Dark Phoenix

Dark Phoenix | Estados Unidos, 2019
Escrita y dirigida por Simon Kinberg
Reparto: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Sophie Turner, Tye Sheridan, Alexandra Shipp, Kodi Smit-McPhee, Evan Peters y Jessica Chastain
Cinematografía por Mauro Fiore
Musicalización por Hans Zimmer
Edición por Lee Smith
Producida por Simon Kinberg, Hutch Parker, Lauren Shuler Donner y Todd Hallowell
Distribuida por Walt Disney Studios Motion Pictures

La inminente compra de 20th Century Fox por el conglomerado Disney supuso para este estudio cinematográfico dos hitos importantes: el primero fue continuar con la estela de éxito reciente tras el estreno de cintas de los X-Men tales como Days of Future Past, Apocalypse y Logan, cada una de ellas con buenos promedios en ingresos de taquilla y crítica. Y el segundo era estirar al máximo el uso de la licencia para utilizar a los Hombres X en proyectos multimedia—siendo las series de TV de Legion y Gifted una prueba fehaciente de que las cosas estaban saliendo muy bien. Asumo que la Fox buscaba lograr lo que Sony hizo con Spider-Man—mantenerse con el personaje en propiedad mientras que Marvel Studios (y su inherente prestigio) alzaban con creces su valor de mercado.

En parte creo que esta fue la razón por la cual Fox buscaba renovar al grupo de actores tras una década de tener a un ensamble de gran calidad. El asegurar la longevidad de la franquicia con actores más jóvenes y con menores pretensiones económicas siempre es un factor a considerar dentro de esta nueva era del “Comic on Film”.

Tras haber reacomodado las piezas y a la dirección narrativa tras las cintas de Days of Future Past y Apocalypse, ya no había dudas en cuál era el siguiente paso: intentar adaptar con éxito (y de una vez por todas) a la pantalla grande a “La Saga de Fénix Oscuro”, la joya de la corona dentro del acervo literario de los llamados Hijos del Átomo.

Pero desafortunadamente lo que parecía ser miel sobre hojuelas paulatinamente fue tomando un giro inusual, un sinfín de problemas que dieron al traste con su desempeño como producto fílmico e imán de taquilla. De esta manera, Dark Phoenix terminó sufriendo la misma suerte que X-Men: The Last Stand de 2006.

El primero de estos bemoles no pareciese ser el más grave a mi parecer. El que el guionista Simon Kinberg tomara de improvisto la silla del director—tras la abrupta salida del productor y realizador Bryan Singer, acusado de delitos sexuales y aunado a sus aparentes problemas de indisciplina durante el rodaje de la cinta Bohemian Rhapsody—no amenazaba en absoluto a la producción. Al contrario, la película contaba con un talentoso recurso y con experiencia. Lo que no alcanzamos a anticipar era que el libreto cinematográfico se desviaría de manera alarmante de la trama del comic, siendo para mí el error más notorio de todos. The Dark Phoenix Saga contaba absolutamente con todos los elementos tanto técnicos como histriónicos suficientes para ser adaptada verbatim al celuloide: drama, intriga, acción, ciencia ficción, romance, sacrificio y un nuevo comienzo.

A esto se le sumó una aparente vuelta atrás para filmar esta cinta en 2 partes, al estilo de las franquicias Young Adult, Sci-Fi y Superhéroes estrenadas en tiempo reciente (Star Wars, Hunger Games, Avengers, Harry Potter y Divergent). Probablemente el guión no daba para más, aunque estoy seguro de que si se seguía al pie de la letra a los comics originales tendríamos cubierto este detalle. No en balde, la historia del Fénix en su versión original le tomó a su autor, Chris Claremont, poco más de 30 tomos mensuales en la década de los 80s para completarla. Esto le garantiza a la producción el material suficiente para hacer algo épico, con el desarrollo de personajes ideal y la ejecución de todos sus story beats más trascendentes. No se entiende el cambio hacia algo distinto.

