Two races exist in a closed system

Un repaso a la obra de Jonathan Hickman en el comic de “X-Men”.


Tras irrumpir con bombo y platillo en la consciencia de los lectores Marvelitas—al grado de contar con su propia línea de juguetes, y que su éxito comercial provocara los celos del propio DC Comics—dentro de la tertulia online entre los fans de la franquicia de comics de los Hombres X existe un sentimiento generalizado: que la nueva etapa a cargo de Jonathan Hickman no ha dado ese salto trascendental que la mayoría esperaba. Que las series satélite alrededor del comic homónimo han quedado a deber; que gravitan sobre los mismos storylines de antaño y que han sido poco propositivos.

Ilustración para la línea de juguetes Marvel Legends: House of X, de Hasbro (2021); arte por Pepe Larraz & Marte Gracia.

Llevamos un ciclo comiquero 2020-2021 desacelerado por el COVID-19, con planes editoriales ralentizados; en la búsqueda de ahorros significativos y tratando de maximizar rentabilidades; saturando al mercado con eventos cada trimestre (como por ejemplo Empyre, X of Swords, King in Black y Heroes Reborn). Cualquier momentum que haya experimentado “X-Men” a lo largo de este período se le ha puesto un freno de mano más que obligado; en donde cada uno de los autores Top a cargo de la franquicia (Hickman, Tini Howard, Gerry Duggan) han tenido que contribuir con ideas que estiren hasta donde se pueda a la trama, en espera de que la sociedad en general encuentre poco a poco a una nueva normalidad y un reinicio de la actividad económica.

Esto sin lugar a dudas ha repercutido en la calidad de las historias. Para nadie es un secreto que ninguna de estas series ha dado con el clavo, y que solo un puñado de ellas ha salido avante y entretenido a sus lectores. De poco le sirve a Marvel mostrar a todas sus cartas con los X-Men si no hay un público numeroso allá afuera, dispuesto a ir a la tienda físicamente y comprar estos comics.

“Krakoa stole our font”; DC Comics lanzando indirectas a Marvel a través del idioma Interlac de la Legión de Súper-Héroes, 6 de noviembre de 2019.

Y no se diga la reciente salida tanto de Marvel como de DC del monopolio controlado por Diamond, con respecto a la distribución de los comics. Al día de hoy no tenemos clara la agenda a largo plazo de estas grandes casas editoras: ¿abandonarán a las tiendas especializadas? ¿Cambiarán el formato y periodicidad de las publicaciones impresas? ¿El contenido tradicional dará paso a narrativas más compactas, autocontenidas y para un público más amplio? ¿Se erradicarán de una vez por todas a los vicios que padece la industria?

La noticia reciente de que “X-Men” será relanzado en 2021 con un nuevo tomo #1 pareciera ser un indicio de que seguiremos con los mismos males endémicos; y que mientras la pandemia no ceda no veremos decisiones corporativas de peso sobre las publicadoras mainstream. Lo extraño del caso es que X-Men #1 no tendrá a Hickman a su cargo, sino a Gerry Duggan, un autor cuyo track record es uno basado en la eficiencia y el entretenimiento en pequeñas dosis, y sin contar con obras que dejen huella dentro del Noveno Arte.

The Hordeculture: un grupo que pretende erradicar a la vida en la Tierra.

Aunque dentro de la situación actual que vivimos, quizás esto sea lo que una editorial como Marvel necesita: el comic mainstream dentro de la segunda década del siglo XXI es uno controlado al 100% por los editores. Ellos poseen las llaves del Ferrari, y solo las prestan a los escritores (freelancers en su mayoría) por un tiempo limitado, y quienes deben retornarlo a su garaje con el tanque lleno y sin raspones. No cabe duda de que Jonathan Hickman es un escritor adelantado a su generación, y lo que ha logrado con los X-Men es suficiente para que entre sin discusión en el nicho de los inmortales; pero también es importante decir que su fórmula de éxito es una que les vale a los editores al día de hoy para disponer de él y mantener al status quo a largo plazo, y más cuando el conglomerado Marvel/Disney se ha hecho en definitiva con los derechos de uso de estos personajes, a través de la adquisición de 20th Century Fox en 2019.

