Canoa

Dentro de la historia fílmica de México, el impacto satírico y la brutal crítica social de Canoa sigue vigente hasta nuestros días.

Canoa | México, 1975
Dirigida por Felipe Cazals
Libreto cinematográfico por Tomás Pérez Turrent
Reparto: Roberto Sosa, Sr., Arturo Alegro, Carlos Chávez, Jaime Garza, Gerardo Vigil, Sergio Calderón, Salvador Sánchez, Ernesto Gómez Cruz y Enrique Lucero
Cinematografía por Alex Phillips, Jr.
Edición de sonido por Manuel Topete y Sigfrido García
Edición por Rafael Ceballos
Producida por Roberto Lozoya

Canoa forma parte de la filmografía definitiva de denuncia social en México, una cinta de contrastes presentados a través de una sátira sutil de impacto contundente, bajo un contexto histórico turbulento y controversial en el país.

Esta cinta, ganadora del Premio del Jurado en la Berlinale alemana de 1976, se suscita en el ámbito de los movimientos estudiantiles en 1968, donde 5 jóvenes tienen un destino trágico durante su estancia en el pueblo de San Miguel Canoa, en el estado de Puebla.

Siendo confundidos por disidentes, Julián González Báez (Roberto Sosa, Sr.), Ramón Calvario Gutiérrez (Arturo Alegro), Miguel Flores Cruz (Carlos Chávez), Roberto Rojano Aguirre (Jaime Garza) y Jesus Carrillo Sánchez (Gerardo Vigil) encuentran un ambiente hostil que los atosiga, desconcierta, y aminora su entusiasmo por ir de excursión hacia la Montaña de La Malinche.

Para su mala fortuna, se topan con un poblado bajo el control de un párroco (Enrique Lucero) cuyo discurso hipnótico exacerba a la gente.

Es muy interesante el enfoque narrativo de Canoa, donde su director Felipe Cazals emplea un formato fragmentado de pseudo-documental y drama, donde a través de monólogos picarescos se desmenuzan las causas que provocan que un pueblo entero se una en armas para aniquilar a una amenaza inexistente, pero que es sin duda nociva para quienes desean mantener su dominio sobre las mentes débiles e impresionables, forjadas como resultado de las inherentes carencias en el sector rural mexicano y que los grupos en el poder se han dedicado a fomentar.

La cinta invoca símbolos breves, pero muy poderosos, en donde la sociedad iracunda pide justicia, equidad y atención, ante la mirada complaciente de quienes lo tienen todo. Los representantes institucionales se presentan bajo el velo del anonimato, cuya efigie está oculta, donde unos lentes oscuros nos demuestran que alguien que esconde su mirada esconde también la verdad.

Canoa establece un take no prisoners approach, donde los medios de comunicación, el clero y el gobierno mantienen sus intereses, así como también los grupos disidentes a los que atacan mantienen agendas secretas, creando un ambiente nebuloso donde la susceptibilidad del pueblo se ve influenciada para crear un ambiente rancio y de desconfianza donde nadie está seguro.

En el aspecto actoral, se refuerza un sentido de inocencia y positivismo en los protagonistas que se torna en pasividad y temor. El libreto se esfuerza mucho por hacer funcionar esta caracterización, pero esto resulta en situaciones cómicas planas, quedando a deber en este aspecto.

Sin embargo, el guión creado por Tomás Pérez Turrent triunfa al relatar la situación socio-política del pueblo, denunciando las desigualdades causadas por el dominio clerical sobre la gente y el uso del dinero a discreción de unos cuantos, donde la deliberada mala dicción y lenguaje coloquial en momentos precisos crea momentos satíricos brillantes, así como arranques violentos de auténtico repudio, y cuyo desenlace provee tintes macabros.

Canoa es un documento fílmico cuya relevancia no decae, y que nos recuerda una y otra vez la peculiar situación que permea en los estratos sociales mexicanos hasta nuestras fechas. Felipe Cazals continuaría en 1976 con este extraordinario ejercicio de concientización y reclamo en cintas como El Apando y Las Poquianchis, completando una trifecta de largometrajes que son de los mejores hechos en la historia del cine mexicano.