El tercer descalabro que se sumó a este decepcionante performance fue un malogrado test screening, una práctica común en Hollywood. Esta mala retroalimentación llevó a la producción a la penosa necesidad de reconceptualizar el último acto de la trama. No fue sino hasta que se llevaron a cabo los press junkets a los medios especializados que se supo la razón por la cual se volvió a filmar el último tercio de la película: en entrevistas con el reparto se infirió (sin haberse confirmado tácitamente, claro está) una preocupante similitud entre Dark Phoenix con el tramo final de la apabullante Captain Marvel, el último hito cultural producido por Marvel Studios en 2019.

La suerte estaba echada. Como una aplanadora, todo este contexto parece ser suficiente como para despotricar contra esta última cinta de los X-Men, ¿no es así?

Pues tal vez. Sin embargo, habría que encontrar y resaltar sus méritos antes de llegar al juicio final. ¿Los hay? Vamos a ver.

No cabe duda que uno de los temas clave a lo largo de esta nueva etapa de las películas de los Hombres X—iniciada por First Class en 2011—fueron los character arcs para Charles Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender), desmenuzados a conciencia y puestos bajo la lupa como dos almas cuyos sueños y maneras de alcanzarlos los colocaron en curso de colisión, dejando ver tanto a sus virtudes como a sus múltiples defectos, los cuales tuvieron severas consecuencias. En esta ocasión se explora el pecado original que fue la pérdida de Jean Grey (Sophie Turner), cuyos poderes telepáticos sin control la llevaron tanto al colapso como a ser devorada posteriormente por el ente cósmico del Fénix. La sobreprotección de Xavier y la inacción de Magneto condujeron al sueño mutante a un alto en el camino, a la vergüenza pública y nuevamente a la desconfianza en ojos de la raza humana.

No cabe duda que Kinberg buscaba de una forma u otra el replantear el dilema mostrado en The Last Stand con mayor énfasis y tragedia—el flashback inicial entre la pequeña Jean (Summer Fontana) y McAvoy me parece muy bien logrado por el novel director, y no se diga el setup que lleva a los X-Men al encuentro inicial con la Fuerza Fénix. Hasta aquí todo muy bien.

A lo largo de estos 9 años. tanto los esfuerzos de Matthew Vaughn, Jane Goldman, el propio Singer y Simon Kinberg en el libreto y dirección llevaron poco a poco a los espectadores a ser testigos de una odisea como pocas. Tanto McAvoy como Fassbender (y en su momento Patrick Stewart e Ian McKellen en la primera etapa de la franquicia) eran las piedras angulares para conducir a puerto seguro estas realizaciones. Por esta razón es de extrañarse que en Dark Phoenix no se les ofrezca un exit strategy digno de su peso como primeros actores, siendo espectadores y víctimas entre pirotecnia CGI y coreografías de acción, sin puntos de entrada para continuar con la disección de su amistad y contrastes de ideologías, algo ya acostumbrado en la última década. La cinta tampoco provee cierre a los story threads dejados en anteriores entregas (la paternidad de Magneto, la redención de Xavier, el romance con Moira, el cambio de estafeta para una nueva generación, entre otros). La última escena entre Fassbender y McAvoy, a pesar de traer el recuerdo de la primera trilogía de X-Men de Singer, me parece poco.

Sucede lo mismo con Jennifer Lawrence/Mystique. Aunque por fortuna se renueva el veleidoso romance del personaje con Beast (Nicholas Hoult), su destino final y consecuencias distan mucho de ser la dirección idónea para ambos. Siendo fan favorites, son puestos fuera de combate de forma prematura, además de que se les otorga poco tiempo para conciliar sus desencuentros, decepciones y su presente como miembros del equipo y soldados inconformes al mando de un Xavier también colapsado por sus fracasos. Toda una oportunidad narrativa tirada a la basura.