Una vez que tenemos en el mercado a los mejores relatos de X-Men en años, y que pueden ser adaptados a la multimedia de manera íntegra y a la segura, ¿es factible dejar que el autor complete a su obra maestra, limpie la casa y regrese a los juguetes a su sitio?

¿No sería mejor preservar en ámbar a todo su flamante world building, darle las gracias y continuar sin él?

Todo parece indicar que así será. No en balde, Marvel ha emparejado a Duggan con el ilustrador Pepe Larraz—el artista premier en la actualidad comiquera—dando una clara señal de que va en busca de un espectáculo centelleante, de compromiso limitado con el público y no tan cerebral… al menos en el corto plazo. No es una decisión que me guste, pero es lo que hay.

Nightcrawler: su fe lo impulsa a encontrar un santuario.

De esta manera, lo único que podemos hacer por el momento es darle un repaso a este periplo de Hickman con los X-Men: historias con ideas interesantes, aunque en cámara lenta y con un progreso a cuenta gotas; e ilustradas por un round-robin de artistas que apostó por la imagen rimbombante y la acción de colorida pirotecnia; además de seguir contando con el aporte de Tom Muller y sus siempre esenciales infografías, las cuales dotan a esta serie de una consistencia visual muy necesaria.

En los siguientes párrafos haremos un esfuerzo por describir lo que a título personal ha sido una narrativa fragmentada y con múltiples puntos de entrada, pero que todavía no converge en algo que la haga sentirse verdaderamente cohesiva, importante y completa.

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GROWTH, INVENTION, SURVIVAL

Bajo la pluma de Hickman, “X-Men” manejó una narrativa de naturaleza episódica, escudriñando aspectos diversos dentro de la mitología clásica de la franquicia, así como también construyendo sobre los cimientos establecidos tanto en House of X y Powers of X. Se podría decir que cada tomo se lee de manera individual, dejando en el camino ligeras pistas que contribuyen a una gran saga. Desafortunadamente, fue a partir del mes de marzo de 2020 y con la pandemia a cuestas que el grupo editorial empezó a trazar una hoja de ruta más conservadora.

Con este impasse, un comic como “X-Men” sufrió sobremanera, con storylines esparcidos en periodos prolongados que hicieron de su espera todo un martirio. Las pausas entre publicaciones en los meses de marzo a julio de 2020 dilapidaron cualquier emoción y expectativa de los fans. La introducción de personajes nuevos como el Dr. Devo y The Hordeculture, y escenarios multifacéticos como la tierra perdida de Arakko perdieron gradualmente su fuerza e interés, aún y cuando el sentido de asombro y frescura estuviera garantizado.

Orchis: los enemigos de los Hombres X.

Con fecha de salida en octubre de 2019, X-Men #1 retomaba el conflicto entre Humanos vs. Mutantes propio de HOX/POX, aunque completamente alejado de cualquier alegoría con la lucha social y de razas en el mundo real. En su momento mi opinión respecto a este tomo inaugural se volvería una constante con el paso de cada entrega:

“Este comic deambula entre momentos cándidos, acción de alto octanaje, reflexiones selectas entre los miembros del reparto y múltiples puntos de entrada a través de misterios y desarrollos de personajes que se sienten parciales e incompletos, todos puestos bajo un freno de mano que lo vuelve bastante tedioso.”

Los pormenores de la narrativa eran los siguientes: por un lado, Cyclops y los Hombres X estaban conscientes de que la evolución tecnológica que persigue el intelecto humano ponía en peligro a la vida en la Tierra, por lo que había que tomar una postura enérgica:

“For years, we’ve endured small wins. We called incremental change “progress” when what we’ve really needed was a giant leap forward.”

