Medea

Creada para la televisión danesa en 1988, Medea es el primer antecedente sobre la fascinación del director Lars von Trier sobre el género femenino, su lugar en el mundo y su relación con el sexo opuesto en múltiples ámbitos.

Medea | Dinamarca, 1988
Dirigida por Lars von Trier
Libreto cinematográfico por Lars von Trier, adaptado de un guión por Carl Theodor Dreyer y Preben Thomsen
Basada en la obra teatral homónima de Eurípides
Reparto: Kirsten Olesen, Udo Kier, Henning Jensen, Baard Owe y Ludmilla Glinska
Cinematografía por Sejr Brockmann
Musicalización por Joachim Holbek
Edición por Finnur Sveinsson
Distribuida por Danmarks Radio

Es interesante ver la evolución en la carrera del realizador danés Lars von Trier. Tras realizar la trilogía de “Europa” — The Element of Crime (1984), Epidemic (1987) y Zentropa (1991) — caracterizada por explorar el cine de género a través de atractivos métodos narrativos y visuales, este director emprende una segunda etapa en donde la temática principal tiene que ver con el rol de la mujer en el mundo.

Films como Breaking the Waves, (1996), Idioterne (1998) y Dancer in the Dark (2000), tocan fragmentos de drama personal y disociación con el mundo real, en donde el sexo femenino toma un rol protagónico en ambientes que se tornan hostiles.

Un antecedente a este polémico approach se puede ver entre los films de Epidemic y Zentropa. Es en 1988 cuando von Trier toma un guión del legendario cineasta Carl Theodor Dryer (co-escrito con Preben Thomsen), en el cual se adapta la clásica tragedia griega escrita por Eurípides: Medea.

Siendo una cinta hecha para la televisión, Medea es, en palabras del autor, una interpretación del estilo que hizo célebre a Dryer.

Emulando la estética visual de cintas como Vampyr (1932), von Trier establece un setting impresionante, donde efectos de cámara y montaje bajo un film stock granuloso y desgastado, crea un efecto etéreo, sobrenatural, onírico, situado en una época pseudo-feudal/medieval, donde se narra la venganza de Medea (Kirsten Olesen) sobre su marido Jason (Udo Kier), quien abandona tanto a ella como a sus dos hijos a su suerte, tras recibir la oportunidad de un título nobiliario en un matrimonio por conveniencia con la hija del Rey Creon (Henning Jensen), de nombre Glauce (Ludmilla Glinska).

Con escasos diálogos, Medea se desenvuelve a un ritmo hipnótico, donde la impresionante puesta en escena regala tomas fijas donde los personajes entran y salen de cuadro, plano secuencias en perspectivas forzadas, saturación de color e imágenes interpuestas, y un uso preciso y sobresaliente de los elementos naturales en paisajes desolados (el viento, la neblina, las corrientes de agua, las olas, los pastizales y las nubes), los cuales despiertan en la mente de la audiencia un sentido de desesperanza, donde la promesa de una revancha brutal por parte de Medea es traída de forma sutil,  minimalista, pero contundente.

Este espectáculo visual es acompañado de un excelente lenguaje corporal de los protagonistas, quienes exponen con sus gestos un viacrucis muy potente y cuyo desarrollo nos ofrece un comentario interesante sobre el rol que la mujer ha desempeñado en la sociedad antigua, donde ante los ojos del hombre ha sido un objeto sometido a sus designios.

La historia puede apreciarse de tal forma que nos permite creer en el derecho de Medea por desquitarse de quienes han abusado de ella, e incluso a expiarla de toda culpa. Sin embargo, el realizador es inteligente al dar otra perspectiva al establecer un sentido de culpabilidad (¿tendrá derecho ella a “liberarse” tras hacer algo que ante nuestros ojos es considerado atroz? ¿Merece esta mujer escapar del juicio de los hombres?).

Esta disyuntiva es traída en posteriores films por el director, cuya obra fue paulatinamente polarizando opiniones, entre lo provocativo y aberrante.

von Trier además exploraría temas desde un punto de vista social, pero sin olvidar el énfasis en el rol femenino, donde sus más recientes películas (Antichrist en 2009 y Melancholia en 2011) son documentos impactantes sobre su interés por el sexo opuesto, analizándolo en ángulos desde lo físico y psicológico, llevando al público hasta un punto de no retorno.

Medea nos ofrece una mirada hacia los orígenes de dicha fascinación, que lejos de ser un esfuerzo inocente o ingenuo denota una labor concienzuda y honesta por descubrir la vida en pareja, sus conflictos, el infortunio, la fidelidad, la lealtad y el valor de la mujer como ser pensante y ente social.