Tokyo Drifter

Tokyo Drifter radicaliza y eleva la simplicidad de su plot a alturas insospechadas a base de un estupendo esfuerzo de experimentación audiovisual y locura autoconsciente.

Tokyo Drifter | Japón, 1966
Dirigida por Seijun Suzuki
Libreto cinematográfico por Yasunori Kawauchi
Reparto: Tetsuya Watari, Chieko Matsubara, Isao Tamagawa, Ryuji Kita y Hideaki Esumi
Cinematografía por Shigeyoshi Mine
Musicalización por Hajime Kaburagi
Edición por Shinya Inoue
Producida por Tetsuro Nakagawa
Distribuida por Nikkatsu

Condenado por su excéntrico estilo por el Estudio Nikkatsu, Seijun Susuki encuentra el reconocimiento dentro del séptimo arte mucho tiempo después, alabado como uno de los exponentes más destacados de la llamada Nueva Ola Japonesa durante la década de los 60s.

Y hablando del término “Nueva Ola”, Tokyo Drifter se percibe sobremanera como un híbrido de esa revolucionaria tendencia surgida en el cine francés. Suzuki prescinde de la continuidad regular que preserva el cine comercial y asume el reto de brindar al público una consistencia, basada en el ahorro excesivo de preámbulos innecesarios, saltos en la narrativa entre una escena y otra que sitúan a los personajes en diversas situaciones como si fuese un cómic donde el público es forzado a completar con su imaginación dichas transiciones.

La cinta narra los predicamentos de ‘Phoenix Tetsu’, un asesino fiel a su patrón que ha dejado atrás su vida en el crimen, pero que no está exento de la envidia y la ambición de otros cárteles rivales por sus propiedades y territorio. Tetsu se ve envuelto en un complicado juego de intereses donde su lealtad se pone a prueba y la alternativa del amor verdadero tiene un precio muy alto.

Love this sequence, by the way

Siendo apenas su tercer film, Tetsuya Watari deja una huella indeleble como el solemne Phoenix, a quien Suzuki lo coloca en una serie de conflictos disparatados donde la norma no tiene cabida, desde lugares envueltos por la psicodelia sesentera, la aparente tranquilidad de su hogar, el gélido invierno japonés y en escenarios surrealistas multicolores o monocromáticos.

El equipo de producción crea realmente ambientes que despiertan nuestra atención, así como un excelente montaje que nos pone alertas para no perder detalle alguno. Tokyo Drifter no desperdicia tiempo, mostrando además un sentido de riesgo y playfulness, y desde su primera secuencia — que cambia de blanco y negro a impactante color en cuestión de minutos –garantiza una experiencia que nos causa tanto extrañeza como total interés.

Reducir a la cinta como una modernización de las historias del Ronin/Masterless Samurai sería injusto, ya que los detalles antes mencionados son los que colocan a Tokyo Drifter en un escaparate diferente.

Suzuki emplea las técnicas de la Nouvelle Vague como un medio para crear una pieza de humor y acción en el terreno de lo absurdo fuera de serie, en el que se respira un feeling de ‘anything goes’ que es perfecto, donde este solitario e impecablemente vestido hitman se mueve con soltura en atmósferas cuya configuración en forma, color y contenido temático (desde el relato de honor, western, thriller conspiratorio, comedia ligera, action film y surrealismo) evoluciona sin freno alguno, donde epónima canción ‘T?ky? nagaremono’ recitada por Watari es el común denominador en este mundo gobernado por un caos artístico que está lejos de sentirse fuera de tono.

Tokyo Drifter es tanto una curiosidad como una asignatura obligada para todos los amantes del cine avant garde y de culto. Una aventura estrafalaria y llena tanto de geniales y estructuradas batallas como de incomprensibles escenas en sucesión que le ofrecen un encanto como pocas veces visto.