The Girl with the Dragon Tattoo

La adaptación norteamericana al cine de la “Trilogía Millennium” entrega un inusitado ímpetu que pone un punto y aparte con su versión sueca.

The Girl with the Dragon Tattoo | Estados Unidos, 2011
Dirigida por David Fincher
Libreto cinematográfico por Steven Zaillian
Basada en la novela “Män som hatar kvinnor”, por Stieg Larsson
Reparto: Daniel Craig, Rooney Mara, Christopher Plummer y Stellan Skarsgård
Cinematografía por Jeff Cronenweth
Musicalización por Trent Reznor y Atticus Ross
Edición por Kirk Baxter y Angus Wall
Producida por Scott Rudin Productions y Yellow Bird Films
Distribuida por Columbia Pictures y Metro-Goldwyn-Mayer

La exitosa cinta de origen sueco The Girl with the Dragon Tattoo (“Los Hombres que no amaban a las mujeres”/Män som hatar kvinnor en su idioma original), basada en la célebre novela póstuma de Stieg Larsson, recibe su obligado remake norteamericano.

Sin embargo, la mejor decisión jamás tomada fue el otorgarle a todo un experto en materia de adaptaciones fílmicas, el realizador David Fincher, la ardua tarea de convertir a esta interpretación en un vehículo rentable para la audiencia occidental.

Y es que desde su inicio, Dragon Tattoo es UN FILM DE DAVID FINCHER, quien deja de lado sus característicos y constantes guiños estéticos à la Kurosawa para presentar por vez primera parte de sus raíces como director de videos, con un simbólico opening (bajo una estridente cadencia característica en la voz de Karen O y creado por el grupo de diseño digital Blur) que sólo se puede catalogar de magnífico y que precisa ante la audiencia no solamente la tónica que permeará a lo largo de sus 158 minutos, sino además que estamos ante la presencia del trabajo de un auteur, con un entendimiento claro del material y la reputación que le precede, y que en lugar de intimidarlo lo llevan a darle un giro total para hacerlo completamente suyo.

Fincher potencia todas las áreas de oportunidad que la película sueca reflejó en su narrativa, fortaleciendo en principio de cuentas a su rol protagónico, Mikael Blomkvist (interpretado por Daniel Craig), quien le aporta un dinamismo, un ‘oomph’ a su rol de periodista de denuncia social quien se ve orillado a un papel de biógrafo y detective privado cuyas pesquisas claramente lo llevan a la desesperación, al agotamiento mental y físico, y a sufrir en extremo para cumplir una misión que parece imposible.

¿Es ésta la obra maestra de Fincher? Podríamos sugerir que sí si nos remitimos a que extrae lo mejor de todo su repertorio, donde esta cinta es toda una pléyade de referencias abstractas a todos sus films. Dejando de lado esto, es increíble cómo este director aún NO nos regala ni una sola historia de su propia autoría y continúa ofreciendo insights novedosos y llevando a extremos inusuales, provocativos y de gran calidad a cada uno de los guiones adaptados que ha recibido para traducirlos al lenguaje cinematográfico.

El inteligente libreto de Steven Zaillian se concentra en los rumbos que Blomkvist y Lisbeth Salander (Rooney Mara) emprenden y como llegan a una convergencia, desechando en todo momento el ofrecer constantes atisbos a los plot threads que dieron forma a las secuelas escandinavas (The Girl who Played with Fire, The Girl who Kicked the Hornets’ Nest) para llevar al público a prestar toda su atención para desenmarañar un complejo ‘whodunnit’ que se remonta a décadas atrás.

Fincher, fiel a su estilo, amplifica las dosis de violencia, respetando ante todo el crudo mensaje cautelario que la cinta original nos ofrece: el peligro latente dentro de un mundo en el que habitan hombres quienes creen erróneamente tener derecho opresivo sobre la mujer, donde Stellan Skarsgård representa a la perfección este nocivo paradigma, ofreciendo (como siempre) un estupendo performance, capaz de generar tanto inocencia, nobleza y lealtad genuina como desplantes iracundos, maléficos y escalofriantes.

Pero el punto donde Fincher triunfa es en confiarle a Rooney Mara (quien había participado con él en un pequeño rol para The Social Network) el rol de Lisbeth Salander. Mara brinda una sobresaliente, electrizante, hipnótica, atrevida y cerebral actuación, aumentando los decibeles en volatilidad, sagacidad, chispa sexual, actitud reflexiva, desprecio y esbozos de ternura que hicieron célebre a Noomi Rapace en la trilogía original.

Y esto nos lleva a una pregunta interesante: ¿es la sutil, calculadora, estremecedora y dramática película sueca mejor que el impetuoso, oscuro, sexy y brutal tributo americano?

A título personal ambas realizaciones se complementan una con otra dado su gran respeto por enaltecer al material de origen y mostrar una madurez y franqueza inusitada para debatir sin tapujos temas como la misoginia, la corrupción y el abuso de la información, sensibilizando a su audiencia meta, presentando además un atractivo microuniverso en tonos de gris donde paulatinamente los defensores de la justicia se muestran con una ambigüedad moral que los obliga a sacrificar parte de su nobleza para poder triunfar ante hechos atroces.

Destacan además las breves pero notables actuaciones de Christopher Plummer y Julian Sands (¡Julian Sands!) como el magnate Henrik Vanger, así como momentos interesantes del film que son atinadamente presentados por tonos ambient en distorsión por los compositores Trent Reznor y Atticus Ross, pero cuya brillantez no se compara con la lograda en The Social Network, cinta que se vio sumamente beneficiada por su excelentísima contribución musical.

The Girl with the Dragon Tattoo es una adición más a la sólida filmografía de David Fincher, quien vuelve a presentar narrativas con personajes a la deriva, llena de matices que muestran lo mejor y lo peor que la naturaleza humana puede ofrecer.