Donnie Darko

Una narrativa tanto pesimista como cautivadora que bajo el velo de la ciencia ficción esconde un agudo comentario sobre la sociedad norteamericana entrando al siglo XXI.

Donnie Darko | Estados Unidos, 2001
Escrita y dirigida por Richard Kelly
Reparto: Jake Gyllenhaal, Jena Malone, Mary McDonnell, Holmes Osborne, Katharine Ross, James Duval, Maggie Gyllenhaal, Drew Barrymore, Patrick Swayze y Noah Wyle
Musicalización por Michael Andrews
Cinematografía por Steven B. Poster
Edición por Sam Bauer y Eric Strand
Producida por Adam Fields, Nancy Juvonen, Sean McKittrick y Drew Barrymore
Distribuida por Pandora y Newmarket Films

Donnie Darko is ‘Everybody Loves Raymond’ entering ‘The Twilight Zone’.

Bueno, en realidad calificarla de esta manera sería injusto.

Menospreciada en su momento, Donnie Darko ha encontrado su nicho y la apreciación merecida como un film ambicioso, característico de las producciones dirigidas por Richard Kelly.

Sin embargo, a diferencia de la híper compleja aventura épica de “Southland Tales” (que comprende relatos en novela gráfica además de una película) y la adaptación de un episodio de The Twilight Zone con “The Box” (dejando ver claramente sus influencias), Donnie Darko es una excelente realización de principio a fin, un esfuerzo consciente por mostrar no solamente una trama interesante, sino que ofrece diversos planos de interpretación para su audiencia.

La cinta narra la vida del epónimo Donnie (Jake Gyllenhaal), un estudiante muy por arriba de la curva, lo cual lo lleva a no encajar en el molde perfecto de quienes lo rodean. Su actitud denota un claro desdén o desprecio, con síntomas de una enfermedad mental que lentamente lo desconecta de los demás.

Sin embargo, cuando se salva de morir por una turbina de avión que se impacta en su casa (!), Darko comienza a tener visiones de un tétrico conejo gigante, cuyos crípticos mensajes lo arrastran a situaciones que lo colocan a un paso más del abismo y lejos de un semblante de vida normal.

Gyllenhaal convierte a su personaje sin mayor complicación en el estandarte definitivo de una generación perdida, como lo es la que entra en el umbral de la década de los 90s en la Unión Americana: indefinida, sumida en una infructuosa búsqueda de identidad, desilusionada, que cree saber más que los demás cuando no se conoce a sí mismo, y ávida de un role model que siempre parece distante y a la vez ausente.

El realizador coreografía su cinta al compás de tracks tanto de synthpop como post punk de finales de los 80s, dejando claro esta transición a una época que para muchos nunca debió suscitarse. 

Kelly hace una asociación sutil entre el dilema de Darko y la propia América post-9/11, al situar su relato en un punto de inflexión muy importante en la historia de dicho país, como es la sucesión presidencial de 1988, donde el realizador hace un comentario a posteriori sobre la alternativa entre el Republicano George H.W. Bush y el Demócrata Michael Dukakis, la cual nos lleva a connotaciones relacionadas con los errores del pasado que llevaron a una controversial administración gubernamental.

Estos argumentos ligeros de tinte político nos hablan de un ambiente que se enrarece, que se torna complejo y el cual ayuda a reforzar una atmósfera de pesimismo y misterio en la narrativa, incluyendo una escena adecuada donde Drew Barrimore abandona su trabajo, llevando entre sus cosas una bandera de Estados Unidos. La analogía no puede ser más directa.

Kelly también ofrece una capa de análisis al hacer de Donnie Darko un escenario donde la barrera entre las artes y la vida misma se rompe, para tener una influencia mutua. Es el propio Gyllenhaal quien se ve envuelto en una aventura fantástica con matices de ciencia ficción, donde el realizador implementa sus propias reglas para conducir a su protagonista a emprender un Hero’s Journey torcido, pero que llena los parámetros establecidos.

De igual forma, Darko ofrece momentos de comedia negra, donde Kelly entrega instantes similares a los vistos en series de televisión de drama familiar y situation comedy, pero con un giro sumamente macabro.

Aquí vale la pena señalar que tanto la edición de la película estrenada en cines como la Versión del Director ofrecen experiencias que tanto amplían los niveles de complejidad y simbolismo como demistifican y reafirman el sustento del universo que el autor ha creado, y en el que se desenvuelven sus personajes, llenos de incertidumbre, ilusiones no cumplidas, vidas rotas que se encuentran y reconfortan, pero que al final no pueden escapar de su destino.

En este último punto, Darko es en gran medida más efectiva que su compañera generacional y espiritual, la fallida Final Destination (Wong, Morgan, Reddick, 2000), donde la inevitabilidad de las cosas que le suceden a Donnie provocan un dejo de tristeza y asombro por parte del público, afirmando ante todos que este cinta está dispuesta a ser más ambiciosa y a no caer en los designios de un film de género.

Donnie Darko es una mezcla elegante de elementos narrativos muy diversos, que en conjunto nos regalan una historia llena de sentimientos auténticos por parte de su cast, sumidos en el autodescubrimiento y enfrentándose a sucesos repletos de un sentido de pérdida y gran fatalismo.