Totems cuánticos de diseño elegante

Notas breves sobre Spider-Verse/Spider-Geddon.

“Fun fact: all of Spiderman’s villains are based on spiders’ real life predators: robot octopus, goblin with a flying surfboard, mafia boss, sand, alien symbiote. All of them.”
— @omically, vía Twitter.

Fue en el año 2001 cuando J. Michael Straczynski—en ese entonces guionista de la serie de culto Babylon 5—inicia su trajín como escritor de la serie de comics “The Amazing Spider-Man”, junto a John Romita, Jr. y Scott Hanna en el arte, y con el siempre cotizado J. Scott Campbell en portadas. Tras poco más de ocho años al frente de este título, Straczynski plasmó sucesos que fueron tanto memorables como controversiales, convirtiéndose en uno de los autores definitivos para el personaje. De aquel destacado run aún poseo los primeros seis tomos, incluyendo el polémico tomo #36 con la portada negra y que hace alusión a los escalofriantes eventos del 9/11—el cual tanto a mí como a mis amigos nos sacudió en una mañana completamente lluviosa en la que se suspendieron las clases en el colegio, viendo esta tragedia por televisión—además de la infame historia de “One More Day” que deshacía el matrimonio entre Peter Parker y Mary Jane Watson.

Como podrán ver, Straczynski iba a por todas, sin prisioneros y en camino a dejar una huella profunda sobre el Hombre Araña. Era la época del “nuMarvel” de principios del siglo XXI y al mando de Bill Jemas y Joe Quesada. Su arrojo, visión y actitud belicosa no solo salvó a Marvel de la bancarrota sino que dejó un acervo literario inolvidable con escritores de primera línea (Morrison, Millar, Bendis, Ellis, Jones, Ennis, Milligan, Azzarello…) quienes gozaron de una gran libertad creativa para llevar a Spidey y a los demás superhéroes de Marvel a la estratósfera en ventas, y a ser el tema de conversación obligado en el fandom.

De esos primeros tomos del popular “JMS” vemos su intención de torcer las reglas inquebrantables en el canon de Spider-Man, colocando el origen del personaje en sitios más propios a la fantasía que a la pseudo-ciencia y sujetos enmascarados de Stan Lee y Steve Ditko. Si, Spidey seguía siendo el joven adulto atormentado por “el poder y la responsabilidad”, solo que ahora la araña no era radioactiva sino el conducto de un poder milenario, transmitido generacionalmente, y Peter Parker se convertía en el punto focal, en el “totem” que emanaba dicho poder “proporcional” de una araña y que ha deleitado a millones de lectores a través de las décadas. Una píldora difícil de tragar, y más aún cuando introduce a seres místicos como el sabio y cascarrabias Ezekiel y al mortífero Morlun, un depredador natural de la araña.

En los albores de los foros de discusión por Internet era temporada de caza, pero aún así Spider-Man era un bestseller, reverdeciendo laureles y colocando a Marvel en la palestra, en un momento en la historia donde títulos como “Amazing” y “Ultimate Spider-Man” mostraban las aventuras de Peter Parker en contextos distintos pero repletos de un encanto, peligro, misterio y lecciones de vida abundantes y alucinantes. La última página de Amazing #35, con la Tía May descubriendo que su sobrino es un superhéroe, sigue siendo un momento inolvidable para los fans.

Al final del camino, Peter da cuenta de Morlun y, con la muerte de Ezekiel, pareciera que el tono místico se dejaba de lado tras unos primeros años bastante movidos en cuanto a ventas y reacciones del público. Pareciese como si los tiempos de estabilidad económica en Marvel llevaban a poner un freno paulatino al shock, a la sorpresa y al estruendo, aunque Straczynski seguía pateando el juguetero con arcos narrativos como “The Other” y “Sins Past”, escribiendo a Mary Jane y a la Tía May como nadie lo había hecho nunca y terminando su tenor en el título saliendo por la puerta de atrás al ver que “One More Day” obedecía a intereses editoriales contrarios a su visión autoral. Podemos decir que le arrancaron a Spider-Man de sus manos—o más bien, se dio cuenta de la manera más triste que nunca fue suyo.

Aún conservo esos contados tomos de Spidey vs. Morlun, y me sorprendió muchísimo que el sucesor de JMS—el veterano Dan Slott, dentro de su larguísimo run con Spidey—trajera de vuelta a este villano pero con un giro de tuerca que me pareció brillante, y quizás siendo su mejor contribución a este longevo título (*): Spider-Verse.

(*) Aunque cabe decir que todos sus tomos con el arte de Marcos Martín son must haves, tan solo para ver al catalán dinamitar cada espacio de la página con despliegues de acción más que espectaculares y delirantes.

Spider-Verse (2014) representó sacar a todas las piezas del juguetero y ensamblar a una historia porque sí: Spideys (hombres, mujeres y ¡cerdos!) de todos los universos son presa de Morlun, quien resulta ser parte de una familia inmortal que ha fulminado el poder de los totems durante siglos.

Totally insane. And I loved every fucking page.

Ayudó bastante que Olivier Coipel y Giuseppe Camuncoli estuviesen a cargo del arte secuencial. Totally sexy, no-holds-barred action. Pirotecnia pura, y el twist a la historia mística de Spider-Man como guerra generacional era algo absolutamente loco y acertado.

Crazy fun. Era 2018 y, como siempre, Marvel Comics ocupaba explotar al mercado ahora que Spider-Verse era merecidamente adaptado a la pantalla grande como una cinta animada. Era de esperarse que el brazo editorial de Marvel desenpolvara a esta gran idea para sacarla a dar una vuelta más. Con Spider-Geddon, ahora bajo la pluma de Christos Gage y arte de Jorge Molina, este concepto a prueba de balas de JMS entre arañas y totems volvió por sus fueros.

Spider-Geddon presentó una justificación muy sensata y acorde a lo que vimos en Spider-Verse para revivir a esta saga una vez más. Siempre ha sido difícil encontrar la manera de hacer secuelas en los comics (y en todo lo demás) bajo una base sólida y sin traer a la mesa el aspecto monetario por encima del narrativo, y en este sentido este arco argumental salió bien librado.

Además, ver de nuevo al Spider-Man ‘Evangelion’ (SP///DR!) y a Spider-Gwen (!!) no tiene precio…

Spider-Geddon les da espacio a personajes de reciente creación como Superior Spider-Man, cuya violenta personalidad contrasta con el ideal heróico de Peter Parker, y a la familia de Morlun, quienes acechan una y otra vez a diversos Spideys alternativos. Como ciclo narrativo, le da un cierre inteligente a estos conflictos y además deja la puerta abierta para una tercera parte con un villano distinto. Afortunadamente para esta historia, Marvel no saturó al mercado de tie-ins y series satélite, una práctica que con el paso del tiempo nos ha demostrado que no da resultados.

Como un todo, Spider-Verse es un ejemplo claro de cómo se puede tirar de hemeroteca para rescatar a conceptos interesantes de los comics de antaño y darles un giro atrevido. En definitiva se consolida como uno de los relatos contemporáneos más importantes en la mitología del Hombre Araña, y cuyo potencial y flexibilidad le permite ser adaptado de múltiples formas. Su versión cinematográfica (Into the Spider-Verse) mantuvo intacta a su temática Sci-Fi, acción de alto octanaje y reparto principal, convirtiéndola así en un fenómeno mundial.

Todo un garbanzo de a libra en una época de Marvel cuyo material de reciente publicación ha decaído en calidad enormemente.