Ese salto descomunal tenía un obstáculo inmediato, representado por un bando rival y al mando del científico Killian Devo. Él y la organización “Orchis” hacían suya la agenda de la “post-humanidad” como la única alternativa para convertirse en los auténticos herederos del futuro:

“Evolution is an unyielding, unapologetic master. The truth is, we’re too civilized to deal with these vandals.”

Hickman estableció de esta manera un conflicto inevitable y una carrera contra el tiempo, en el que aparentemente los Hombres X tenían la ventaja, dado lo estipulado en las páginas de House of X. “Dos razas dentro de un sistema cerrado”, tal y como lo sugiere un argumento lleno de palabras ominosas y high concepts espectaculares.

Como un todo, era un relato sumamente prometedor. En palabras del autor, su agenda estaba clara:

I intentionally didn’t go into it with markers for specific issues (issue 5 Orchis is formed, issue 15, Mother Mold is reborn, issue 30, Orchis invades earth, issue 45, Nimrod joins the X-Men, etc.). Instead, what I pitched the company was essentially a three-act story. Where each act would last as long as we wanted or needed it to, and then when we were ready, we’d officially begin the second act.

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THERE WILL BE NO WAR

Pero poco a poco nos fuimos dando cuenta de que Hickman tenía planes claramente contra-intuitivos con las expectativas del lector de comics promedio. Detalles sobre la vida, la cultura, las convicciones y las creencias de los X-Men dentro de la isla mutante de Krakoa se ofrecían en dosis selectas, y en paralelo a la introducción paulatina de nuevos personajes e ideas; pero poco a poco nos fuimos dando cuenta de que estas narrativas eran tangenciales al conflicto inicial entre los Hombres X y Orchis: la introducción de los mortíferos Children of the Vault (X-Men #1); la tenebrosa isla de Arakko (#2); los científicos botánicos del Hordeculture (#3); la compleja diplomacia de Xavier y Magneto (#4); la obsesión de Mystique por resucitar a su amada Destiny (#6); la búsqueda de la fe por Nightcrawler (#7); los conflictos intergalácticos con los Brood (#8, 9), los Cotati (#10, 11) y los Shi’ar (#17); los secretos nunca antes revelados del déspota mutante Apocalypse (#12-15); la volatilidad dentro de los círculos de poder en Krakoa y Arakko, y el papel que Cyclops y sus X-Men jugarán en ello (#16).

Lo dicho, “No habrá una guerra”, aún no.

En un hecho curioso, el autor pensó también en utilizar a un personaje recurrente dentro de su bibliografía como Franklin Richards, miembro de la familia de los Cuatro Fantásticos. En ediciones selectas (House of X #1 y una secuencia de 4 páginas en Incoming! #1), el autor lo había catalogado como un “Mutante Nivel Omega”, el más poderoso dentro del escalafón. Sin embargo, tuvo que dejar en el tintero a esta idea tiempo después, siendo en Fantastic Four #26 (2020) donde se dio por concluido a este arco argumental, a petición de sus editores.

Franklin Richards dejó de ser parte del juguetero de los X-Men.

También, era claro que Hickman quiso pasar página rápidamente de temáticas y personajes sobre los cuales ya se había hablado extensivamente en los últimos años, léase la Bruja Escarlata y su nexo con los Hombres X. Fue a través de las páginas de X-Men: Empyre (4 tomos, julio-agosto 2020) donde da carpetazo a la idea de dar marcha atrás al genocidio de Genosha—en las páginas del clásico NEWXMEN—e inmiscuir a Scarlet Witch (otra vez) con el mundo mutante—tras House of M, Avengers vs. X-Men y Uncanny Avengers. No hubo espacio para perder nuevamente el tiempo con estos conceptos dentro de este magnum opus.

Como un punto negativo dentro de este ciclo de historias, tuvimos a la evidente renuencia por explorar a la metáfora de opresión racial. Parecía que el autor ya había dicho lo suficiente a través de HOX/POX. En cuestión publicitaria siempre fue bienvenido este aspecto, pero en el contexto de una publicación mainstream se evitó sobremanera el abrir un foro para una discusión franca y extensa, ya que asumir posturas siempre será un “campo minado”. Había que rendir lip service sin llegar hasta las últimas consecuencias.

