On Decluttering

“YO, LA DE LOS MIL LIBROS, DIRÉ ALGO EN FAVOR DE MARIE KONDO: LO QUE ELLA SUGIERE ES QUEDARTE CON LOS QUE SON IMPORTANTES PARA TI. SI TODOS SON IMPORTANTES, QUÉDATE CON TODOS. TAN TAN.”

— FERNANDA SOLÓRZANO.

El tema de moda de esta semana ha sido el “decluttering”, deshacerte de aquellas cosas que han perdido ese valor intrínseco/intangible para tí, todo con el fin de lograr un orden satisfactorio para tu salud mental, tu vivienda y/o espacio vital.

Mis primeras posesiones de las que tengo memoria son, obviamente, comics: los Asombrosos Hombre Araña de Novedades Editores, los títulos varios de Editorial Vid, los Videorisas de “Moraliux” y Ric Plata, el Condorito de Pepón, los Capulinitas, los Karmatrones y los Archies.

Los álbumes de estampas eran comunes. El que más recuerdo era el de “Juega Limpio”, publicado entre la multinacional Pepsico y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología mexicana (la SEDUE); cada estampa estaba dentro de las bolsas de frituras de la marca Sabritas (o “Saboritas” si viste al Luis Miguel de Netflix). Siendo parte de la juventud mexicana de los 80s, tuvimos en nuestras manos un álbum de cromos de Mazinger Z, durante el auge del anime transmitido en ese entonces por XHGC Canal 5 (6 en mi tele local). Inolvidable. Apoteósico. Esencial.

Posteriormente llegaron los noventas y las consolas del NES y el SuperNES, los programas de TV de “Intercontrol”, “Nintendomanía” y la revista “Club Nintendo”, en ese entonces la publicación referente en America Latina. Las cajas, los estuches, los cartuchos y los controles ocupaban un lugar especial dentro de mi desorden particular.

Luego aparecieron los deportes. La sección deportiva del periódico era asimilada, la estadística recortada y transformada en scrapbook. Las revistas como COLOSOS, ARENA y SUPERLUCHAS eran la memoria gráfica de mis fines de semana viendo la lucha libre por televisión y acudiendo al pancracio sabatino y dominical en mi ciudad natal. DEPORTE ILUSTRADO (edición mexicana), el DON BALÓN español, el ONZE MONDIAL francés y el TOTAL FOOTBALL británico irrumpieron a finales de los noventas iniciando así mi obsesión con el balompié.

En 1994 empiezo a coleccionar comics de superhéroes de manera frecuente. Fue la época de La Muerte de Superman y La Caída del Murciélago. De la Saga del Clón. Editorial Vid controlaba el mercado de licencias, incluyendo al Spawn de Image. Marvel México irrumpe un año después tras el éxito de X-Men en televisión, por lo que títulos como “X-Men Adventures”, “X-Men Flipbook” y “Fantastic Four Flipbook” se amontanaban en casa.

Las “ediciones especiales” (tomos recopilatorios de sagas clásicas) eran siempre una compra automática.

Vid toma la estafeta de Marvel MX en 1998, y continúa publicando a estos personajes y muchos más. Ya para ese entonces adquiría comics en inglés. Mis primeras colecciones en lengua extranjera fueron X-MEN, UNCANNY X-MEN, GAMBIT, THUNDERBOLTS y FLASH. El anime se volvió una presencia importante y eso fue un gateway para la publicación de Manga en español, siendo MIXX ZINE, DRAGON BALL, RANMA 1/2 y SAINT SEIYA los pioneros. El manga de EVANGELION de Yoshiyuki Sadamoto y UTENA de Shiho Saito fueron para mí títulos indispensables y anteriores a la comercialización en masa del Manga en Estados Unidos.

Desde “Sebastian O”—al que encontré entre los backissue bins—cualquier comic de Grant Morrison era y sigue siendo devorado de inmediato.

La novela gráfica explotó en el siglo XXI. La apertura de una sucursal de Comicastle (la cadena de tiendas de comics más grande de México) en mi ciudad en el 2002 me dio acceso garantizado a un acervo amplio de títulos (antes compraba en puestos de revistas y en tiendas particulares que fueron desapareciendo poco a poco). Entre comics en formato mensual, miniseries, Prestige formats, OGN, TPB, HC, Artbooks y los eventos veraniegos de Marvel y DC con sus tie-ins han ido paulatinamente copando rincones enteros de mi hogar.

Tengo además CDs de música en menor cantidad, bajo reglas simples: artistas favoritos + soundtracks selectos. Poseo discografías completas o compilatorios de bandas tales como Interpol, Depeche Mode, Ladytron, Muse, Moenia, entre otras. El primer CD que compré con dinero propio fue “PLAY” de Moby en 1999, y el cual afortunadamente aún conservo.

La irrupción en el mercado del formato DVD explosionó ese delirio por tener una filmoteca con lo mejor del séptimo arte: bare-bones, ediciones de aniversario, box sets, multiregión, conciertos, documentales y Criterions para todos los gustos y todos los géneros.

Entre viajes de vacaciones o de trabajo siempre hay una ocasión para encontrarte con revistas o fascículos de colección. De los que más tengo son los relacionados a la televisión americana, al fútbol, al cine mundial y a músicos favoritos. Los expendios de revistas en los aeropuertos son una fuente de felicidad inagotable.

En el caso de libros la cantidad es menor y por lo general tiendo a satisfacer gustos específicos: el cine, mucha ficción, mucha ciencia ficción, pocas biografías y muy pocas autobiografías. Cuando viajo trato siempre de hacerme de un tomo con historia gráfica de los lugares que visito.

Phew! Una larga lista de cosas, ¿no?

¿Son útiles? ¿Inútiles? ¿Padezco tsundoku crónico? ¿Soy un nerd? ¿Un completista? ¿Todas y ninguna de las anteriores? ¿Acaso importa?

De lo que sí estoy seguro es que ninguna de ellas me define (ni debe definirte a tí) como persona, dado que uno NUNCA termina de definirse: cambiamos, aprendemos, crecemos y absorbemos ejemplos ajenos y propios. Todas estas cosas que he enlistado son snapshots. Instantáneas de un momento de nuestras vidas en específico, y que quedan como un registro físico, gráfico, sonoro, digital y literario, los cuales llevan a una parte de nosotros y que podemos revisitar y analizar una y otra vez. Nuestra relación con ellos tanto en aquel instante como en la actualidad en la que nos encontramos. Es la evidencia de un trajinar que no termina, y que para quienes crearon estos artefactos son un legado para las generaciones que serán (o son) nuestros sucesores.

Todas estas cosas. Clutter. Parafernalia de una vida amplia. Acumulando glorioso polvo y memorias imborrables.