The Driver

Walter Hill encuentra otra variante en su fascinación por el género western, a través de una convincente confluencia con las reglas del cine negro.

The Driver | Estados Unidos, 1978
Escrita y dirigida por Walter Hill
Reparto: Ryan O’Neal, Bruce Dern, Isabelle Adjani y Ronee Blakley
Cinematografía por Philip H. Lathrop
Musicalización por Michael Small
Edición por Tina Hirsch y Robert K. Lambert
Producida por Lawrence Gordon
Distribuida por 20th Century Fox

La filmografía del aclamado e influyente realizador Walter Hill se puede resumir como un proceso de análisis en busca de un revisionismo y adaptación de la plantilla narrativa que ofrece el género Western, en donde cada una de sus cintas es una aplicación a la fórmula de las aventuras en el Viejo Oeste, en ambientes contemporáneos como propios de dicha época.

The Driver es una síntesis de este intento. De corta duración pero con un montaje que es compacto, conciso y efectivo, la cinta nos mantiene atentos de principio a fin, conjugando un duelo a muerte entre un bandolero solitario, en la figura del epónimo ‘Driver’ (Ryan O’Neil, en el que quizás es su papel definitivo en el cine), y un detective (Bruce Dern), cuyos métodos over-the-top para conseguir la justicia lo hacen parecer un ‘sheriff’ que parece tener una completa autoridad que ejerce con prepotencia sobre el territorio a su cargo.

The Driver es un film que mezcla el western en ambientaciones que evocan una historia neo-noir, con aderezos narrativos y arquetipos básicos propios del crime film (el hombre solitario, el policía, la mujer de moral cuestionable, el bruto violento, entre otros). Sin embargo, Hill desecha toda identificación con el cine negro — aún y cuando la influencia de Le Samouraï de Melville es notable – y en su lugar establece conflictos entre vaqueros modernos, en un juego del gato y el ratón con consecuencias severas, un duelo de voluntades donde los niveles de acción y testosterona alcanzan niveles de gran calidad histriónica y emoción.

La película hace uso de complejas secuencias de persecución, con una serie de acercamientos muy inteligentes que nos atrapan en el frenesí de la acción. The Driver es quizá el exponente perfecto de cómo montar car chases, y que sin duda su intensidad es superior a ofrendas contemporáneas de gran manufactura tales como las mostradas en Ronin, The Transporter, The Matrix Reloaded, La trilogía de Jason Bourne y Drive.

O’Neal destila el porte perfecto para encarnar al protagonista, un lobo solitario cuyas escasas líneas y mentalidad simplista esconden pathos severos, con una brutalidad que se desata bajo una figura solemne que nos engaña, llevándose al bolsillo a su audiencia. Hill ofrece en todo momento la oportunidad de conocer a fondo tanto al Chofer como al Detective, donde Bruce Dern retrata a un personaje muy interesante y cuyo péndulo moral es a todas luces objeto de repudio y que nos deja ver que la mejor ley es SU ley.

De los diálogos condensados que O’Neal otorga en el film, “Go Home” es uno de los que causa ironía completamente, siendo que para su personaje dicha palabra resulta algo que es tanto elusivo como imposible de imaginar. Isabelle Adjani recibe mucho screen time, donde Hill la posiciona no como una femme fatale sino como una dama que vende su lealtad al mejor postor. Aún y cuando sus líneas son breves y acartonadas en ocasiones, la intención del realizador es atrapar su notable belleza para plantar en su audiencia la idea de un personaje al acecho de oportunidades a su favor.

The Driver es una mezcla de atmósferas cuyo principal objetivo es adaptar a la modernidad el estilo y estética visual del western, con personajes cuya imagen vence el paso del tiempo, creando toda una aventura de acción breve que sin duda alguna es objeto de análisis y apreciación a medida que nos emociona y otorga lecciones invaluables para generaciones posteriores de cineastas, consolidando a la figura de Walter Hill como uno de los directores más importantes del ‘Nuevo Hollywood’ de los años setenta.