Xavier & Magneto: la mano abierta y el puño cerrado.

Publicado durante el auge de las manifestaciones del Black Lives Matter en la Unión Americana, un comic como “X-Men” sin duda abrió la pauta para este tipo de discursos, pero era obvio que los contenidos actuales iban más por el terreno de la ciencia ficción—e inclinándose mucho más hacia el nacionalismo étnico y su lugar dentro de la geopolítica moderna; el tribalismo; el aislacionismo y el etnoestado—y por lo tanto no dio pie para llevar a la mesa dicho tema. Probablemente esto llevó a la editorial y al propio Hickman a entablar un diálogo abierto a través de redes sociales, pero no dejó de ser algo bastante raro y a mi parecer innecesario:

I promised myself a couple years that I wouldn’t ever explain my writing or comment personally on how I felt about what I was working on because I wasn’t really interested in being the focus of attention—I wanted my work to be. Maybe that was wrong.

A título personal, me pareció que esta intervención online era más una imposición de la publicadora, a sabiendas de que su X-Men y el movimiento Black Lives Matter no tenían puntos de encuentro en las páginas a cuatro colores:

I’ve spent the last couple of years writing about nothing but what’s currently going on and I think my feelings are clear. We’re slaves to economic systems, the world is broken, and you can only stand on the backs of others for so long before they rise up. I believe that.

I have no idea what’s going to happen next. I’d like to believe everything’s going to be okay. I just don’t know…and that’s probably the worst part.

My DMs are open if you want to chat. I don’t normally do that but I’m happy to talk if you need to. Stay safe.

Buenas intenciones que realmente se agradecen. Obras suyas como East of West y The Black Monday Murders mostraban a un Hickman realmente preocupado por el estado del mundo, y sus storylines ofrecían facsímiles muy agudos acerca de los males geopolíticos que azotan a nuestro planeta. Sin embargo, y al cabo de unas cuantas horas, el autor tuvo que recular:

Just checked back in and I mean this sincerely. I tried. I failed.

I’m flawed and fallen like everyone else, but this especially (It’s obvious, I suppose) isn’t the platform for me. Which I guess is the point of the books and not me.

Semanas después, Hickman borraría su cuenta de Twitter, algo que ya había hecho en contadas ocasiones. Quedaba de manifiesto que este comic no se iba a meter en problemas, aún y cuando por aquella época la exigencia de la comunidad online era la participación (obligada) de las celebridades, pensadores y exponentes artísticos en el debate nacional. Para muchos, la voz de los mutantes en X-Men es la voz en contra de la segregación y en pro de la justicia racial; la experiencia mutante es la experiencia de las razas marginadas dentro de una nación que les ha sido históricamente hostil.

Era claro que la editorial le había otorgado a este escritor una carta blanca para narrar a su relato bajo sus propios términos; aunque cabe decir que esto también originó un problema muy grave, que fue el usar el “branding” de Hickman a como diera lugar con tal de vender productos de los X-Men, aún y cuando no tuvieran nada que ver con su plan maestro.

Su título rimbombante como “Head of X”, intentó crear un interés meramente artificial por un universo compartido, el cual evidentemente palidecía en calidad si lo comparábamos con los guiones propios del autor. Series como “X-Men/Fantastic Four” (co-escrito por Chip Zdarsky), “Empyre: X-Men” (co-escrito con Howard, Duggan, Benjamin Percy, Leah Williams, Vita Ayala, Zeb Wells y Ed Brisson) y los tie-ins con el crossover de “X of Swords” (en los comics de Wolverine, Excalibur, X-Factor, Marauders, Hellions, X-Force, New Mutants y Cable) formaron parte de una estrategia editorial para saturar de cantidad a un mercado estancado por culpa del COVID-19, pero que dentro de la obra confeccionada por Hickman no eran más que un relleno completamente innecesario.

