Moralejas

“APPARENTLY IT’S MY FAULT, AS A MODERN-DAY COMIC CREATOR, THAT POOR ALAN MOORE CONTINUES TO BE SO BEDEVILED BY MARVEL AND DC. IF I JUST DIDN’T SUCK SO BAD, ALONG WITH ALL MY PEERS, THEN COMIC BOOK COMPANIES WOULDN’T HAVE TO KEEP MAKING MOORE SO MISERABLE. TO THAT I SAY…
GO FUCK YOURSELF, ALAN MOORE. AND ALSO, GOODBYE.”
— JASON AARON.

Existen dos corrientes de pensamiento en constante colisión dentro del mundo de los comics: aquellos que consumen a Marvel y a DC no importa cómo y otra que se encuentra en el polo opuesto.

Si lo extrapolamos a cualquier entorno, es lo mismo: los que están con el sistema, y los que no. Los que están dentro asumen la postura de consumo, “me gusta, está disponible, lo tomo, repito”, y a partir de ahí se forman hábitos. O bien, tenemos aquella que “busco, aplico, me aceptan, firmo, y adelante”. Son convenios, y dentro de estos sistemas existe tanto renuencia y un dejo de complicidad y complacencia.

Los que están en contra resaltan aspectos negativos tanto constructiva como destructivamente, y ya depende de quién los escuche si les concede la razón o no.

Regresando al ámbito del Noveno Arte, los discursos son claros: si a temprana edad te ves expuesto al género de superhéroes, lo más seguro es que te conviertas en seguidor absoluto, no importando quién lo escriba o dibuje. Ya estás cautivo. Aún y cuando te des cuenta de que cíclicamente se repiten las mismas historias (obviamente bajo parámetros modernizados), seguimos atrapados en este bucle, y lo consumimos por que encontramos en él un escape, un entretenimiento.

Aquellos que lo critican, se irán por dos vertientes: los comics son un medio por ningún motivo “adulto” (es decir, infantil, mediocre, estancado), o bien que no nos damos cuenta de que son productos propiedad de multinacionales las cuales injustamente se los han arrebatado a artistas y escritores (la mayor parte de orígenes humildes) a los que han dejado en la ruina.

“V FOR VENDETTA’S NEW EDITION FROM 2008 IS GOING BACK FOR A 19TH PRINTING. THAT’S A PRINTING EVERY SIX MONTHS.”
— CHRIS ARRANT.

Tomo el tema de V for Vendetta por que es uno de muchos ejemplos, pero es uno importante porque esta obra es ponderada como un trabajo ejemplar del que es considerado el MEJOR creador de comics que ha existido nunca, Alan Moore, y cuya diatriba contra la empresa que ahora es dueña de este comic (DC) es un testamento de este divorcio que existe entre el profesional del medio y un emporio que se negó a fomentar un ambiente digno para la remuneración justa de su esfuerzo.

Al día de hoy, entre contratos de exclusividad, acuerdos de confidencialidad, reglas estrictas de comportamiento en Nuevos Medios, una precaria seguridad social al alcance de pocos, un sistema de pensiones en constante cambio y procesos de regalías y derechos de autor a los que hay que suscribirse forzosamente, el profesional del comic (por lo menos en Estados Unidos) tiene la alternativa de tomar partido en alguno de estos bandos.

Claro, podemos decir que en la actualidad gozamos de un camino menos llano, en donde el corporativismo se ha concientizado de estos problemas y necesidades que enfrenta su fuerza laboral. Otros dirán que este proceso de maduración tiene como cimientos a las vidas de comiqueros que se quedaron sin nada y que no tenemos memoria.

También tomo el tema de Jason Aaron (foto, der.) porque lo considero un caso gravísimo de memoria selectiva: probablemente Moore quizo ponerse como una víctima, quizás no, pero lo importante es el subtexto: DC y Marvel, a través de medios legales, se apropiaron de ideas las cuales han generado ingresos mayúsculos, y el talento detrás de eso ha pasado penurias, pobreza y enfermedad. Es falta de sentido común. Probablemente de lealtad. Ignorar todo esto es darle la espalda a la historia negra de la humanidad solo porque a nosotros no nos pasó, no fuimos la cautionary tale, y vivimos bajo la seguridad de un trabajo literario que le costó una vida a alguien más. Ese es el tipo de mentalidad que aborresco de los comic book creators: la lucha de egos, la falta de autocrítica, la poca voluntad para exigir la parte justa que les corresponde, la ley mordaza a la que con gusto se adhieren con tal de salir en la foto y mirar desde gayola como sus colegas se parten el lomo en una vida de freelancer que es injusta.

Y lo mismo pasa con nosotros, somos parte del problema. Para fortuna de esta burbuja que son los comics los medios electrónicos forman parte del grueso de la población lectora, y el recordatorio constante es esencial para enderezar el rumbo de las editoriales comerciales (y lo han hecho, poco a poco). Aquí el Internet y las Redes Sociales sí son plataformas de cambio, no pasan minutos sin que el fandom se haga sentir en el Mercado Directo de ventas por catálogo, para bien y para mal.

Jonathan Hickman, en un tweet que ya no existe más—screenshots, FTW— dijo “there is no comic book community.”

Qué razón tenía.

“COMICS ARE SOMETIMES LIKE A VAST PUBLIC BATH WAITING FOR ONE OF US TO DARE SEND FARTBUBBLES TO THE GREY FOAMY SURFACE.”
— WARREN ELLIS.