A whole weird, wonderful messy tapestry

Comentario variado sobre el comic de “Dark Nights: Death Metal”.

Hace tiempo escribí el siguiente párrafo:

La lectura de las aberrantes y atroces “Civil War II” e “Inhumans vs. X-Men” en 2016, “Secret Empire” en 2017, “Infinity Wars” en 2018, y “War of the Realms” y “Absolute Carnage” en 2019 son para mí el clavo en el ataúd para nuestra generación. La Década Perdida (con permiso de Hickman). Fin de siècle.

¿Pues qué creen? Me equivoqué. Sí, me equivoqué porque faltó esperar un par de años más para añadir a la lista tanto a “King in Black” y “Dark Nights: Death Metal”, los crossovers de Marvel y DC para el ciclo 2020-2021.

De este último no tenía pensado que fuese una completa decepción, pero lo fue—King in Black es un anacronismo, que piensa que vive en el año 2006 cuando en realidad está en el 2021 y con la pandemia del COVID-19 a su máximo y el comic comercial en ruinas. Me sorprendió mucho lo de Death Metal dado que su autor, Scott Snyder, había dejado las bases para un cerrojazo de época tras la publicación de su Justice League, el cual contó con una dirección y voz autoral en gran forma, y cuyos cliffhangers alistaban el terreno para un espectáculo como pocos.

Pero las expectativas crean frustraciones, ni más ni menos. Dark Nights: Death Metal fue un fracaso por que cayó en los mismos vicios de sus predecesores durante la infame “Década Perdida”, en donde toda su controversia a causa de las imposiciones editoriales que le dieron forma resultaron ser más importantes que su propia narrativa, que su estructura, sus personajes y decisiones a nivel argumental. Es un ejemplo más de cómo los profesionales del comic agachan la cabeza y dejan que los editores confeccionen los momentos cumbre, los story beats, las repercusiones y los siguientes pasos con el nuevo equipo creativo esperando su turno.

Snyder se une a una amplia lista de escritores contemporáneos incapaces de esculpir a los mitos modernos del superhero comic bajo sus propios términos. A Tom King se le arrebató a “Batman” en 2019 cuando no vendía lo suficiente (a pesar de ser el bestseller de DC, ironías que da la vida); y Geoff Johns no tuvo el exit strategy adecuado, y su amplísimo tenor en esta casa editora terminó triturado por la alta gerencia tras la debacle de la Liga de la Justicia de Zack Snyder & Joss Whedon, cuyo fracaso financiero en taquilla descabezó a todo y a todos dentro del escalafón de la Warner, máxima jerarca de DC.

Así, Death Metal se vio transfigurado y pasó de ser un comic de autor a una válvula de escape que limpiara la casa y le diese sentido—aunque realmente no lo tuviera—a proyectos editoriales previos y de opiniones encontradas, tales como Flashpoint (2011), The New 52 (2012-2015), Convergence (2015), DC Universe: Rebirth (2016), Dark Nights: Metal (2017-2018) y Doomsday Clock (2017-2019).

“Trying to tie together 80+ years and a thousand different visions of these characters is a path on which madness lies.”
— Andrew K Collins.

Fue momento de pasar página. Este comic fue literalmente el tapete sobre el que se escondió todo el polvo que abundaba sobre los pasillos de DC, siendo así un objeto inerte, nada divertido ni ocurrente, plagado de info dumps que intentaban explicar, una y otra vez, los mecanismos sobre los que se sostenía esta solución final para “arreglar” a la historia interna del universo de ficción de DC Comics, y que en 2021 la veíamos sostenerse con alfileres; en una época en donde ninguno de los atributos que la hicieron popular en su momento ya no tienen cabida. Lo entretenido, propositivo, enérgico y dramático de la Liga de la Justicia de 2018-2020 fue reemplazado por los comics completamente impenetrables y de “fans para fans” que tienen al mainstream completamente atrofiado.