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MUTANT RESISTANCE EXPECTED

Los X-Men de 2019-2021 hablaban de cosas que no se habían visto previamente. No hubo espacio para simetrías con la realidad. Tenía que contar un relato distinto—Grant Morrison lo llamó en su momento Social Sci-Fi—por lo que reiterar lo hecho ad nauseum por otras generaciones no era parte de su agenda. La voz autoral de Hickman quedaba de manifiesto a las primeras de cambio:

I think one of the big mistakes that some people make at Marvel Comics is that we are reactive to what they’re doing in the Marvel films. We should not be taking our creative cues from the direction they’re taking things in the movies. That kind of defeats the point. They have a billion dollars to play with, and we don’t. You can’t compete in that matter, and you shouldn’t. My argument has been [that] I should always be way out in front of that stuff. All of that stuff is being drawn from source material. It goes back to, are you being destructive or are you being additive? If you’re being additive and you’re on the big books, it’s inevitable that some of that stuff is going to get used. When Marvel films gets around to the X-Men and we’ve done interesting stuff and they want to use it, that’s awesome. If they don’t, then they don’t. One makes your job expendable, the other one makes you priceless. I like having value to my work.

En dicho tenor, si quitamos a todas las tangentes (aunque interesantes, cabe decirlo) por las que este escritor navegó en el título de “X-Men”, y si nos enfocamos solamente en el curso de colisión Humano-Mutante en el que iban dirigidos sus personajes, teníamos en nuestras manos una verdadera epopeya no solamente estruendosa, sino con mucha ambición y con un nivel de calidad al cual nos tiene muy acostumbrados.

Mystique: recuperar a Destiny la llevará al extremo de destruir a Krakoa, si es necesario.

A lo largo de su carrera, Hickman se ha interesado sobremanera en la aproximación entre la condición humana, la expansión del intelecto y el progreso de nuestra especie, y en esta ocasión no fue la excepción. Aún y cuando en obras como House of X/Powers of X se intuye que este grupo de héroes cuenta con la información y recursos necesarios para evitar a toda costa la evolución sin freno ni escrúpulos de la fusión humano-máquina, paulatinamente en las páginas de “X-Men” se presentaron situaciones que poco a poco fueron acorralando a los protagonistas en un callejón sin salida y a las puertas de una confrontación sin parangón.

Con el paso de cada entrega, la serie fue incrementando el número de enemigos, que al unísono perseguían el mismo objetivo que Orchis: la evolución a través de la tecnología. Personajes pertenecientes a eras tanto clásicas como contemporáneas dentro de Marvel Comics, tales como los Sentinels, Warlock, Nimrod, Fantomex, Weapon XV, The City y The Children of the Vault, se amalgamaron con destreza para aderezar a una narrativa repleta de secretos y sorpresas. En particular se llevan las palmas ediciones tales como X-Men #5, 18, 19 y 20, además de las ediciones especiales de “Giant-Size X-Men” (Jean Grey & Emma Frost, Magneto, Nightcrawler, Fantomex y Storm).

X of Swords: el cruce entre Krakoa y Arakko.

Pero todas estas hecatombes no han plagado de preocupación a Charles Xavier ni a su familia de mutantes. Al contrario, dentro de las páginas de este comic se han ido fraguando esbozos de un “plan maestro” para darle la vuelta a este predicamento, aunque cabe decir que su objetivo final es todavía difuso.

En el tomo #4, una serie de extraordinarios monólogos compartidos por los personajes de Xavier y Magneto culminan con una declaración contundente hacia la raza humana:

“If you want to be angry—if you want to lash out—because we are claiming what is rightfully ours, then so be it… Just know it’s the last time it ends like this.”

“Debes saber que es la ÚLTIMA VEZ que termina así.” De esta manera, Hickman confeccionó una serie de viñetas que fueron inconexas pero que guardaban detalles sutiles, formando parte de una estrategia que probablemente nos conduzca por los caminos de la coexistencia entre ambas razas desde un punto de vista macroeconómico; o pactar un cese al fuego con la Inteligencia Artificial anti-mutante; o bien compartir el futuro evolutivo de manera mutua o independiente.

