Scanners

Scanners es el punto de inflexión que transforma a David Cronenberg de un cineasta de culto en un maestro contemporáneo para presentar al cine de género con amplias y provocativas capas de contenido.

Scanners | Canada, 1981
Escrita y dirigida por David Cronenberg
Reparto: Stephen Lack, Jennifer O’Neill, Michael Ironside, Patrick McGoohan y Lawrence Dane
Musicalización por Howard Shore
Cinematografía por Mark Irwin
Edición por Ronald Sanders
Producida por Claude Héroux
Distribuida por Avco-Embassy Pictures

El magnífico realizador canadiense David Cronenberg nos transporta a un futuro no muy lejano, donde seres con poderes mentales llamados ‘scanners’ se ven envueltos en una intriga conspiratoria cuyo epicentro gira alrededor del vagabundo Cameron Vale (Stephen Lack) y el psicótico Darryl Revok (Michael Ironside), en un evidente curso de colisión orquestado por el reservado y excéntrico Dr. Paul Ruth (Patrick McGoohan).

En Scanners se demarca una notable inspiración conceptual en su primer film, Stereo, una cinta experimental de 1969 que en forma se presenta como un pseudo documental de ciencia ficción acerca de un diagnóstico clínico sobre la telepatía y que exhibe claramente como fondo las obsesiones temáticas del director con el cuerpo humano, teoría cuasi-científica, la mujer, la violencia y el sexo como herramientas narrativas audiovisuales.

Mientras en Stereo se teoriza sobre la interacción telepática entre los individuos y los medios posibles para fomentarla, Cronenberg pondera en Scanners su aplicación práctica y la reacción social que ello conlleva, creando alrededor de sus personajes un microuniverso futurista Alphaville-style que traza una historia alterna de la humanidad dominada por los intereses propios del complejo militar-industrial para sacar ventaja de estos superhumanos como armas de destrucción masiva.

Scanners es atípica, diferente a lo que Cronenberg tenía acostumbrada a su audiencia en sus trabajos previos en la década de los 70s con Crimes of the Future, Shivers, Rabid y The Brood, largometrajes que lo colocaron en un lugar privilegiado como cineasta de culto. En esta ocasión resalta una sutileza para demostrar las habilidades telepáticas y telekinéticas de sus personajes, desechando sobreexposición con un claro compromiso sobre la máxima de ‘show, don’t tell’.

En este sentido, Cronenberg provee una variedad interesante y bizarra de poderes mentales a medida que el protagónico encuentra telépatas a su paso — confiando plenamente en la inteligencia de su público para comprender estos desplantes paranormales, convenciéndonos a pesar de lo corny y acartonado de sus diálogos — su libreto cinematográfico falla al dotar de energía los preámbulos a los momentos importantes — para finalmente traer a la mesa un film sobre ideas, de prueba y error, logrando resultados interesantes donde logra un avance estilístico al plasmar en pantalla esta fijación en el nexo entre cuerpo y mente, explorando de una forma más interna que externa dicha simbiosis, y de igual forma aquella entre el hombre y la tecnología en una breve y trepidante secuencia — y que se consolida como un punto medio pero trascendente entre el esbozo inocente y simple de Fast Company (1979), y que llega a una fineza y brillantez con Videodrome (1983).

El aspecto más impresionante de Scanners es la forma en la que Cronenberg define y muestra la intrusión telepática sobre el ser humano normal: violenta, severa, gracias a una selecta y precisa edición de sonido que se traduce en un auténtico acto de transgresión cruento, terrible, doloroso, que deja cicatrices indelebles y que el realizador aprovecha para telegrafiar en la conciencia de sus espectadores más instantes de tormento masculino ante la presencia de la feminidad.

Estas dosis de agresión intangible son balanceadas con su tradicional ‘body horror’ en momentos clave, en los que el especialista Dick Smith nos regala una secuencia que ya es considerada como legendaria dentro del gore cinematográfico, así como coreografiar de forma exitosa un duelo telekinético de alto calibre donde la carne y la sangre llegan a un grado de deformación escalofriante.

La contribución musical de Howard Shore tiene resultados contrastantes, donde su score toma tintes melodramáticos que se vuelven inconsistentes con las imágenes mostradas al unísono, pero que se vuelve sumamente efectivo en los instantes finales de la cinta para ofrecer un alto impacto en su envolvente desenlace, que muestra una batalla de voluntades entre el manipulable y sin indicios de personalidad Cameron Vale y el perturbado Darryl Revok, víctimas de la desbalanceada dualidad del Nature vs. Nurture, volviéndonos a nosotros incapaces de discernir si estas almas son capaces de encontrar la redención, y que el subtexto proveído por el director no nos ofrece más que moral ambigua y repudio por sus acciones a lo largo del film.

Scanners marca un claro indicio en la transición que David Cronenberg realiza para encontrar un refinamiento en su estilo, que lo lleva de ser un cineasta de horror a convertirse en uno de los maestros contemporáneos más innovadores para torcer las reglas del cine de género de una manera provocativa y aguda.