Days of Heaven

Escrita y dirigida por Terrence Malick, Days of Heaven nos presenta la lucha de la clase trabajadora en el medio citadino y en el rural, con una cinematografía virtuosa que evoca momentos con connotaciones bíblicas.

Days of Heaven | Estados Unidos, 1978
Escrita y dirigida por Terrence Malick
Reparto: Richard Gere, Brooke Adams, Sam Shepard y Linda Manz
Cinematografía por Néstor Almendros y Haskell Wexler
Musicalización por Ennio Morricone
Edición por Billy Weber
Producida por Bert Schneider y Harold Schneider
Distribuida por Paramount Pictures

Tras un extraordinario debut con la cinta de crimen poético Badlands (1973), Terrence Malick (The Thin Red Line, The New World, The Tree of Life) se confirmó como un realizador contracorriente, más interesado en romper los moldes del storytelling a través de un discurso filosófico que se impone sobre el diálogo conversacional casual y el gran artificio Hollywoodesco.

Al más puro estilo del neorrealismo italiano pero lejos de seguir sus reglas verbatim, Days of Heaven narra la lucha de la clase trabajadora, donde una tragedia obliga a Billy (interpretado por Richard Gere) a escapar del medio citadino junto a su amada Abby (Brooke Adams) y la joven Linda (Linda Manz).

El veleidoso destino los lleva a un idílico campo rural, donde trabajan cosechando trigo. Con el correr de las estaciones, se gesta un triángulo amoroso entre Billy, Abby y el solitario dueño del lugar (Sam Shepard).

La historia es contada desde el punto de vista de Linda, cuya narración es de lo más sentida posible, describiendo a un sector social cuyos sueños y esperanzas encuentran solamente el trabajo mal pagado, el duro trajín, y la infinita tristeza. El insight proveído por esta niña es reforzado por la increíble cinematografía de Néstor Almendros y Haskell Wexler, así como también la nostalgia musical compuesta por el genio de un Ennio Morricone.

Este equipo creativo abre nuestras conciencias para contemplar un paraíso multicolor donde la naturaleza, las máquinas de vapor y las edificaciones hechas por el hombre sobre el infinito espacio campirano nos traen una atrayente versión industrial del Génesis bíblico.

El mayor logro de esta película recae en el manejo de la sutileza, donde los escasos diálogos proveídos en el guión de Malick refuerzan cada escena, donde el lenguaje corporal y las expresiones faciales carentes de alivio y aliento nos traen situaciones donde la dureza emocional, la comunión entre lo tangible descrito a través de lo poético y los símbolos sacros toman prominencia.

Otro de los temas clave que se revelan a lo largo de la trama es la búsqueda de la pertenencia y de las cosas que nos definen y completan como seres humanos. En su narración, Linda nos hace ver las similitudes entre Billy y el dueño del sembradío, cuyas vidas tienen un vacío que todo este paraíso que se muestra ante sus ojos no lo puede llenar, conduciéndolos a un conflicto cuyas consecuencias asemejan a la Ley del Talión, donde Richard Gere sin duda alguna consolida su papel definitivo en el séptimo arte.

Cabe señalar que este esfuerzo creativo tuvo sus bemoles durante la grabación de esta película, ya que tanto Malick como Almendros tuvieron que lidiar con las convenciones y costumbres de una producción al estilo de la vieja escuela de Hollywood, enfrentando a un equipo de producción cuyo estilo entró en curso de colisión con la visión minimalista, gran inventiva y economía en la composición de tomas del director y su cinematógrafo.

Almendros logra sobresalientes secuencias realizadas con luz natural, en horarios apretados donde el Amanecer, el Atardecer y el Anochecer les regalaron a esta realización efectos visuales sorprendentes, siendo una plaga de langostas y un incendio espectacular una conjugación perfecta para crear situaciones donde las connotaciones religiosas se hacen presentes.

El propósito de Malick con Days of Heaven siempre se hace evidente sobre la narrativa: mostrar las vicisitudes del proletariado durante la Revolución Industrial, a través de diferentes paisajes y viñetas en los que se retratan vistas que evocan momentos oníricos sin igual.

La conclusión de la cinta nos remite claramente a elaborar una metáfora con la inolvidable cita del autor irlandés C.S. Lewis en la novela The Last Battle. Dicho esto, quedamos plenamente convencidos que Days of Heaven es un breve pero inmortal y sentido pasaje en la gran vida del progreso Americano:

“… now at last they were beginning Chapter One of the Great Story which no one on earth has read: which goes on for ever: in which every chapter is better than the one before…”

Trascendiendo más allá de la vida en el campo, Linda continúa narrando lo que sucede a su alrededor, entablando amistades, reflexionando, catalogando, luchando cara a cara contra su infortunio provocado por la escasez, buscando hacer realidad un sueño que sigue siendo elusivo para ella, dejando en la audiencia una huella imborrable de un magnífico drama cuya temática de gran relevancia perdura y se extiende hasta nuestros días.