Moira X y los Diarios de Destiny; el futuro está en el aire, o en las manos de los Hombres X.

En todo momento, estos héroes están completamente convencidos de lo que hacen; saben que están dando los pasos correctos; y se han asegurado prácticamente contra cualquier eventualidad. Un afán 100% optimista por parte de Xavier, pero que es puesto a prueba a la vuelta de cada página y a través de conversaciones y atmósferas que se perciben por parte de los lectores bajo una tónica derrotista. El camino a la utopía es uno sinuoso.

A las puertas de la “Post-Humanidad”.

Quizás ese sea la intención del autor: presentar obstáculos casi insuperables que nos mantengan en vilo y bajo alerta, aún y cuando el ritmo de publicación de su obra se haya aletargado a causa de la pandemia.

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TONIGHT, THE WORLD IS WATCHING

Tras unos sensacionales cliffhangers en las ediciones 18, 19 y 20, esta saga alcanzó un momentum y ritmo vertiginoso. Todo era miel sobre hojuelas.

¿Qué podría salir mal? Pues para sorpresa de todos se conjugaron casi al mismo tiempo tanto la salida de Hickman como escritor del comic, su posterior relanzamiento a cargo de Gerry Duggan, y la llegada al mercado de OTRO crossover, de nombre “The Hellfire Gala”. Esto significó para los lectores un nuevo alto en el camino.

Y vaya que lo fue: un evento de línea innecesario y que se movía en todas direcciones; repleto de conversaciones inconclusas entre un ensamble de personajes que rayó en lo excesivo; y sirviendo solamente como marketing a los comics alrededor de “X-Men”. Los autores a cargo se olvidaron de darle al lector tanto una narrativa y un desenlace que fuesen completos y satisfactorios; siendo ante todo muy superficial y prometiendo respuestas solo en el largo plazo. A mi parecer fue un intento descarado de Marvel por endilgarle a los fans 12 tomos a un precio excesivo (entre $3.99 y $4.99 dólares cada uno), en un momento en el que la economía nos exige ser cuidadosos y selectivos con nuestros hobbies.

Pero su gran error fue la falta de una voz autoral como la de Hickman. A pesar de haber contribuido al crossover con X-Men #21, era claro que todos los detalles que hacían especial a sus comics estaban completamente ausentes, y secuestrados por un interés malsano de impulsar a las ventas, a expensas de la claridad y la calidad. Sin un punto focal, “The Hellfire Gala” deambuló entre atmósferas de luces multicolores, y repleta de facsímiles a las experiencias propias de un desfile de la Met de Nueva York; en pasillos y salones en los que ninguno de sus invitados—héroes y villanos del catálogo de los Hombres X—tenían algo realmente importante que decir. Tristemente fue un preámbulo vacío a OTROS hitos inmediatos dentro del calendario de publicaciones de esta familia de mutantes: nos referimos a los comics de “Planet-Size X-Men” (Gerry Duggan, junio 2021) y “The Trial of Magneto” (Leah Williams, agosto 2021).

Tímidamente se empezaban a delinear los esbozos de una era post-Hickman, aún y cuando el autor se encontraba todavía presente. Reducir la contribución de Gerry Duggan en este punto del tiempo a “Hickman Fan Fiction” es atrevido e irrespetuoso, pero no me parece que sea impreciso. Es reducir a su guión en florituras del lenguaje y palabras ominosas, un juicio que no es para nada descabellado. Planet-Size X-Men es un experimento que intenta impulsar a este autor a seguir los pasos de su brillante colega, y situar a su trabajo en ese estándar altísimo en el que un comic como “X-Men” gravitó desde hace casi tres años. Es reconocer que se está en una posición de privilegio y que hay que ponerse a la altura de las exigencias y las circunstancias, algo que el resto de los guionistas dentro de esta línea de comics no han logrado.

