Melancholia

Lars von Trier sigue demostrando su gran talento para desnudar de forma cruenta la reacción humana ante un mundo que se torna incierto e inhóspito.

Melancholia | Dinamarca, 2011
Escrita y dirigida por Lars von Trier
Reparto: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Alexander Skarsgård, Charlotte Rampling, John Hurt, Stellan Skarsgård, Brady Corbet y Udo Kier
Cinematografía por Manuel Alberto Claro
Edición por Molly Malene Stensgaard
Producida por Meta Louise Foldager, Louise Vesth y Zentropa
Distribuida por Nordisk Film

El controversial Lars von Trier crea con Melancholia una cinta de manufactura única, un desplante de estilos diversos para explorar sus tradicionales temas de seres humanos puestos en situaciones atroces, en escenarios visualmente atractivos como desequilibrantes.

En la víspera de un evento cósmico sin precedentes, donde el planeta errante Melancholia se aproxima hacia la Tierra, Justine (Kirsten Dunst) celebra su matrimonio en un lujoso Chateau, solo para encontrarse de frente con sus más profundos traumas: la represión de su propia libertad, espíritu infantil y noble, la ruptura de los lazos familiares, la presión por cumplir las expectativas ajenas y la realización de la brevedad de la vida y la inútil realización de los sueños ante un mundo que a final de cuentas es efímero.

A pesar de ser constantemente cuestionado y criticado por un approach que raya entre lo deliberadamente provocativo y en conflicto directo con el sexo opuesto, no cabe duda que von Trier es de los mejores cineastas para analizar y mostrar en pantalla la complejidad y misticismo del género femenino. El realizador respeta la máxima de llevar a un viacrucis a sus personajes protagónicos con el fin de sacar la mejor historia posible.

Todas las protagonistas de sus films, desde Kirsten Olesen en Medea (1988), Emily Watson en Breaking the Waves (1996), Bodil Jorgensen en Idioterne (1998), Björk en Dancer in the Dark (2000), Nicole Kidman en Dogville (2004), Bryce Dallas Howard en Manderlay (2005) y Charlotte Gainsbourg en Antichrist (2009), encarnan en pantallas a mujeres cuya debilidad, desequilibrio, coraje, aplomo, desilusión y esperanza trazan un mapa muy interesante dentro de su filmografía.

Kirsten Dunst no es la excepción, desarrollando una personalidad autodestructiva, nihilista, que paulatinamente se da cuenta de la superficialidad que da forma a su existencia, haciendo un juramento solemne de alejarse completamente de ella. En la segunda parte de la cinta, su personalidad parece ser obliterada  para hacerse una con la naturaleza, acostumbrada a los sistemas cíclicos de creación y paulatina descomposición de las especies, en claro contraste con su co-protagonista (Charlotte Gainsbourg), quien cae en la negación absoluta ante la posibilidad de dejar a un mundo plástico, decadente y vacío que le ha dado forma a su vida entera y dictado sus patrones de conducta.

Este análisis se conjuga de forma excelente con otras obsesiones del director. Abrazando el formato digital de una forma atractiva, von Trier crea paisajes generados por computadora con segmentos en cámara Phantom, los cuales regalan viñetas que gestan un preámbulo narrativo a los temas que Melancholia explora a detalle. De la misma forma que en Antichrist, von Trier hace uso de la música para darle gran impacto a estas imágenes y símbolos, sustituyendo las arias de su anterior film por segmentos de Wagner.

De igual forma, este film es quizás el primer esfuerzo consciente de von Trier para ofrecer tributo a sus influencias. Si en Antichrist y en Medea se gesta un homenaje a Tarkovsky y Dreyer, en esta ocasión el realizador toma prestado múltiples recursos para contar su relato, incluyendo una excelente parodia a la representante definitiva de la corriente fílmica Dogme 95, “Festen” (de Thomas Vintenberg, a quien von Trier dedica un agradecimiento en los créditos finales); también utilizando motifs inspirados en la cinta de ciencia ficción y thriller psicológico Solyaris (del propio Tarkovsky), y L’Année dernière à Marienbad, de Alain Resnais, de la cual evoca tanto sus enigmáticas locaciones como sus temáticas existencialistas.

Queda también demostrado su gran talento para desnudar de forma cruenta la reacción humana ante un mundo que se torna incierto e inhóspito, gracias a un reparto de personajes — John Hurt, Charlotte Rampling, Kiefer Sutherland, Udo Kier, Stellan y Alexander Skarsgård y Brady Corbet — que en conjunto crean un torbellino de emociones a flor de piel que ponen a prueba a sus dos actrices principales.

Con un gran manejo de cámara que emula el movimiento Dogme, una pulcra cinematografía y esfuerzo de edición destacado, con una consciencia del timing para formar momentos de índole contemplativo y frenético, Melancholia es un drama de gran poder donde se ofrece además un ejercicio estilístico destacado.