Man Bites Dog

Una cinta demoledora, que asciende gratamente por encima de sus influencias. Cinéma, Cinéma, Cinéma, indeed…

Man Bites Dog | Bélgica, 1992
Dirigida por Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde
Libreto cinematográfico por Belvaux, Bonzel, Poelvoorde y Vincent Tavier
Reparto: Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde
Cinematografía de André Bonzel y Jean-Claude Moschetti
Musicalización por Jean-Marc Chenut
Edición por Rémy Belvaux y Eric Dardill
Producida por Les Artistes Anonymes

Una verdadera obra maestra de bajo perfil, C’est arrivé près de chez vous (“Ocurrió cerca de su casa”, “Man Bites Dog” a nivel internacional), fue una producción franco-belga que satiriza la participación sin freno moral de los medios audiovisuales para fomentar elementos explotativos en la sociedad de consumo contemporánea.

Su divertido pero brutal contenido trae a la mente films como A Clockwork Orange (Kubrick, 1972), Peeping Tom (Michael Powell, 1960) y A bout de souffle (Jean-Luc Godard, 1960). Sin embargo, Man Bites Dog se aleja de caer en el pastiche, ofreciendo una efectiva narrativa en cinema verité, la cual detalla la realización de un pseudo documental sobre la vida de un carismático, excéntrico y culto asesino serial, cuyo encanto, jovialidad, ingenio y desplantes de picardía, crítica social y apreciación de las artes plásticas y visuales contrastan sobremanera con sus tendencias homicidas, racistas, su crueldad y desprecio absoluto.

A diferencia de Belmondo en A bout de souffle, Benoît Poelvoorde crea una personalidad mucho más radical e interesante, donde eleva a niveles exponenciales los tintes bohemios, despreocupados y cómicos, añadiendo una volatilidad que crea situaciones que impresionan, sacan de balance y provocan tanto el aplauso como el repudio de la audiencia.

Este mercurial repertorio histriónico y comodidad inusitada ante la cámara lo llevarían al reconocimiento internacional y a una sólida carrera dentro del cine francés.

Rémy Belvaux (1966-2006) y André Bonzel tejen una incisiva crítica que inteligentemente se esconde entre la comedia negra que abunda en su film, donde la moralidad es comprometida cuando existe el involucramiento en actividades cuestionables, donde la violencia se despliega sin recato alguno a medida que la sátira se hace cada vez más evidente cuando el propio equipo de filmación se convierte de espectadores mudos a participantes activos.

Man Bites Dog trasciende, donde su peculiar estilo precede al boom del ‘Reality Television’, así como también se convierte en fuente de inspiración para cintas como la mal lograda Natural Born Killers (Oliver Stone, 1994) cuyo guionista original, Quentin Tarantino, es fan de esta cinta europea y de la que sin duda toma prestado elementos estilísticos para delinear la conducta de sus personajes.

Los realizadores presentan un film maduro y consciente, de alto impacto, en el cual la audiencia es atrapada, llevándolos a un estado de complicidad donde la curiosidad morbosa por saber lo que el destino les depara a los personajes es sumamente tentadora a cada instante. 

Esto da como resultado una gran cinta cuya temática cobraría gran resonancia a medida que se abrió paso la década de los noventas con la aceleración de la economía globalizada y la saturación de los medios electrónicos.