The Raid: Redemption

Action film en gran forma, con profundo subtexto y que respeta influencias pero que se mueve libremente alrededor de ellas, actualizando sus reglas en el proceso.

The Raid: Redemption | Indonesia, 2011
Escrita y dirigida por Gareth Evans
Reparto: Iko Uwais, Donny Alamsyah, Yayan Ruhian, Joe Taslim y Ray Sahetapy
Cinematografía por Matt Flannery
Musicalización por Fajar Yuskemal y Aria Prayogi (Indonesia); Mike Shinoda y Joseph Trapanese (Estados Unidos)
Edición por Gareth Evans
Producida por PT.
Merantau Films y XYZ Films
Distribuida por Celluloid Nightmares, Sony Pictures Classics y Stage 6 Films

No se puede describir mejor: 1 ruthless crime lord. 20 elite cops. 30 floors of chaos.

Sin aditivos innecesarios, The Raid: Redemption es uno de los films más laureados en el último lustro gracias a un esfuerzo creativo que desecha pretensiones, siendo completamente honesto con su público para entregar una cinta de acción a miles de revoluciones, de gran frenesí y siendo cuidadoso con respetar con precisión sus parámetros dentro del cine de género por sobre el cual se rige.

El galés Gareth Evans hace su carrera en el cine de Indonesia y su admiración por las artes marciales bajo el lenguaje cinematográfico es evidente. The Raid (‘Serbuan maut’ en su idioma original, ‘La Redada’ en español) se presta de excusas narrativas en dosis adecuadas para avanzar a la trama y con el fin de darle énfasis en lo que todo mundo quiere ver al entrar a la sala cinematográfica, o al verla desde la comodidad de su hogar: desplantes pirotécnicos y combates espectaculares coreografiados con gran sapiencia, donde la figura del artista marcial Iko Uwais se levanta a alturas insospechadas, donde su viacrucis físico nos envuelve en una suspensión de la incredulidad verdaderamente satisfactoria.

The Raid me recordó en primera instancia una secuencia memorable dentro de un film Hongkonés de acción titulado Time and Tide (2000) – dirigida por Tsui Hark, una eminencia en la materia.

Dicha escena en Time and Tide – una álgida persecución en un imponente y decadente complejo habitacional, donde un refrigerador toma la batuta como un instrumento importante para mover al plot – es tomada por Evans como plantilla y la expande a más de 100 minutos de duración, eliminando cualquier indicio de reverencia sino añadiendo una novedosa serie de combates inmisericordes entre sus protagonistas en bandos opuestos.

Evans es consciente del producto que ha manufacturado, por lo que no se preocupa por conceptos como ‘profundidad’, ‘caracterización’ y ‘ambigüedad moral’, dejando en la audiencia la tarea de gestar estas interpretaciones. Si buscamos un fondo, sus personajes posiblemente vislumbran ciertos atisbos a estas propiedades argumentales – donde el film quizás sea una metáfora del hombre racional y social entrando a umbrales que lo transforman como un ser autodestructivo y corrupto, pero que encuentra en algunos espacios tanto esperanza como bondad. The Raid es inteligente al mostrar a la condición humana en luz y sombra en conflicto mortal pero sin definir a un ganador absoluto ya que no lo puede haber, sólo triunfos que los llevan a la promesa (efímera) de una inevitable (pero elusiva) confrontación definitiva.

La versión que vi de The Raid incluye el score musical de Mike Shinoda (Linkin Park) y Joseph Trapanese (Dexter, Tron: Legacy, The Bourne Legacy), el cual es efectivo al no tomar la palestra sino que complementa a las vertiginosas peleas y los momentos de desesperación cuando los protagonistas se sumergen en su monumental escenario. Shinoda trae a la mesa su reconocida influencia electrónica, dejando al final de la trama contribuciones de nu metal durante los créditos finales, las cuales nos proveen de un sentido de catarsis y liberación ante la infinidad de instantes de acción plena y sangrienta que acabamos de atestiguar.

En términos generales, el realizador denota un compromiso por entregar una pieza de género feroz y visceral, visualmente provocativa y siendo propositivo al incorporar elementos que la revitalizan para el beneplácito de los espectadores ávidos de cine de entretenimiento al extremo.