“Comics are an odd man out, a form that at its best is full of figurative content and proscribed meaning and work for the audience to do. This is where the great draftsmen of the human form find a living wage, where didactic writers find obsessive audiences, where the reader is forced into a collaboration with the artist that bears more fruit the more effort each party puts into it. We are no longer what the masses want.”
— Matt Séneca.

Ni siquiera con la Mujer Maravilla como la protagonista principal—en un intento de la editorial para entablar sinergias con la cinta de Wonder Woman: 1984, y cuyo continuo retraso en su estreno hizo de esta intención algo irrisorio y hasta penoso—pudo hacer a este comic un objeto reader-friendly. Cargado de interacciones aburridas, soliloquios y personajes reiterando el plot en todo momento—show, don’t tell!—Death Metal pasaba de un punto A al B y de regreso, sin rumbo y a la espera de un Deus Ex Machina que la sacase de su miseria, y sazonada con enemigos propios de la literatura de Zombies, que reemplazaban (sin éxito) a los mortíferos y alucinantes escenarios y villanos en el comic de la Liga de la Justicia.

El talento del ilustrador Greg Capullo fue totalmente desperdiciado en esta miniserie. Un guión poco inspirado lo condujo a crear facsímiles de aventuras medievales, post-apocalípticas y cósmicas, pero sin el ímpetu necesario para hacer de ellas algo realmente memorable.

El sentido de asombro, los giros en la trama y las caracterizaciones efectivas de personajes propias del Justice League de Scott Snyder brillaron por su ausencia en Death Metal, siendo reemplazados por el show interminable de The Batman Who Laughs, el villano de “Dark Nights: Metal” que llegó al 2021 víctima de una sobreexposición por parte de la editorial que llegó hasta la fatiga, rayando en el hartazgo absoluto—tampoco le ayudó que fuese un rip off descarado del “Judge Death” de John Wagner y Brian Bolland, cabe señalar.

Y qué decir de los incesantes tie-ins. Esas series satélite que gravitan sobre los crossovers con el propósito de engañar a los consumidores con la falsa idea de que “importan” o “agregan valor” a la historia principal. Death Metal estuvo plagado de ellos—Legends of the Dark Knights, Death Metal Guidebook, Trinity Crisis, Speed Metal, Multiverse’s End, Robin King, Rise of the New God, Infinite Hour Exxxtreme!, The Multiverse Who Laughs, The Last Stories of the DC Universe, The Secret Origin y The Last 52: War of the Multiverses—y con su infinidad de co-escritores y dibujantes lo único que hicieron fue diluir a la voz autoral al mando de este relato. Mi ‘rule-of-thumb’ para estos comics siempre es: si no lo escribe Snyder, no cuenta.

Nota: Snyder co-escribió en 5 de estos tomos, pero su peculiar estilo estuvo completamente ausente en ellos, y al día de hoy sigo dudando que les haya puesto la mano encima. El material suplementario de mala calidad sigue siendo un mal endémico en esta era del crossover de superhéroes.

Lo frenético y trepidante de Justice League dio paso a lo familiar y a la narrativa decompresa del pasado. Death Metal se parecía más a “Marvel Super Heroes Secret Wars” de 1985 que a un esfuerzo holístico y elegante à la Grant Morrison para congeniar versiones dispersas de los superhéroes de DC bajo términos Kirbyescos—Final Crisis, cómo te extrañamos. La ambición y entusiasmo de Scott Snyder por emular a sus ídolos en 2019 fue convertida en añicos un año después tras el down-sizing que le sobrevino a la editorial tras el COVID-19. El slogan de “Everything Matters” y que enarboló de manera orgullosa esta serie solo fue un aderezo vacío en lugar de una intención honesta por reinventar (y reivindicar) a un catálogo de personajes para la audiencia del siglo XXI.

“Superhero comics are dark things, corporate advertisements built on the stolen creations of angry ghosts.”
— Matt Séneca.

Las piezas se acomodaron para hacer de este evento un funeral para el DC Comics de antaño, en lugar de ser una celebración brillante de su historia. En palabras de su autor, “todo un extraño y maravilloso tapiz desordenado”. Un Fin de Ciclo sin lugar a dudas.