Dead Man

Dead Man | Estados Unidos, 1995
Escrita y dirigida por Jim Jarmusch
Reparto: Johnny Depp, Gary Farmer, Robert Mitchum, Gabriel Byrne, William Hurt, Crispin Glover, Billy Bob Thornton y Lance Henriksen
Cinematografía por Robby Müller
Musicalización por Neil Young
Edición por Jay Rabinowitz
Producida por Demetra J. MacBride
Distribuida por Miramax Films

Con Dead Man se cumple un adagio: This is Jim Jarmusch, but not as you know him.

Y aunque suene trillado, es muy cierto. Siendo ésta su sexta película, Dead Man marca un paso adelante en el estilo y approach para este talentoso realizador. La cinta narra la aventura semilenta y surreal de William Blake (Johnny Depp), un contador en la época del Viejo Oeste Americano que es víctima del infortunio. Siendo perseguido tras un asesinato, Blake encontrará una serie de situaciones que pondrán en perspectiva su propia existencia y lugar en el mundo terrenal, a medida que recorre un extenso bosque junto al aborigen Mr. Nobody (Gary Farmer).

Dead Man se aleja completamente del estilo clásico de Jarmusch, donde se dedica a estudiar las interacciones mundanas entre diversos personajes. En sí, ésta película podríamos compararla solamente con su primer largometraje, Permanent Vacation (1980). De la misma manera que Charlie Parker, William Blake deambula y reflexiona como si fuese un hombre fuera de lugar y de época.

De igual forma, ésta es la primera vez que el director trata de plasmar en pantalla una amalgama de la literatura y la poesía con el lenguaje cinematográfico. Siendo estudiante de filosofía en su juventud, Jarmusch encuentra al séptimo arte, y lo toma como un lienzo para darle a sus historias un ritmo similar a las de una lectura. Con Dead Man, la intención es más clara, y esto se hace más obvio al nombrar a su protagonista como el afamado poeta inglés.

También, ésta es la primera ocasión en la que el director emplea al cine de género para contar sus historias. El cineasta es un hombre estudioso, y es tal su talento que toma a la plantilla Western para darle un giro a sus convenciones. Dead Man es en sí la típica historia de “stranger comes to town”, pero que de forma radical se niega a seguir las expectativas de una audiencia hacia este tipo de films.

Jarmusch incluso emula por momentos situaciones vistas en cintas como The Seventh Seal (Ingmar Bergman, 1957) al estudiar las reacciones del ser humano ante el umbral de la muerte, así como el estilo peculiar de cineastas como Andrei Tarkovsky, donde a través de una edición precisa y el uso continuo de fade ins y fade outs hace que su film recorra instantes en el tiempo a gran velocidad.

El aspecto metafísico permea a través de toda la película, donde Jarmusch estructura la huída de William Blake como una especie de autodescubrimiento, a medida que cuestiona su identidad y destino final. El director rompe las barreras entre los géneros artísticos en formas muy originales:

MR. NOBODY: William Blake, do you know how to use this weapon?

BLAKE: Not really.

MR. NOBODY: That weapon will replace your tongue. You will learn to speak through it, and your poetry will now be written with blood.

En el tercer acto, el realizador convierte a su cinta en un Anti-Western, donde continuamente sorprende a su audiencia, negándole a su vez un clímax satisfactorio, donde la música del afamado Neil Young, con un extenso uso de guitarras y distorsión, nos provee de momentos de apertura y cierre de escenas, reflexión y catarsis para los personajes mas no para el público.

De igual forma, Dead Man cuenta con un esfuerzo actoral fascinante: Johnny Depp de nueva cuenta encarna uno de sus clásicos papeles fuera de lo normal: estrafalario pero estoico, recorriendo su trayecto tanto con decisión como con miedo, con constantes estados mentales alterados. La cinta nos hace suponer que el protagonista no está seguro incluso de su función dentro de la narrativa, y es aquí donde Gary Farmer (quien en la vida real es un auténtico aborigen canadiense) sirve como su guía espiritual, con una personalidad atrayente y cándida, y que sin duda es el único dentro del film que sabe lo que realmente está sucediendo.

Además, la cinta nos da apariciones breves y sólidas de Crispin Glover (como una especie de ente que le da la bienvenida a Blake a este mundo extraño de indios y vaqueros), William Hurt y Robert Mitchum (en su último papel en el cine como el paranoico hombre que ofrece una recompensa por la cabeza de Blake), Billy Bob Thornton, Gabriel Byrne y Lance Henriksen (quien particularmente sirve a la historia para dotarla de características completamente offbeat).

El cinematógrafo Robby Müller le da a la cinta una presencia verdaderamente sensacional. De la misma forma que en Down by Law (dirigida por Jarmusch en 1986), Müller fotografía las laberínticas e inhóspitas tierras Americanas con lujo de detalle. La cinta se toma gran parte del tiempo para mostrarnos este magnífico escenario, consolidándose como un personaje dentro de la historia.

Sin lugar a dudas, Dead Man representa un experimento de forma y fondo para Jim Jarmusch, donde evita al cien por ciento el sacrificar sus orígenes, sus influencias, su lenguaje, ofreciendo a su vez variantes que resultan muy atractivas. La película puede considerarse una deconstrucción del género Western, donde todos sus leitmotifs, sus arquetipos, situaciones, escenarios e iconografía están ahí, pero sirviendo a un plan maestro que está más interesado en expandir sus fronteras y establecer puntos de encuentro entre este tipo de films y las corrientes artísticas que definen una personalidad y gustos particulares para su director.