Eraserhead

El Cine en un auténtico, perfecto e irrepetible estado de fuga.

Eraserhead | Estados Unidos, 1977
Escrita, producida y dirigida por David Lynch
Reparto: Jack Nance, Charlotte Stewart, Allen Joseph, Jeanne Bates, Judith Anna Roberts, Laurel Near, Jack Fisk y Darwin Joston
Musicalización por David Lynch
Edición de sonido por Alan Splet
Cinematografía por Herbert Cardwell y Frederick Elmes
Edición por David Lynch
Distribuida por Libra Films

Eraserhead es, en pocas palabras, esencial, una asignatura que hay que cursar.

No porque sea el sucesor moderno del surrealismo ála Buñuel/Dalí/Vigo (aunque en parte le debe mucho a estos 3 genios europeos), sino porque forma parte del cúmulo de cintas que en los 70s transformaron al mundo del cine comercial en la Unión Americana.

Creada bajo el titubeante auspicio del American Film Institute — encontrando apoyo incondicional y a la vez renuencia ante su visceral y controversial contenido — Eraserhead no puede ser categorizada, a pesar de que fuertemente esboza elementos cuasi-autobiográficos que su director, David Lynch, jamás ha revelado al mundo: la culpa y la búsqueda de la absolución, la presencia de pecados mortales que nos azotan, el rite of passage de la juventud a la madurez responsable, la vergüenza juvenil ante la mirada de desaprobación adulta, la infidelidad, la lujuria y ¿un crimen?

Eraserhead ofrece múltiples puntos de entrada a reflexiones casi infinitas.

Y no solamente su marco simbólico es digno de disección. Su edición de sonido crea atmósferas espléndidas que despiertan sensaciones perturbadoras. Lynch y Alan Splet compiten fuertemente por la mejor edición sonora de todos los tiempos (siendo esta distinción en poder de Walter Murch, por THX 1138).

No en balde Stanley Kubrick consideró a esta gema supernatural de bajo perfil como una de sus favoritas. Y es que Kubrick sin duda entendió de primera mano el poder sensorial de Eraserhead: Lynch crea una pieza fílmica que se consolida como una compañera espiritual de la épica 2001: A Space Odyssey (separadas una de otra por casi diez años), pero bajo una dirección y visión distinta. Mientras Kubrick abraza la travesía hacia el vasto infinito como una celebración al esfuerzo humano por conquistar el espacio exterior, Lynch se concentra en la exploración del subconsciente para encontrar un sentido y lugar en el mundo.

Su protagonista, Jack Nance, es el epítome de la introversión, de la sutil paranoia que invade a un alma arrepentida, que guarda para sí mismo el peso de un suceso completamente inquietante y desconocido para nosotros. Nance nos transporta a una versión incomprensible de sus pathos, los cuales quizás él mismo no tenga idea de cómo describirlos, donde su redención personal se encuentre en la figura de una dama en un radiador, o bien su calamidad personal sea el rechazo de la figura paterna hacia él, dejándolo sin una raison d’être, un ser en sociedad deforme, abatido, un niño sin amor que pierde su esencia a medida que crece la indiferencia hacia él.

Eraserhead triunfa tanto como pieza visual y de análisis psicológico, un milestone irrepetible que abre las puertas a mundos que el cine no había explorado jamás, retándonos a aceptar posibilidades más allá de lo convencional. Kubrick supo todo este tiempo del potencial de la inteligencia y atrevimiento de David Lynch, y de esa lección el espectador le da la bienvenida a uno de los autores más interesantes de todos los tiempos, y cuya posterior filmografía intenta expandir esta búsqueda interna surcando diversos rumbos y experimentando a través de fórmulas fílmicas distintas.