A Zed & Two Noughts

Una aguda reflexión de la mortalidad bajo un lenguaje audiovisual y exploración psicológica sin precedentes.

A Zed & Two Noughts | Reino Unido, 1985
Escrita y dirigida por Peter Greenaway
Reparto: Brian Deacon, Eric Deacon, Andréa Ferréol, Frances Barber, Joss Ackland, Wolf Kahler, Gerard Thoolen y Guusje van Tilborgh; narración selecta por David Attenborough
Cinematografía por Sacha Vierny
Musicalización por Michael Nyman
Edición por John Wilson
Producida por Kees Kasander y Peter Sainsbury
Distribuida por Artificial Eye y Skouras Pictures

Con 5 décadas de trabajo, Peter Greenaway ha ofrecido excelentes muestras de estructuras artísticas experimentales donde analiza en formas desafiantes y contracorriente el nexo entre el hombre, su mente y el medio que lo rodea.

Dentro del escaparate del arthouse cinema, A Zed & Two Noughts (Una Zeta y Dos Ceros en español) es la ofrenda más efectiva que Greenaway exhibe en términos de composición fotográfica en tándem con elementos psicológicos, científicos, artísticos y dramáticos, creando un mundo complejo, colorido, curioso y envolvente, con un reparto de personajes que cuestiona a la naturaleza, el destino y su relación con las manifestaciones plásticas.

Esta es una cinta donde se establece claramente mi percepción acerca de lo aparente y vaga que es la idea del “cine de autor” como una propiedad individual. La visión autoral debe ser capaz de aceptar la contribución y talento de la gente alrededor de la producción cinematográfica y saber potenciarlo para crear un producto cuya intención trascienda y supere las expectativas de su audiencia.

No cabe duda que este film llega a puerto seguro gracias a la innovadora cinematografía de Sacha Vierny y las evocativas partituras del compositor Michael Nyman, formando así un triunvirato creativo cuyo output edifica una de las filmografías más vanguardistas, interesantes, agudas y urgentes de los últimos 30 años.

La película es un cúmulo de grandes ideas aterrizadas a lo largo de un drama que es presentado de la forma más inverosímil pero atrayente y fascinante, un estudio minucioso tanto de los misterios de la evolución y destrucción de los seres vivos – una obsesión científica lejos de nuestro alcance – como un análisis de la relación intrínseca entre la vida plasmada a través de las artes, además del anhelo y añoranza por aquello que nos completa como seres humanos y que creíamos haber perdido para siempre.

A Zed & Two Noughts narra los intentos de los hermanos Oswald y Oliver Deuce (Brian y Eric Deacon) por entender las causas de la muerte de sus esposas en un disparatado accidente automovilístico, entablando contacto con Alba, única sobreviviente del siniestro (interpretada por Andréa Ferréol), creando como resultado un sugestivo vínculo que revela capas desconocidas en la vida de estos hombres, a medida que empiezan un ambicioso proyecto de Biología en un zoológico cuyo principal objetivo es analizar detenidamente el proceso de decaimiento de las especies para encontrar respuesta a la mortalidad que azotó a sus cónyuges.

La cinta deambula una y otra vez entre sus extravagantes set pieces y reparto de personajes, incorporando sucesivamente las temáticas desarrolladas en el libreto cinematográfico en el que la simetría, la representación pictórica de la realidad y la transformación de la naturaleza con el paso del tiempo conjugan un escenario como pocas veces visto, donde se hace hincapié en la insoportable verdad de lo efímero de la existencia y lo irresoluto de sus misterios, y de cómo esos factores nos arrastran a evocar el pasado y vivir un presente con miedo y desconcierto sobre el futuro.

Los gemelos Deacon realizan una gran labor para llenar a la trama de un sentido contemplativo sobre la incertidumbre que los acecha, donde experimentan una metamorfosis que los convierte de seres distantes (y diferentes) a interdependientes (y similares). Su obsesión taxonómica con la descomposición animal es presentada de una forma muy singular, incluyendo una participación del documentalista David Attenborough cuyas realizaciones en la materia forman parte de las influencias de Greenaway en este film. Estas excentricidades nunca se perciben como un detrimento a la historia sino como un aderezo que le otorga mayores niveles de disección temática.

El director encuentra en Sacha Vierny al colaborador perfecto para impregnar sobre la pantalla todos estos contenidos. Vierny, quien fuera el fotógrafo de la esotérica, kaleidoscópica y recursiva L’Année dernière à Marienbad (Alain Resnais, 1961), crea una atmósfera que se consolida como una excelente compañera espiritual de aquella cinta, donde cada toma representa una viñeta pasiva y lejana que despierta a la memoria, al recuerdo, reforzando esta analogía del arte como manifestación estática del entorno.

Greenaway aprovecha estos encuadres silentes pero repletos de significados y cosas que decir para analizar la obra barroca del pintor holandés Johannes Vermeer (1632 – 1675), quien tradujo sobre su lienzo lo cotidiano con capas de misticismo verdaderamente cautivadoras, así como también el trabajo de su controversial falsificador por excelencia, Han van Meegeren.

The Allegory of Painting, c. 1666.

Woman in Blue Reading a Letter, c. 1663

Vierny emula a van Meegeren mostrando un esfuerzo consciente para recrear a través de la luz en múltiples configuraciones el aura enigmática de las composiciones de Vermeer, apoyado por un destacado diseño de producción y vestuario por parte de Ben van Os, Jan Roelfs y Patricia Lim.

The Music Lesson, c. 1662 

The Geographer & The Astronomer, c. 1668

La influencia se convierte en meta-comentario cuando el propio Greenaway incluye las composiciones artísticas de Vermeer en el encuadre, con el fin de cincelar en nuestras consciencias los planteamientos fundamentales de su inusual y provocativo relato fílmico. Los roles desempeñados por Alba, la seductora Venus de Milo (Frances Barber), el sofisticado Felipe Arc-en-Ciel (Wolf Kahler) y facsímiles del propio van Meegeren y la esposa de Vermeer Catharina Bolnes en la persona de Gerard Thoolen y Guusje van Tilborgh son el conducto a través del cual el realizador explora esta idea a profundidad.

Este largometraje nos remite a la percepción elíptica de la propia Marienbad gracias al atinado score de Michael Nyman, cuyas composiciones musicales – en especial temas como la melancólica y demencial Prawn Watching, la vertiginosa y trepidante Angelfish Decay, la desoladora Car Crash y la tristeza dramatúrgica de Time Lapse – sorprenden con agudos y frenéticos acordes de cello y violín (además de variaciones de los mismos temas en diversos tempos) estableciendo instantes que transcurren a gran velocidad a través del recurso del time-lapse photography, así como también atmósferas nostálgicas y de desesperación evidente, en el que las respuestas concretas distan de ser asequibles para los protagonistas, creando un ciclo tormentoso del cual no pueden escapar.

A título personal, A Zed & Two Noughts es el logro más importante de Peter Greenaway en el séptimo arte, una obra definitiva en su ilustre carrera cuyo sentido de la metáfora visual nos transporta a una intersección interesante entre la condición humana y las artes, y que como proeza colaborativa entre sus participantes nos incita a reflexionar sobre fuerzas fundamentales que el raciocinio, las emociones y el propio método científico no han logrado descifrar, creando a su vez una plantilla narrativa que será el estándar para sus posteriores realizaciones.