Claro, es de pensarse que si el cast principal es puesto al costado signifique la entrada de sangre nueva que ocupe su lugar y tenga también traumas, preocupaciones y sueños dignos de ser explorados. Uno de los grandes problemas que tuvieron todas las películas de los Hombres X fue el plasmar en pantalla el rite of passage de los X-Men originales, el aspecto de “héroes in training” y ser figuras aspiracionales para los mutantes emergentes que formaron parte de la Escuela de Xavier. Las cintas nos negaron gran parte de ello—quizás First Class fue la única que rindió lip service a este punto tan importante de los comics. Fue tan poco lo ofrecido por el guión para Sophie Turner y Tye Sheridan (Cyclops) que nos preguntamos si realmente ellos iban a ser los elegidos para dirigir a la franquicia hacia nuevos horizontes.

No solamente Dark Phoenix se desvía de los temas clave, leitmotifs y estructura básica de la historia original, sino del propio corazón emocional que la hizo ser la mejor de todas, y eso nos arrincona hacia la incómoda postura de formular todos los “hubieras” y los “¿por qué no?” que poco aportan y que nadamás nos saturan la cabeza de conjeturas que jamás pasarán.

Y no se diga la ausencia de Wolverine. El retiro triunfal de Hugh Jackman tras “Logan” fue otro factor en contra de esta cinta. El cambio de setting en Dark Phoenix dio por un hecho la ausencia de este personaje, aunque no dejamos de lamentar la pérdida de perlas visuales como estas:

Payback time, bub: Uncanny X-Men #132 (1980).

De igual manera el reemplazar a villanos como el Hellfire Club—los cuales se habían establecido claramente en First Class—por la raza extraterrestre de los D’Bari decepciona no por el hecho de hacerlo sino porque nos lleva a desviarnos de las metáforas indestructibles sobre las que gravita esta franquicia, y sobre todo porque no se les da el mismo péndulo moral que a los Shi’ar de la historia original, que ven al ente Dark Phoenix como una amenaza a aniquilar y sin considerar la posibilidad de redención para alguien como Jean, sujeta a un azar cósmico más allá de su control. Así, la cinta se vuelve un duelo de poder, golpes y violencia durante su tercer acto, sin posibilidad de encontrar aspectos de caracterización con algo de valor para el espectador.

Y el desperdiciar el talento de Jessica Chastain en algo como esto no tiene nombre.

De esta manera, la cinta no ofrece ni sorpresas ni catarsis para una deconstrucción al “sueño de coexistencia” entre humanos y mutantes, ni puntos de entrada nuevos para la dialéctica Xavier-Magneto ni mucho menos una iteración de “amantes desaventurados” para Jean y Scott, personajes que por sí solos deberían ser una nueva ancla que facilitara mover a la franquicia hacia adelante. La cinta no les da oportunidad de formar una química convincente entre ellos, como la tuvieron Xavier con Moira y Beast con Mystique en anteriores realizaciones.

La pérdida paulatina del melodrama, las temáticas clave, la mitología detrás de la Fuerza Fénix y los instantes de introspección llevan a Dark Phoenix a moverse de un punto A al B, haciendo a su reparto peones de un plot que les priva de un cierre digno a su trayectoria. Aún y cuando sabemos que en el porvenir—sugerido brevemente en los instantes finales de Days of Future Past—tenemos a Jean, Scott, Logan, Beast, Storm y Xavier como parte de la escuela para jóvenes mutantes en su edad adulta, este alto en el camino que parece definitivo para la franquicia nos deja un hueco en el corazón y a evocar al pasado donde todo parecía ir perfectamente.

Desangelada, Dark Phoenix puso fin de una forma triste a un ciclo de películas de los X-Men que maravillaron a dos generaciones de espectadores, siendo un trayecto repleto tanto de crestas y valles como de emoción, éxito y grandes recuerdos.