Immortal beloved

TWTD01The Wicked + The Divine
Escrito por Kieron Gillen
Arte por Jamie McKelvie
Color por Matthew Wilson
Letra por Clayton Cowles
Diseño por Hannah Donovan
Edición por Chrissy Williams
Publicado por Image Comics

Mi primer contacto con la obra del sobresaliente tándem británico de Kieron Gillen y Jamie McKelvie se remonta 15 años atrás, cuando hacían sus pininos en la escena del webcomic underground y posteaban sus opiniones en el desaparecido Warren Ellis Forum en Delphi dot com.

Whew! Hace ya MUCHOS ayeres.

Gillen y McKelvie forman parte de un nicho muy particular del comic independiente. Aquel cuyos primeros comics no son ni los básicos Superman-Batman-Spider Man del fan americano sino del creator-owned comic bajo el proselitismo que pregonaba Ellis y el escaparate multigénero y superheróico sobre el que se balanceaba un Grant Morrison.

PHONOGRAMSus sensibilidades artísticas se adhieren sobremanera al hipstercore proliferado durante la primer década del siglo XXI, más afín a los trends de la moda, las artes y la música y como éstos permeaban — aunque MUY superficialmente — en el Noveno Arte.

Phonogram (2006), su primer contribución a gran escala que amalgamaba la teoría del caos y la magia con los soundtracks resucitados por la Generación X como estandartes culturales, forma parte de este acervo hipsteriano del que menciono. Suburban Glamour (2007) es otra obra de su autoría que combina esa alienación juvenil y la expresión personal a través de la moda y la cultura pop bajo escenarios fantásticos.

Su trabajo destaca sobre los demás ya que desdeña lo populista, trayendo a la mesa high-concepts, hipster art, androginia, personajes de notable belleza y gran desparpajo. Lo que yo denomino como Queer comics, una etiqueta que no es despectiva sino más bien un sello personal y un testamento de su agenda y gran presencia, ganando a su vez múltiples adeptos.

SUBGLAMOURSi existe un equivalente en los comics al ingenio de un cineasta como Todd Haynes ese es Kieron Gillen. Como exponente principal de esos Queer comics, Gillen adapta en The Wicked + The Divine — e inspirado en dolorosas experiencias personales y adoración hacia celebridades como Courtney Love y Hole, que nos dicen mucho acerca de este comic así como de Kieron Gillen — esa aura loca que el propio Haynes plasmó en obras contra-corriente como Superstar: The Karen Carpenter Story, Safe y Poison.

En The Wicked + The Divine se transpira además ese culto a la celebridad de la insuperable Velvet Goldmine (quizás la obra maestra de Haynes), pero que lejos de crear arquetipos distantes a Ziggy Stardust y al Glam-Glitter Rock los abraza por completo, empleando sobre la página impresa facsímiles a David Bowie, Lady Gaga, Rihanna, Kanye West, Jared Leto, Amy Lee, Michael Jackson y Daft Punk, haciéndolos partícipes de la trama para analizar concienzudamente tanto su centelleante imagen como la reverencia e impacto que crean sobre la juventud en esta Era de la Información.


The Wicked + The Divine, objectified by Tumblr gifs. Enjoy.

McKelvie expone sin ser satírico sus influencias hacia lo hip, la moda y la ambigüedad sexual, a medida que el guión de Gillen inunda a su trama con crípticos acertijos alrededor de su cast, Dioses pluriculturales encerrados en un Nuevo Milenio repleto de mentes impresionables, fanboys y fangirls cuya adoración por sus ídolos define su identidad, alejándolos del desolador, incierto y turbulento ambiente social de sus vidas comunes y corrientes.

Este comic sigue los pasos de Laura, una jovencita que engloba todas estas características de las que mencionamos, y cuya vida toma un giro inesperado al entrar de manera fortuita (¿o fue acaso deliberada?) a ese mundo de dioses-reencarnados-como-artistas, quienes se hallan bajo la lupa de los voraces medios sensacionalistas, ávidos de desmenuzar detalle alguno de su espectacular y polarizante imagen, así como aquellos escépticos que desean desenmascararlos como fraudes en potencia.

