky (interpretado por el propio realizador Roman Polanski), de todo lo que lo define como individuo al ser víctima de una aparente conspiración de tintes maquiavélicos que se gesta entre los recovecos de unos apartamentos parisinos, en los que la espectral influencia de la enigmática egiptóloga Simone Choule hace mella en su salud mental.

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Este film se estructura con maestría de tal forma que evita ser un rehash de obras cumbre de Polanski como Repulsion y Rosemary’s Baby, con las cuales comparte elementos significativos tales como la represión y el deseo, la soledad y la paranoia, espacios confinados, erotismo, la lucha entre la anarquía y el pudor, múltiples símbolos esparcidos sin significado aparente y total a la vez y que al principio pareciera ser un ejercicio de cinema vérité que se distorsiona en un abismo de tormento psicológico que es sutil y que trastorna el entorno en el que su protagonista se mueve a lo largo de sus dos horas de duración.

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Más que ser una reiteración, este largometraje gravita sobre diversas nociones y variantes que la hacen evolucionar paulatinamente, estableciendo un grado de separación diametral donde la ambigüedad sexual y role reversals generan un estado de fuga que se combina para entregar una historia inusual, atrayente.

Hands down, el ápex en la carrera de Polanski encuentra su éxito alrededor de su círculo de colaboradores durante la primer década de su carrera en el cine. Gente como Krzysztof Komeda en la música y Gérard Brach como co-guionista, sacan lo mejor de este director polaco que pareciera que en ese momento devoraba por completo al séptimo arte con obras totalmente perturbadoras como seductoras a la mirada del público a un cine diferente.

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En esta ocasión es el tándem del célebre Sven Nykvist – colaborador frecuente de Ingmar Bergman – quien aporta a la película una fotografía que impregna atmósferas sofocantes e inquietantes, y el experimentado compositor Philippe Sarde con un mesurado pero contundente score que evoluciona para tomar tintes sumamente macabros.

La agudeza de Brach y Polanski sacan a relucir un libreto que es escaso pero conciso en diálogos e ideas que le otorgan gran poder a una tétrica puesta en escena que cobra vida propia,  sometiendo al protagonista a atravesar umbrales donde lo ponen a prueba con el fin de determinar — y hacerlo admitir — cuál es su verdadera identidad, consolidando a esta realización como una confrontación interna por la supremacía de los rasgos que nos llevan a la masculinidad o la feminidad.

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The Tenant es sin lugar a dudas la mejor realización en la trayectoria de Roman Polanski, que ofrece una alternativa fresca y muy efectiva dentro del horror gótico de excelencia, un relato que habla sobre el fracaso de la transformación del hombre por ser alguien completamente opuesto a su verdadera naturaleza, un fallo miserable y fatalista que conlleva el rechazar lo que verdaderamente somos.