Rabid

Rabid marca para el director canadiense David Cronenberg una transición inteligente, un progreso notable en la presentación de las obsesiones temáticas que ha desarrollado a lo largo de su extensa carrera en el cine.

Rabid | Canadá, 1977
Escrita y dirigida por David Cronenberg
Reparto: Marilyn Chambers, Frank Moore, Joe Silver, Howard Ryshpan, Patricia Gage, Susan Roman y Ronald Mlodzik
Cinematografía por René Verzier
Edición por Jean LaFleur
Producida por John Dunning & Ivan Reitman
Distribuida por Cinépix Film Properties Inc.
& New World Pictures

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Rabid es una película que indudablemente ha resistido el paso del tiempo, consolidándose como un clásico dentro del género de horror.

Quizás la razón principal se deba a que este es el primer film que le otorga un verdadero twist al inmortal zombie/vampire film, combinando aspectos de ambos pero sin ser una muestra representativa o iteración de ellos, siendo así una pieza fílmica realmente original e irrepetible, que respeta los temas que el realizador canadiense David Cronenberg ha delineado y hecho suyos en su storytelling a lo largo de los años: el uso del misticismo femenino, el sexo, la enfermedad, la tecnología y el avance científico como herramientas narrativas para el cine de género, siendo ingeniosas excusas para el análisis del hombre como ente social e individual, así como las bizarras reacciones físicas y subcutáneas que sirven de metáforas visuales que se detonan como consecuencia de severos conflictos a nivel psicológico.

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Como hecho curioso, podemos percibir en el caso de Rabid que esta manifestación de horror físico es la que provoca que los conflictos psicológicos salgan a la superficie. En todo momento, los protagonistas de la historia, Rose (la leyenda porno-chic Marilyn Chambers; 1952-2009) y Hart (Frank Moore) parecen llevar un romance de lo más normal, que se trastorna cuando ella es convertida en un parásito vampírico. Queda claro que en ese momento surge un role-reversal en el que Rose se convierte en una cuasi-depredadora sexual (donde un ingenioso efecto visual combina tanto la fragilidad y violencia genital para lograr un impacto sobresaliente), mientras que Hart adquiere un semblante pasivo, melancólico, delicado y desconcertado, aunque cabe señalar que la cinta tampoco provee material suficiente para poder leer más significados embebidos en estos performances.

También, la exposición de los elementos narrativos dentro de la cinta nos da de que hablar: Cronenberg hace un esfuerzo por combinar elementos breves de action film, thriller, horror y una ambientación que sugiere softcore porn sin llegar a serlo, seguramente influenciado por la presencia de Chambers y por las expectativas que la misma pudiese generar sobre la audiencia.

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El realizador sabe esto de antemano, y hace lo posible por hacer que la cámara la persiga en todo momento, donde una y otra vez captura la notable belleza de su actriz en diversos estados de ánimo, que transmite con gran soltura sobre la puesta en escena. No en balde el legendario crítico Roger Ebert la calificó como “the most beautiful porno actress yet.”

Si trazamos el camino que ha recorrido Cronenberg para llegar a Rabid, podemos encontrar varios puntos de inflexión en donde esta cinta, junto con sus cuatro anteriores forman un body of work  que atestigua el nacimiento de un estilo sin igual, y del cual podemos decir que cierra un ciclo narrativo para dar paso a otro muchísimo mejor.

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La travesía del director va de lo micro a lo macro, donde en los cortometrajes Transfer (de 1966; un encuentro inusual entre un médico y su paciente) y From the Drain (de 1967; una conversación entre dos pacientes con alteración esquizofrénica) empieza a interesarte por el maremoto que se gesta en la mente de sus personajes. Acto seguido, con Stereo (1969) y Crimes of the Future (1970), analiza las relaciones hombre-mujer desde un punto de vista muy clínico y distante pero de manera provocativa.

Los primeros indicios de su obsesión con el acto sexual y la patología surge en su primer largometraje Shivers/They Came from Within (1975), donde se sugieren (mas no se ahondan) los primeros síntomas a nivel colectivo, y que culminan de forma brillante en Rabid, donde un mayor presupuesto para el rodaje le permite a Cronenberg mostrar las consecuencias y su multiplicación en una escala global.

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Fiel a su estilo, el director exhibe una conclusión de naturaleza desoladora, en la que logra sorprender a su público al combinar tanto un efecto dramático como frío/metódico, que nos lleva a ponderar esta historia como un llamativo experimento social afín a su sensibilidad artística. Con ello, Rabid cierra una puerta para dar paso a un umbral de exploración más íntimo, desde el benigno/caprichoso/indulgente Fast Company (1979) a intentos más serios y expresivos como The Brood (1979), Scanners (1981) y Videodrome (1983).