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De forma sutil, Gillen disfraza a través de acertados soliloquios esa entrada a un mundo parecido al nuestro pero bajo el influjo de una suspensión de la incredulidad repleta de “actos de dios”, que una y otra vez nos saturan de un misticismo no solamente apropiado sino necesario. Poco a poco, su obra se va sumergiendo tanto en una vorágine de sentimientos a flor de piel como en la intriga conspiratoria, la cual llena a este relato de un genuino drama interno, de temor hacia la muerte y la obsolescencia, y la cruenta realización de vivir un destino fuera de nuestro control.

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A medida que transcurre la narrativa, The Wicked + The Divine construye paulatinamente a su reparto de personajes a través de intercambios en los que se conjugan desplantes que nos hablan de personalidades tanto atormentadas como auto-conscientes de su estatus como celebridades, generando conflictos entre aquellos que desean evitar a toda costa su extinción y los que ven en esto un llamado hacia una críptica misión de parámetros todavía difusos, en donde la salvación o la perdición del ser humano está en juego.

Esto forma parte de un largo camino, un plan a largo plazo sobre el cual Gillen desea llevarnos al menos unos cuantos años, siendo 50 tomos su meta final. Para ello emplea los vastos recursos de su compañero de armas Jamie McKelvie, quien no falla en el uso de su estilo insignia repleto de líneas suaves y pulcro acabado para dotar a su reparto de un appeal y presencia sin igual. El colorista Matthew Wilson enriquece este esfuerzo artístico a través de una selección cromática inteligente, que transforma y profundiza todas las atmósferas y texturas en las que se desenvuelve la trama. De esta manera el pandemónium, lo etéreo, lo terrorífico, la psicodelia y la urbanidad forman un gran lienzo con contrastes más que atinados.

Quizás la jugada maestra dentro de esta aventura es el darle un gran énfasis a los lazos entre Laura y uno de los dioses de este peculiar panteón: Lucifer, alias ‘Luci’ y faux-Bowie quien se presenta como un smart ass andrógino y con attire en traje blanco. A Thin White Duke for the 21st Century. Luci cautiva a las primeras de cambio, siendo nuestro guía en este mundo de míticas superestrellas, y cuyo impacto se deja sentir significativamente al convertirse en el fan-favorite de la audiencia, que la inmortaliza a través del continuo cosplay y una reverencia absoluta, como en el ejemplo siguiente:

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En su Instagram oficial, Jessie Pridemore, fotógrafa y ‘nerdy seamstress’
se convierte en la cosplayer definitiva para Luci.
Click to enlarge.

Luci es la estrella dentro de este comic, e inteligentemente Gillen la aparta del tablero de juego – de la manera más estruendosa, fulminante y cruel posible – para hacernos recordar que es la propia Laura la auténtica protagonista, cuya desolación, incertidumbre, pánico y desconfianza (tanto con su propia realidad y con este conglomerado teológico) es la piedra angular en esta gran saga. Laura es el ancla a través de la cual el autor pretende conducir su obra a buen puerto, haciéndonos partícipes de su pesar y sentido de pérdida, de su paranoia y de su búsqueda por la verdad, tras convertirse de una simple groupie a ser el centro de atención y en conflicto directo con los intereses todavía oscuros e indescifrables de este panteón de celebridades mitológicas.

Aún y cuando el viacrucis de Laura es el hilo conductor en este comic, alrededor de ella se tejen diversas atmósferas y situaciones que se mueven entre lo fashionable, el ansia juvenil y lo sacro + lo profano, y su conjugación nos abre la posibilidad de explorar los matices de un tema clave: la continua presencia de la Mitología y el Politeísmo como conceptos espirituales, y que dentro de la consciencia del ser humano dejan de ser abstractos para tomar forma y fondo, proveyendo de un alivio reconfortante a nuestro interior, además de adquirir un gran poder e influencia que se va adaptando y permeando paulatinamente sobre las estructuras socio-político-culturales de nuestro mundo.

Así, The Wicked + The Divine presenta una mística inusitada, siendo un auténtico suceso como comic de subgénero y digno de un escrutinio y curiosidad merecidos. Una alquimia que transforma lo tedioso del hipsterismo en algo valioso para los fans del arte secuencial, mostrando a sus autores como los maestros definitivos en dicho sentido.