Las espectaculares ilustraciones por Pepe Larraz en este comic merecen no solamente un argumento rimbombante sino evocativo, complementario y consciente de las pausas y espacios que requiere para no estorbarle jamás, cumpliendo con dicho objetivo desde la página uno. Sin embargo, Duggan está ante el reto mayúsculo de no ser meramente una imitación estruendosa de un estilo que ha dejado huella en la industria.

Así, el título de “X-Men” concluyó con 21 entregas publicadas, cediendo la estafeta a un nuevo equipo creativo.

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HICKMAN AS AN IDEA MACHINE

Este estado de indefinición en la industria también ha aniquilado a toda la estadística de ventas mensuales: ya no es posible llevar un tracking estimado del comportamiento de los títulos a lo largo del tiempo. Decir que estos comics han tenido éxito o un nivel de ventas sostenido es completamente relativo; en un mercado que se vuelve cada vez más cerrado y pequeño con el paso del tiempo.

Las largas pausas entre cada entrega han disparado también a la rumorología y a la desinformación, que ha sido rampante respecto al futuro a corto plazo para este comic. La salida de Hickman del comic de X-Men nos trae a la mente lo que le pasó a un escritor bestseller como Tom King en 2019 quien, a pesar de tener al comic de “Batman” como el #1 en ventas para DC, fue removido de su puesto por el simple hecho de “no vender lo suficiente” mes tras mes; algo que me pareció completamente inaudito en su momento.

“Reign of X”, arte promocional por Mahmud Asrar.

Sitios como Thinking Critical en YouTube llegaron a insinuar una pugna interna entre los editores de línea y los autores freelancers, forzando a Hickman a dar un paso al costado; algo que para nada es inédito, pero que es difícil de creer teniendo en cuenta que “X-Men” está posicionado en un aparente cénit creativo y en boca de todos.

No en balde, Marvel no ha dejado de publicar comics y más comics de los Hombres X en 2021, por los motivos que sean. A los títulos antes mencionados, se unieron a la línea miniseries y ediciones especiales como Juggernaut, S.W.O.R.D., Children of the Atom, Way of X, X-Corp, King In Black: Marauders, Cable: Reloaded y X-Men: Curse of the Man-Thing. A manera de transición, y dejando claro que las ideas de Hickman han sido un terreno fértil para Marvel, la publicadora encapsuló bajo el banner de “Reign of X” a todos estos títulos y a futuras ediciones. El guionista justificó este approach de la siguiente manera:

The best thing about what we’ve built (and continue to build) is that we’ve tried very hard to make it so everyone has an X-Book that’s their cup of tea. If you like whimsical, ethereal stuff then you can check out Excalibur, if you prefer high-octane, testosterone books then go read X-Force. And on and on…

Todas estas situaciones nos llevan a entender los compromisos que se entablan cuando la creatividad de un artista se intenta mover en el ámbito comercial y bajo un control corporativo: alguien tiene que ceder si ambas partes quieren ir de la mano en busca del éxito compartido.

Por lo pronto este escritor se encuentra fuera de “X-Men”, pero también adentro de un nuevo proyecto para esta franquicia: INFERNO, en el que se intuye una confrontación definitiva entre Mystique contra el triunvirato de Xavier, Magneto y Moira X. Un relato que seguramente prometerá grandes emociones, aún y cuando pareciera que se trata de otro detour al estilo de X of Swords. Si esta historia de Jonathan Hickman debe completarse a través de una seguidilla de miniseries o eventos dispersos uno de otro, que así sea.

“Inferno”; montaje de imágenes por Tom Muller.

Me parecería injusto que Marvel no le diera a Hickman la oportunidad de terminar su obra en los términos más convenientes, y de igual manera veo arriesgado cerrar la puerta y regresar a los mismos vicios de antaño. No en balde, el público cautivo al día de hoy está más que deseoso de saber qué es lo que sigue, aún y cuando este tren narrativo se descarrile o llegue a su destino.

Es esta falta de claridad la que ha ennegrecido y enmudecido a un comentario en su momento nutrido, y más que merecido, para una de las épocas más interesantes dentro de una franquicia como la de X-Men.

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