Suicide Club

SCLUBposterSuicide Club | Japón, 2001
Escrita y dirigida por Sion Sono
Reparto: Ryô Ishibashi, Masatoshi Nagase, Akaji Maro, Saya Hagiwara, Yoko Kamon y Kazuo “Rolly” Teranishi
Cinematografía por Kazuto Sato
Musicalización por Tomoki Hasegawa
Edición por Akihiro Oonaga
Producida por Omega Project, Seiya Kawamata, Junichi Tanaka y Toshiie Tomida
Distribuida por Earthrise y TLA Releasing

Suicide Club (conocida también como Suicide Circle 自殺サークル en Japón) esconde un interesante comentario social a través de diferentes disfraces y matices estilísticos. En palabras de su propio realizador, Sion Sono, toda su obra cinematográfica se basa en analizar aspectos fundamentales tales como la familia, las causas de su ruptura, la revitalización de sus relaciones y la comunicación.

Su estreno en 2001 coincide con la aparición de un film de similar manufactura, como lo es el tétrico, depresivo y urgente thriller Pulse (Kairo 回路, por Kiyoshi Kurosawa), el cual también comparte las mismas diatribas sobre la desensibilización del público ante lo violento y el quebranto de los valores cívicos, así como la soledad y alienación provocados por una “vida digital”.

Mientras que Pulse se decanta por desarrollar sutil y melancólicamente este último punto, Suicide Club por su parte explora todos estos vértices temáticos pero sin ofrecer respuestas sencillas, empleando para este fin interesantes metáforas que hacen hincapié en esta actitud de reclamo hacia las masas, absortas por la búsqueda obsesiva de la fama inmediata, el materialismo indoctrinado por parte de los medios de comunicación y la creciente dependencia de recursos electrónicos como vehículo para entablar relaciones interpersonales.

Es en el uso de variantes tales como el shock value, el horror desinhibido, divertidos segmentos musicales, atinada sátira, existencialismo subjetivo y el drama de crimen procedural, que la película alcanza un salto de calidad y evoluciona sin perder su enfoque como manifiesto, sacrificando claridad narrativa a favor de alcanzar este objetivo final.

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“I’m the Charles Manson of the information age!”

Y es que la cinta entra en un estado de confusión intencional a manera de amartillar sobre el subconsciente del espectador estas preocupaciones sociales. La intrusión de lo fantástico nos pone en sobre aviso de este propósito, inundando a la trama de puntos de quiebre en donde los misterios propios de un whodunnit son sustituidos por discursos filosóficos que nos recuerdan tanto verbal como visualmente a aquel controversial Episodio No. 26 del anime televisivo Evangelion (!), y un brevísimo guiño visual a American Beauty (Sam Mendes, 1999) y que si los situamos a ambos en el contexto y fecha de realización de este largometraje, resaltan como una influencia no solamente reciente sino notable y apropiada.

La brecha generacional es un motif que se hace presente en la segunda mitad de la cinta y se convierte en parte fundamental para hacer énfasis en cómo la sociedad pensante es absorbida por estos vicios antes mencionados, mientras que la infancia guarda en su inocencia la clave para preservar su integridad como seres auténticos.

El renombrado cineasta de culto japonés Hideo Nakata declaró alguna vez la importancia que encierra la simplicidad infantil y su vínculo con estos umbrales fantásticos y reveladores, y que se ajustan al dedillo con las ideas plasmadas en Suicide Club:

“In The Exorcist, The Omen, kids are usually close to another world. They imagine more things, so then the imagination helps another world’s existence to come close to them. Maybe it’s just a psychological thing, but kids who say they can see ghosts, they are full of imagination.

I think that all these things are probably scarier than monstrous creature in the movie, because then the larger audience can relate to the main character’s fear much better than seeing strange monsters.”

A medida que se diluye la efigie terrible de un (improbable) asesino, más y más las voces y presencias infantiles saturan a la película, dejando entrever un motivo aparente además de contar una historia de terror y suspenso poco convencional.

Todos estos elementos hacen de Suicide Club toda una curiosidad y uno de los ejemplos definitivos del horror de vanguardia, en su afán por buscar rumbos atractivos para una audiencia ávida de encontrar relatos que sacudan los moldes fundamentales en sus géneros fílmicos favoritos.

“Are you connected to yourself?”