Bad Timing

Una narrativa fragmentada sobre las relaciones de pareja en la post-guerra, de encuentros y desencuentros que alimentan el deseo, la obsesión y la interdependencia.

Bad Timing | Reino Unido, 1980
Dirigida por Nicolas Roeg
Libreto cinematográfico por Yale Udoff
Reparto: Art Garfunkel, Theresa Russell y Harvey Keitel
Cinematografía por Anthony B. Richmond
Musicalización por Richard Hartley
Edición por Tony Lawson
Producida por Jeremy Thomas
Distribuida por Rank Organisation

“A sick film made by sick people for sick people”

Bajo esta lapidaria condena por parte de la productora Rank Corporation, Bad Timing carga con el estigma de ser un complicado film cuya apreciación estuvo lejos de conseguirse. La obra de Nicolas Roeg se encuentra plagada de estas opiniones encontradas, siendo un realizador preocupado por establecer ideas básicas a través de formas poco ortodoxas y provocativas, tales como la búsqueda de la identidad y la comunicación entre los seres humanos, plasmando además gran calidad estética y diversos niveles de contenido, como la confusa dualidad humana de Performance, el travelogue de mezcla cultural Walkabout, la sensual, hipnótica, melancólica y aterradora Don’t Look Now y la psicodélica nostalgia de ciencia ficción The Man Who Fell to Earth.

Bad Timing sorprende como un interesante psicodrama de tintes sensuales/obsesivos, un análisis de la vida en pareja y sus extremos. El film cuenta una historia al parecer simple, pero mostrada en forma compleja y atrayente: Milena Flaherty (interpretada por Theresa Russell) es una joven quien es llevada a Cuidados Intensivos por su amigo, el psicólogo Alex Linden (Art Garfunkel, afamado cantautor de música folk de gran prominencia entre los 60s y 70s junto a Paul Simon). Sin embargo, entre Alex y Milena hay algo más que una amistad, una dependencia mutua la cual mezcla tintes amorosos con deseo sexual y libertinaje.

A medida que los doctores intentan salvar su vida, somos transportados al pasado, donde descubrimos la verdad acerca de esta pareja y su tórrido romance, mientras que el Inspector Netusil (Harvey Keitel), intenta corroborar la versión de Alex, cuya aparente pérdida de la noción del tiempo sobre los hechos que llevaron a Milena al borde de la muerte se convierte en una obsesión para el investigador.

La mayor cualidad que destaca sobremanera en Bad Timing es su excelsa edición, donde Tony Lawson nos presenta al presente y pasado mezclado de una forma intensa, donde Alex y Milena son una pareja que se encuentran casualmente, iniciando una relación que va viento en popa, pero que paulatinamente se degrada, donde momentos de recriminaciones, culpas y reconciliaciones son retratados de forma cruda y honesta sobre la pantalla. La cinta plasma profundamente la personalidad de Art Garfunkel y de cómo la propia película es un espejo a su vida privada, estrenada en un momento muy turbulento en su carrera artística. Considero que nadie más pudo haber personificado al complicado Alex Linden, donde Garfunkel simplemente entrega un performance brillante, atrayente, donde destila emociones básicas y de las cuales podemos identificarnos plenamente.

El análisis de pareja es sumamente ingenioso, donde Garfunkel nos plasma a un Alex estoico, reflexivo, malicioso, pero que por dentro guarda una furia que está a punto de explotar, donde su amor se va diluyendo por su deseo carnal. Theresa Russell nos presenta a Milena como una ninfa consciente de su lugar en el mundo, cuya libertad es su valor más preciado, y que no está dispuesta a perder en aras de ser feliz al lado de su pareja.

Es interesante como Roeg nos señala que ambos están destinados a encontrarse una y otra vez, dispuestos a conversar y mostrarse afecto, pero también nos hace ver claramente que entre ellos el problema sigue siendo de comunicación, ya que no ponen en la mesa de discusión los temas importantes dentro de la vida en comunión, temerosos a perder el ímpetu y fogosidad de su amor por afrontar cosas como el compartir y sacrificar para ser una pareja en toda la extensión de la palabra.

Ambos se terminan convirtiendo en objetos, donde su amor se torna en una necesidad compulsiva por no quedarse sin compañía ni cariño. El uso de la música es inteligente, donde diversos tracks tanto de música clásica como moderna nos señalan (a través de sus melodías y letras) verdades absolutas sobre estos personajes.

Otro tema importante dentro de Bad Timing y que se toca ligeramente por el director es la naturaleza del film y su relación con la audiencia. En momentos clave los actores nos explican la necesidad de la gente por mirar, involucrarse y atestiguar, convirtiéndonos todos en voyeurs. Bad Timing es evidentemente un ejercicio voyeurístico, donde nosotros como espectadores estamos deseosos no solamente por saber las razones por las cuales Milena termina en el hospital, sino también si ambos consumarán su unión de forma satisfactoria.

El personaje de Harvey Keitel también se transforma en un testigo impaciente, con una necesidad implacable de saber si realmente Alex no tuvo algo que ver con el estado precario de Milena. El film en estas instancias rompe la cuarta pared, donde Keitel sale del espacio-tiempo para contemplar cautivado los momentos cargados de sensualidad, violencia y personalidades en conflicto de los protagonistas. Esta cualidad narrativa ha sido un sello particular en la filmografía de Roeg, y que Guillermo del Toro describió de la siguiente manera:

“Nicolas Roeg, having been a cinematographer, broke fresh ground (first alongside Donald Cammell) by creating a lyrical, literary “unstuck in time” editing technique that allowed characters to exist in flash forward/flash back cinematic spaces. Trapped in Borgesian film labyrinths. I guess “cinematic time” would be more accurate.”

El título del film nos habla de double entendres: en sí, “Bad Timing” no habla solamente de las discrepancias en el tiempo cuando Alex encuentra a Milena agonizante, sino que también tanto su relación, su romance y sus consecuencias llegan en mal tiempo. Quizás no era el momento para que ambos se encontraran y forjaran instantes alegres y tristes, y la película maneja esto de forma ambigua en la última escena del film.

Bad Timing es un experimento interesante dentro de la carrera de Nicolas Roeg, donde incorpora elementos de su filmografía tradicionales como una edición vertiginosa y el uso del sexo como instrumento narrativo. Es un análisis interesante de la relación entre hombres y mujeres, que la ponen dentro de un círculo selecto de films que han diseccionado este tema, como Scenes from a Marriage (Ingmar Bergman, 1973), Kramer vs. Kramer (Robert Benton, 1979) y Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999), por nombrar algunos. De igual forma la tónica de esta realización se puede comparar en mayor o menor medida con las producciones del cineasta Woody Allen, pero con matices más arriesgados y desafiantes.