Shivers

Shivers es una película de culto de sobresaliente impacto dado su discurso ideológico sobre el mundo moderno tras la revolución sexual, una de las obras controversiales dentro de la filmografía del realizador canadiense David Cronenberg.

Shivers | Canadá, 1975
Escrita y dirigida por David Cronenberg
Reparto: Paul Hampton, Barbara Steele, Lynn Lowry, Joe Silver, Ronald Mlodzik, Fred Doederlin y Allan Migicovsky
Cinematografía por Robert Saad
Edición por Patrick Dodd
Producida por Ivan Reitman
Distribuida por Cinépix Film Properties Inc.

Tras una serie de filmes experimentales, David Cronenberg incursiona en el ámbito profesional del séptimo arte con Shivers, una película de serie B que con el paso del tiempo ha amasado un reconocimiento no sólo dentro del cine de culto sino como una pieza 100% alegórica de sobresaliente análisis social.

Shivers continúa con la tónica narrativa de sus primeras cintas (Transfer, From the Drain, Stereo y Crimes of the Future), escondiendo sus atributos más importantes bajo los parámetros del cine de género. Shivers atisba una gran influencia de films como Night of the Living Dead y Psycho, aunque dentro de ella resaltan aspectos que posteriormente serían popularizados por el slasher-horror-exploitation film tales como su duración estándar de 90 minutos y el sexo como sinónimo de pecado y cuyo castigo irremediable es la muerte.

Cronenberg estructura su relato de una forma interesante, donde hace referencia a sus inicios con un voice over monótono (narrado por Ronald Mlodzik, de la misma forma que lo hiciera en Stereo y Crimes of the Future), pero a partir de ahí se despide de tal recurso y construye alrededor de su cinta un microuniverso en estado de descomposición paulatino, que se asemeja al propio mundo real en transición tras la revolución sexual.

Este subtexto se apodera de la trama, dejando atrás la amenaza original de diminutas criaturas detonantes de la libido que afectan a sus huéspedes, creando a su vez un escenario donde se analizan las obsesiones del cineasta como la relación hombre-mujer y la manifestación externa y grotesca de nuestros pathos. Resalta sobremanera el acto sexual como un evento en principio violento, donde el ensamble de actores somete y posteriormente integra a sus víctimas en su estupor erótico. La parte cumbre del film se da en sus últimos 10 minutos, donde una mujer recita estas perturbadoras frases:

“Roger, I had a very disturbing dream last night. In this dream I found myself making love to a strange man. Only I’m having trouble you see, because he’s old… and dying… and he smells bad, and I find him repulsive. But then he tells me that everything is erotic, that everything is sexual.

You know what I mean? He tells me that even old flesh is erotic flesh. That disease is the love of two alien kinds of creatures for each other. That even dying is an act of eroticism. That talking is sexual. That breathing is sexual. That even to physically exist is sexual. And I believe him, and we make love beautifully.”

Este discurso condensa parte de los temas que son insignia en el oeuvre de David Cronenberg, donde se desmenuza un aspecto particular de la condición humana de formas subversivas pero intrigantes, seductoras, así como la reacción del ser humano con su entorno.

¿No es este film sino el análisis de esa revolución sexual y los baby boomers? ¿La expansión inmobiliaria y el ambiente capitalista? ¿No son estas criaturas la reacción ideológica del hombre hacia la no-agresión, sustituyéndola por un mensaje de “Make Love, Not War”?

De esta forma, Cronenberg polariza opiniones, una controversia que lo coloca en el terreno de la audacia y la infamia, torciendo a los esquemas fundamentales.