The Night Porter

Una realización que esconde bajo un provocativo y frontal ejercicio de estilo propiedades interesantes y propuesta al debate.

The Night Porter | Italia, 1974
Dirigida por Liliana Cavani
Historia por Barbara Alberti y Liliana Cavani; libreto cinematográfico por Cavani
Reparto: Dick Bogarde, Charlotte Rampling, Philippe Leroy, Gabrielle Ferzetti e Isa Miranda
Cinematografía por Alfio Contini
Musicalización por Daniele Paris
Edición por Franco Arcalli
Producida por Robert Gordon Edwards y Esa De Simone

Realmente no sé qué decir de The Night Porter.

¡Vaya forma de iniciar un review! En realidad, The Night Porter es una película difícil de describir. A pesar de que no cabe exactamente en el molde del género del Nazi exploitation setentero (como la cinta Ilsa, She Wolf of the SS, entre otras), combina elementos extremos que rayan en el sadomasoquismo y la vejación. Con un setting situado en la post-guerra como contexto y aderezo narrativo, esta cinta mezcla instantes de film erotica, violencia gratuita, romance, intriga y psicodrama, y dicha combinación en su estado fundamental le otorga atributos que la hacen provocativa, de gran polémica y obviamente de opiniones divididas.

Quizás ese es el intento de su directora, Liliana Cavani. Esta película me hizo recordar las controversiales entregas fílmicas de realizadores risqué como Tinto Brass y Mario Bava, con una conciencia plena en descubrir umbrales de resistencia de su público, analizando sus reacciones ante elementos considerados taboo, y a la vez doblegarlos y atraparlos en un estado de voyeurismo bizarro que los seduce, y que nos concientiza sobre nuestras emociones básicas al descubierto.

Il Portiere di notte (título original) narra la vida de Max (interpretado por Dick Bogarde), un portero de un hotel en Viena en el año de 1957. Su vida da un giro radical cuando aparece un huésped que le es conocido: se trata de una mujer, de nombre Lucía (Charlotte Rampling). Ella es una superviviente del Holocausto, quien estuvo presa en un campo de concentración Nazi, siendo sometida a una serie de sádicos abusos por un oficial de la SS en dicho lapso.

Max, por su parte, guarda un terrible secreto, además de una amistad cuestionable con miembros de la burguesía local que atesoran sobremanera su propio anonimato, y a quienes les consiente sus deseos más enfermizos.

Cavani expone a través de flashbacks la relación previa entre Max y Lucía, que paulatinamente se fue convirtiendo en una dependencia mutua, con una carga inusitada de juegos crueles y tortura psicológica. De igual forma, la directora toma su tiempo para establecer a su protagonista como un ser con un cúmulo de depravaciones, y cuyo placer por someter a Lucía a ciertos roles llega a extremos insospechados – incluyendo un sublime y sensual performance de Charlotte Rampling, bailando y cantando para el deleite de quienes la observan, y que la catapultó al superestrellato internacional.

El mensaje que Liliana Cavani transmite en The Night Porter es la añoranza de un amor muy especial y que, por azares del destino, se encuentra cuando parecía haberse perdido, presentados en base a una destacada edición al compás de un score musical que manifiesta emociones nostálgicas y de infinita tristeza, desesperación y resignación. Su decisión de incorporar elementos claramente controversiales es simplemente una opción más que un artista considera para hacer atractiva a su obra en los ojos de los demás.

Es claro que la directora llena de forma, más no de fondo todas estas situaciones, y por este hecho en la pantalla se permea una estética extraña. Los momentos significativos del film recaen en ponderar la expiación de los pecados deshaciéndose y/o erradicando el pasado, con la constante tentación de evocar emociones largamente añoradas a pesar de ser sumamente nocivas.

El protagonista justifica en el film ser un portero en el turno de noche debido a este temor de ser expuesto como un ser despreciable, dejando claro que su redención es un caso imposible, y mucho menos el aceptarla dado el contexto histórico sobre el cual se teje la trama.

Algo sumamente notable son los precisos momentos en los que la directora deja que la tensión sexual impregne a su cinta. Ese timing es manejado de forma excelsa, donde el inexistente inuendo es sustituido brutalmente por juegos de satisfacción basados en el roleplaying y en el deseo del sometimiento mutuo, dejándose llevar completamente por estas bajas pasiones.

Una de las ideas que son mostradas en esta cinta es la deconstrucción de un mundo racional por uno basado en la obediencia al instinto, o quizás la realización de que un mundo se engaña a sí mismo con esta idea del recato, la iluminación y la consciencia como contrapeso a nuestra verdadera naturaleza.

Las perversiones de los protagonistas paulatinamente los hacen caer en una regresión a un estado primitivo, básico, donde la presencia de un gato como leitmotifnos habla de supervivencia como especie y el acto sexual como una reacción y no como un sentimiento. Esta crudeza les permite en el proceso a que por vez primera se liberen de sus miedos a la luz y a la verdad, a los que el mundo de la razón los ha orillado. El desenlace a esta historia es el adecuado porque ambos – en el estricto sentido – han dejado de existir como personas.

The Night Porter es un mashup de estilos narrativos con actuaciones mercuriales que expresan en todo momento ideas donde el conflicto entre el impulso y el decoro forman un campo de batalla curioso.

¿Recomiendo The Night Porter? Vaya, es difícil, considerando que personalmente soy abierto a contemplar cine de diversos géneros, temas y contenidos, por más estrafalarios o “prohibidos” que estos sean. La respuesta es un atinado quizás, dado que una de las cualidades más importantes para mí de un film es la posibilidad de formular preguntas, reflexiones, y en esta ocasión la película ofrece esta posibilidad.

Curiosa, extraña, fascinante y poco ortodoxa, esta cinta es todo un oddity y para un público maduro le otorga una ventana al extremo al que este lenguaje visual del séptimo arte puede llegar. Esta es una película que exige una fuerza de voluntad del espectador para absorber realmente los detalles fílmicos que le dan su valor e interés.