The Life Aquatic with Steve Zissou

Un showcase perfecto del talento de Bill Murray, pero que se ve atrapado por intricados e inmóviles set pieces que nos distraen de su temática clave.

The Life Aquatic with Steve Zissou | Estados Unidos, 2004
Dirigida por Wes Anderson
Libreto cinematográfico por Wes Anderson y Noah Baumbach
Reparto: Bill Murray, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Michael Gambon, Bud Cort y Seu Jorge
Cinematografía por Robert Yeoman
Musicalización por Mark Mothersbaugh
Edición por David Moritz
Producida por Wes Anderson, Barry Mendel y Scott Rudin
Distribuida por Touchstone Pictures

The Life Aquatic with Steve Zissou es la cuarta entrega cinematográfica de Wes Anderson (Bottle Rocket, Rushmore, The Royal Tenenbaums) la cual a pesar de su alto estándar en la composición de las tomas, un soberbio diseño de producción, con una pulcra cinematografía por parte del operador de cámara Robert Yeoman y efectos digitales sutiles que evocan al cine experimental de los 60s y 70s, Life Aquatic se presenta con muchas áreas frágiles.

Una de ellas es la estructura narrativa, que relata la aventura del epónimo oceanógrafo Steve Zissou (interpretado por Bill Murray), devastado por sus problemas personales y maritales. La historia se presenta como una serie de sketches en secuencia lineal, bajo un estilo de deadpan comedy que sin duda alguna intenta emular el estilo del legendario grupo británico del Monty Python (1969–1983), que hacia avanzar la historia a través de segmentos locuaces y offbeat.

Sin embargo, este desarrollo en su comicidad no es incisivo, sintiéndose muy plano en ese aspecto, donde las excentricidades del reparto de apoyo son huecas y poco interesantes.

La cinta nos hace despertar más extrañeza que algún indicio de fascinación, mientras recorremos su fastuosa escenografía. De nueva cuenta – como sucediera también en su anterior realización, The Royal Tenenbaums (2001) – Anderson nos muestra una película encerrada en una vitrina que nos impide un involucramiento directo con ella.

Los únicos puntos atinados en este fallido estilo resaltan sobremanera cuando Anderson y su co-guionista Noah Baumbach – que en ese punto de su carrera en el cine contaba con gran experiencia en comedias ligeras tales como Kicking and Screaming, Highball y Mr. Jealousy – se enfocan en los momentos sutiles de introspección sobre su protagonista. Es aquí donde Life Aquatic brilla: Anderson saca a flote su habilidad para esconder su desarrollo de personajes entre diversas capas de artificios. Si empezamos a remover toda esta superficialidad y falsa excentricidad, nos encontramos con diálogos spot on, top notch, entregados a la perfección por Murray.

Y es que Life Aquatic funciona si la audiencia tiene claro en su mente que Bill Murray es, as always, the best actor in the world. Las fallas en el reparto de apoyo (donde sólo Owen Wilson logra mostrar una creíble pasividad, dulzura, honestidad y tristeza) sólo maximizan el gran talento, habilidad y dominio de Murray para transformar los momentos de existencialismo tormentoso en desplantes cándidos y cómicos fuera de serie.

La cinta de una forma extraña se convierte en una representación bizarra de la propia carrera llena de altibajos de este auténtico profesional del cine, y de cómo ha salido adelante. Murray explota su furia con mesura, llena de ironía y reflexión profunda, perseverando en cada momento, creando junto a Groundhog Day (1993), Lost in Translation (2003) y Broken Flowers (2005), un lienzo histriónico de purga y redención personal en su trajinar por los escenarios.

El actor sin duda alguna nos recuerda el extraordinario performance de John Cleese (Python alumni) y Kevin Kline en A Fish Called Wanda (Charles Crichton, 1988), haciendo una amalgama muy buena de personalidades estrafalarias, explosivas, solemnes y metódicas que encuentran un punto medio.

Como un paquete completo, The Life Aquatic with Steve Zissou deja a la audiencia con opiniones encontradas, con áreas de oportunidad muy claras que llevan al detrimento de nuestro entretenimiento, evitando con ello el poder disfrutar plenamente de uno de los papeles definitivos en la trayectoria de Bill Murray.