Don’t Look Now

El caleidoscopio sobrenatural…

Don’t Look Now | Reino Unido, 1973
Dirigida por Nicolas Roeg
Libreto cinematográfico por Allan Scott y Chris Bryant
Basada en la historia homónima por Daphne du Maurier
Reparto: Julie Christie y Donald Sutherland
Cinematografía por Anthony B. Richmond
Musicalización por Pino Donaggio
Edición por Graeme Clifford
Producida por Casey Productions y Eldorado Films

Una oferta de trabajo en la ciudad de Venecia parece ser la oportunidad ideal de una pareja para continuar su vida y sobrellevar el gran vacío provocado por la muerte de su hija. Sin embargo, la resignación parece ser elusiva cuando una clarividente les trae la noticia de que el alma de su hija quiere advertirles que algo terrible está por sucederles…

Una de las películas de suspenso más inquietantes de todos los tiempos, Don’t Look Now se consolida como un escaparate donde se crea un caleidoscopio sobrenatural donde lo macabro, lo onírico y esotérico acechan al mundo real, amenazando con engullirlo por completo.

 

A su vez, Don’t Look Now eleva los elementos de horror psicológico, donde el rojo carmesí es un leitmotif que anticipa al velo del peligro como algo omnipresente, moldeando un enigma Hitchcock-iano cuyas pistas son inconexas y que sólo pueden atarse a manera de premoniciones, además de contener una de las escenas de sexo más controversiales, que por su franqueza y gran manejo del inuendo raya en los límites de lo provocativo y lo gratuito.

Y esto se debe gracias a la maestría con la que su realizador, Nicolas Roeg, ensambla a su cinta, con un montaje que solamente se puede catalogar como visionario, atrevido, con una confianza plena de que hará embonar las piezas en el tablero, a pesar de su estructura fragmentada, inconexa en ocasiones, pero que es vital para potenciar el sentido de desconcierto en su audiencia, haciendo hincapié en la naturaleza paranormal de su relato, en el cual se analiza el pesar de una pareja que ha perdido lo más importante y cuya esperanza de salir adelante se ve cortada de tajo por malos augurios que los someten a una espiral de consecuencias mortales.

Julie Christie y Donald Sutherland encarnan a este matrimonio al borde del colapso, donde Roeg y su editor Graeme Clifford se toman su tiempo para construir sus personalidades en conflicto, creando una atmósfera de autenticidad, 100% humana que crea empatía con la audiencia ante su predicamento, el cual se mantiene elusivo hasta los últimos momentos del film. Su precisa edición hace un esfuerzo mayúsculo por desarrollar un ambiente rancio y abstracto, y que genera una convergencia de eventos en la vida de ambos. La cinta se convierte en un objeto flotante entre el tiempo y el espacio, en el cual presente, pretérito y futuro rompen las barreras que los separan y parecen formar parte de un todo.

La película parece por momentos crear una realidad torcida, un reflejo malévolo que se burla y aprovecha del penar de los personajes. Roeg no esconde esta intención al poblar a la cinta de espejos y agua cristalina que distorsionan lo común, y la saturación del color rojo le da a la película esta sensación de ser llevados a otro mundo.

La naturaleza de coalescencia temporal es un sello característico de Roeg, donde desafía la percepción del público y que parece engañar a sus sentidos, pero con el objetivo de llevar a una experiencia que despierte en ellos una reacción favorable, un interés al crear algo novedoso por encima de la norma. En las manos de este director, Don’t Look Now trasciende, donde el ocultismo, la psicología detrás del dolor ajeno y el empleo de la clásica escenografía expresionista — teniendo lugar en la ciudad de Venecia, cuyas laberínticas y caóticas calles y sus rutas acuáticas desarrollan un misticismo sobrecogedor, fantástico — son llevados a límites nunca antes vistos.

Este mundo en el umbral de lo surreal y lo mundano es confeccionado en base a un cúmulo de imágenes que imperan sobre las palabras — el drama es amplificado por el lenguaje corporal más que los intercambios sentidos, aunque breves, de sus protagónicos — y que se hacen acompañar por un score musical impresionante de Pino Donaggio que es sumamente nostálgico, evocando a memorias dolorosas y a instantes fuera de lo normal, trágicas en su manufactura, sacándonos de balance en todo momento.

Don’t Look Now es más que un ejercicio notable en el montaje. Es un testamento del poder que las imágenes en diferentes tempos, tonalidades cromáticas y en secuencias y/o estructuras innovadoras provocan sobre el subconsciente de un público, confirmando a Nicolas Roeg como un ilusionista capaz de trastornar y convertir a la realidad que captura en su lente en experiencias sensoriales que nos seducen e invitan a formular diversas interpretaciones.