The Empire Strikes Back

The Empire Strikes Back | Estados Unidos, 1980
Dirigida por Irvin Kershner
Libreto cinematográfico por Leigh Brackett y Lawrence Kasdan; basada en una historia por George Lucas
Reparto: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Billy Dee Williams, Anthony Daniels, David Prowse, Kenny Baker, Peter Mayhew, Frank Oz y James Earl Jones
Cinematografía por Peter Suschitzky
Musicalización por John Williams
Edición por Paul Hirsch
Producida por Gary Kurtz y George Lucas
Distribuida por 20th Century Fox

Segundo capítulo en la trilogía original, The Empire Strikes Back formula un enfoque el cual atraparía irremediablemente a la mitología de Star Wars, tanto en la filmografía posterior de la saga como su universo expandido multimedia: la pesadumbre, las pequeñas pero infructuosas victorias, la constante preocupación, la paranoia y la transformación de una actitud aventurera a una de rebelión. George Lucas proyecta a través de este film estas emociones a medida que se incrementan las turbulencias personales que lo azotaron a mediados de la década de los 80s (conflictos con la propia maquinaria de Hollywood y su divorcio).

De la misma forma que en la primera cinta (Star Wars, 1977), Empire es un film que vuelve a demostrar que Lucas es un hombre de ideas brillantes a múltiples revoluciones, pero que son puestas en la dirección correcta gracias al trabajo de sus colaboradores.

The Empire Strikes Back supera a su antecesora gracias al atinado guión de Lawrence Kasdan (quien transforma aventura épica por autodescubrimiento y drama) y Leigh Brackett (de amplia experiencia en Hollywood creando personajes de caracterizaciones sólidas), donde Peter Suschitzky — quien posteriormente cobraría mayor reconocimiento al ser colaborador frecuente de David Cronenberg — amplifica la estética visual de la cinta original con una cinematografía más pulcra, combinando el paraíso aéreo de Bespin y la pulcra intimidad del gélido Hoth con la brutal soledad de Dagoba y las inquietantes atmósferas que amenazan acabar con nuestros héroes en las escenas finales de la cinta.

Esta combinación logra ser aprovechada por el realizador Irvin Kershner para sacar lo mejor de Mark Hammill, Harrison Ford y Carrie Fischer, cuyo entusiasmo inicial se torna en melodrama y tragedia. Kerschner entiende el viacrucis que deben pasar sus protagonistas, quienes de nueva cuenta muestran soltura y confianza plena para llevarse al bolsillo a la audiencia, algo crucial en este segundo acto dentro de la saga.

Junto a Raiders of the Lost Ark (1981), este es el esfuerzo más fino de Lucas como productor, cuya inventiva lo lleva a crear un universo fílmico tan vasto con el objetivo de compartirlo con sus colegas y con una comprensión de la naturaleza de su obra y de las fronteras que desea cruzar con ella. Cabe señalar que de la mano de Kerschner y Kasdan, Empire logra analizar y mostrar atractivos rasgos temáticos, visuales e ideológicos llenos de transformación, reclamo institucional y conflicto interno, aderezados por un score musical por John Williams que supera en alcance a la primera parte, sintiéndose verdaderamente su peso en los momentos cumbre del film.

Desairada en un inicio, Empire ha logrado una revaloración que la sitúa en el momento cumbre de una franquicia que ha sido desde su concepción sumamente exitosa, y cuyo lustre no se ha diluido a pesar de la obsesión por el control que ha llevado a su creador a añadir digitalmente instantes que algunos considerarán intrascendentes sobre su narrativa.

Sombría y de gran dureza, Empire se convierte en el sinónimo definitivo de la opresión del hombre bajo los engranes de un sistema a la vez presente e  invisible, brutal e inquisidor, y cuya relevancia nos habla de lo importante que es para el hombre el encontrar a través del arte una metáfora que describa a la perfección los momentos oscuros por lo que atraviesa una generación en particular.