Faust

Faust | República Checa, 1994
Escrita y dirigida por Jan Švankmajer
Reparto: Petr Cepek
Cinematografía por Svatopluk Malý
Musicalización por Olga Jelínková, Zbynek Mateju y Alan Vitous
Edición por Marie Zevanová
Producida por Jaromír Kallista

Recuerdo muy bien esta cinta (Lekce Faust en su idioma original), al verla a los 17 años en un ciclo de cine mundial en un canal de cable, y aún con el pasar del tiempo me sigue impresionando.

Jan Švankmajer, siendo un cineasta visionario, presenta el relato de Goethe fiel a su estilo surrealista y aderezado con técnicas de animación en stop-motion y con figuras de plastilina, impregnando la pantalla de sus peculiares obsesiones simbólicas como es el caso de pollos, maniquíes, huevos y grandes cantidades de comida.

La cinta presenta de modo inusual la tentación hacia Fausto, donde Petr Cepek nos conduce por un tour de force, entrando en un estado casi de trance, donde deja de lado lo cotidiano para adentrarse sin temor alguno en lugares semejantes a los conocidos por el hombre pero dotados de propiedades mágicas, a ser poseído por fuerzas claramente nocivas y cuya raíz e influencia es claramente de carácter interno que una de tipo externo y de orígenes teológicos.

La aceptación total de su personaje ante esta intrusión grotesca de lo fantástico se basa en una ruptura de la ‘cuarta pared’. Švankmajer establece claramente que estamos viendo ‘su versión’ de este relato épico, y que a través de las manos de un misterioso titiritero se dicta una y otra vez la entrada y salida de elementos visuales y narrativos, creando de pronto una realidad bizarra pero atractiva para el espectador, donde su última media hora sólo se puede catalogar de desafiante, en la cual colisiona un increíble mash-up teatral y literario de difícil digestión y que podría parecer para algunos off-putting.

Parte del encanto en la filmografía de Švankmajer es su apego por dotar de grandes dosis de comicidad en lo absurdo de sus obsesivamente detallados y caóticos escenarios, generando un ambiente genuino de curiosidad donde la audiencia queda cautivada desde el primer instante.

Faust confecciona un espectáculo visual donde se abren umbrales hacia lo onírico, donde el guiñol, animaciones cuadro por cuadro y la gastronomía se ponen al servicio de la narrativa en formas inusuales, dando como resultado una atmósfera sobrenatural que reta a nuestros sentidos, tentándonos a aceptar a lo extraño como parte de la norma y como un reflejo honesto de aquellas sensaciones ocultas en la profundidad de nuestros subconscientes.