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Transformaciones 001: Argumentos iniciales

Todo el mundo del comic comercial e independiente conoce a Warren Ellis y a su prolífica obra, además de reconocer su lugar como punta de lanza en la revolución de la novela gráfica multigénero que prolifera en la época actual.

Sin embargo, en el ahora lejano 1996 las cosas eran completamente diferentes.

La industria del comic norteamericano se encontraba en un estado incierto tras la burbuja especulativa, en donde tomos clave, ediciones conmemorativas y portadas variantes se manejaban a precios exorbitantes, acumulando inventario difícil de mover, volviéndose líderes de pérdidas a largo plazo. La recuperación económica era solamente aparente y los reportes de ventas disponibles en dicho tiempo marcaban a los best-sellers con menos de 100,000 unidades vendidas mes a mes, además de la poca variedad de comics de autor a diferencia de hoy. Basta con mirar al escalafón y nos daremos cuenta de que el Top 20 contaba con títulos netamente dentro del género de superhéroes, siendo Spawn el único que se asomaba entre los primeros diez lugares. La aparición de una serie como Kingdom Come (en DC Comics) y el crossover de “Age of Apocalypse” (por Marvel Comics) dejaban por sentado el dominio de ambas editoriales.

En dicha época, Ellis era un colaborador frecuente de Marvel, y su body-of-work con esta editorial se caracterizó por moverse entre los márgenes. Series como Ruins, Starjammers, Excalibur, X-Calibre, Pryde & Wisdom, Druid, Hellstorm, Wolverine: Not Dead Yet, Doom 2009 y Thor: Worldengine eran claramente híbridos que usaban la plantilla del superhero comic para contar relatos en distintos géneros, y empujar al medio hacia otro tipo de historias. Probablemente el hecho de que muchos proyectos suyos tales como Satana, Killraven y End Times fueron cancelados por la editorial, y otros como Storm, Carnage, Doctor Strange y Wildcats/X-Men #4 fueron víctima de la intervención editorial—incluyendo su tenor en el comic de Hellblazer para DC/Vertigo— forzaron su mano para formular no solamente una ideología que se opusiera al duopolio Marvel/DC sino a elaborar un “plan de escape” que le permitiera crear lo que él quisiera y llevarse a la audiencia consigo. Su reinvención a comics como DV8 y StormWatch (en 1996), e ideas propias tales como Transmetropolitan (1997) y Planetary (1998) nos confirman esta transición.

Participando en foros en Internet en rec.arts.comics y Compuserve, poco a poco fue diseminando su opinión respecto al estado de la industria en el Mercado Directo, así como su visión de cómo debería de transformarse, utilizando para ello un lenguaje no solamente elocuente, inteligente y honesto sino urgente, visceral, agresivo, irónico y muy, muy (muy) divertido.

“Transformaciones” es el título que le he dado a este ciclo de publicaciones que iremos compartiendo, en donde Ellis destila los paradigmas del comic y sus problemas inherentes, las áreas de oportunidad a aplicar y los vicios a exterminar, y que como un todo forman un contexto muy interesante el cual sin temor a equivocarnos informa y da sentido a escritos mucho más célebres y de su autoría tales como Pop Comics y The Old Bastard Manifesto, los cuales a partir del año 2000 fueron el punto de quiebre para la introducción definitiva de la obra de autor multigénero a través de formatos autocontenidos y económicamente viables.

Empezamos con “Argumentos Iniciales y Otras Notas”, una denuncia pública hacia el comic de superhéroes y la mediocridad que fomenta sobre el Noveno Arte.

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Argument Starters and Other Notes

August 1, 1996

  1. The Superhero as Sex Object

People scream when superheroes have sex. Take a good look at the average superhero. The average superhero is a male nude with a costume spraypainted on and some convenient blurring in the genital area. Western civilisation still associates the nude primarily with sex. So what’s the problem? Are we supposed to view the superhero figure in the same artistic terms as the classical nude? In which case, where are the genitals? The classical nude is an objective appreciation that requires translation of the entire anatomy into art for our consideration.

Superheroes should be having sex constantly. It’s what Western civilisation expects of people who have no clothes on.

 

  1. Superman as Symbol of Mediocrity

Superman neither redeems society, nor perceptibly improves upon it. He simply props up the appalling status quo. Next week, there will be a new terrible enemy for Superman to battle, more awful crimes perpetrated upon the denizens of Metropolis. He doesn’t have time to change anything for the better. All he can do is fend off the vastly increased threat level in his society (relative to our own) as demanded by his writers and editors. Because of Superman, the people in his world are doomed to a life of frustration and horror.

If Superman has stayed dead, Metropolis would’ve been a nicer place to live. Weird.

 

  1. Labelling as Lobotomisation

Look in a bookstore. Do Stephen King novels bear a label reading “For Mature Readers Only”? Does Jack Kerouac carry a label warning of “Strong Language and Sexual Situations?” Are crime novels rated for violence? Nope. And the children’s books are often sold in a section clearly marked CHILDREN’S BOOKS. Look in a comics store. The children’s books are everywhere, but the horror, crime and mainstream works are stuffed on top shelves, often with labels on them marking them as unsuitable for children.

Do we have to do everything arse backwards?

 

  1. The Mainstream as a Horrible Joke

In every other form of narrative art, the “mainstream” is identified as stories set in the real world, dealing largely in human, real-world concerns. In comics, the “mainstream” is defined as superhero comics. Am I the only one who finds that strange?

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I’m busy watching the market tie itself up in knots, right now. I’m sure most of you know by now that Diamond is now the single major comics distributor left, having absorbed Capital. This tends to secure Marvel’s marginalisation, and Diamond’s less generous and less flexible discount structuring could mean more direct-market retail outlets going under in the next twelve months. It also means a very uncertain future for small publishers, and possibly anyone who didn’t sign an exclusivity deal with Diamond last year. Something else that has a lot of people worried is the fact that DC have an option to purchase Diamond, provided certain conditions are met in five to eight years’ time, written into their exclusivity deal with the company.

Right now, all the real economic power in the American comics industry is concentrated into the hands of a very few people. Should make for some interesting times. Possibly in the Chinese sense.

(c) Warren Ellis 1996