Dallas Buyers Club

Dallas Buyers Club | Estados Unidos, 2013
Dirigida por Jean-Marc Vallée
Libreto cinematográfico por Craig Borten y Melisa Wallack
Reparto: Matthew McConaughey, Jennifer Garner y Jared Leto
Cinematografía por Yves Bélanger
Edición por Martin Pensa y John Mac McMurphy
Producida por Truth Entertainment y Voltage Pictures
Distribuida por Focus Features

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Siempre he pensado que la carrera de Matthew McConaughey ha tenido más éxitos que fracasos. Surgido de la generación dorada de Dazed and Confused (Linklater, 1993) ha ofrecido sendos performances y una personalidad atrayente, que lejos de caer en el temido typecast se ha sabido escabullir en papeles que le ofrecen múltiples variantes, con mayúsculos y urgentes esfuerzos histriónicos (A Time to Kill, The Newton Boys, Bernie, Mud, Magic Mike). Dallas Buyers Club le ofrece no solamente una transformación física de gran calibre (similar a lo hecho por Christian Bale tanto en The Machinist y en The Fighter) sino por primera vez sumergirse en un personaje y perderse por completo, en esta ocasión en la figura de un hombre cuya menguante salud lo transporta de la confusión a la epifanía, de la iluminación al reclamo y del rechazo a la tolerancia.

Dallas Buyers Club toma nota de realizaciones de temática gay de vanguardia, y evade cualquier trampa que dicho subgénero pueda ofrecer. El cine norteamericano (tanto independiente como comercial) ha evolucionado significativamente en el tratamiento de estos tópicos desde el negativo Cruising (de 1980, y sujeto a un interesante escrutinio y análisis en Interior. Leather Bar. en el 2013), la franqueza de Mala Noche (1988), la alienación de My Own Private Idaho (1991), como instrumento de género en Poison (1991), de auténtica revolución social en Philadelphia (1993), sentida represión, deseo y vergüenza en Gods and Monsters (1998), la búsqueda de la identidad con Boys Don´t Cry (1999) y Transamerica (2005), como una reacción a su existencia en Far From Heaven (2002) y como amor verdadero en Brokeback Mountain (2005).

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Aun así, “Dallas” pareciese suscribirse más a una plantilla narrativa al estilo de Erin Brockovich (Soderbergh, 2000) para analizar bajo una naciente cruzada personal el vacío de información y nula conciencia cívica alrededor de las enfermedades venéreas y las connotaciones negativas sobre la comunidad LGBT durante la proliferación de su contagio en la Unión Americana en la década de los ochenta.

McConaughey encarna de manera convincente el desencanto de la vida bajo los suburbios, las fatales consecuencias de una existencia en el vicio y el libertinaje y la ignorancia producto de vivir bajo patrones sociales estereotipados, que lo han orillado a conductas detestables y que no es hasta estar frente a las puertas de la muerte que encuentra esa característica voluntad que tenemos todos para ver nuestros yerros y, por vez primera, abandonar esa nociva visión de túnel que casi nos lanza al precipicio.

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Pero la gran revelación en esta película es Jared Leto, que con gran tacto evita que su personaje se vuelva una caricatura deshonesta para la audiencia transgénero, sino la imagen viva de ese deseo de libertad y ser comprendido. Bajo una túnica multicolor que evoluciona en cada escena – y que se ha convertido en uno de los hot topics en la plataforma microblogging de Tumblr – y con divertidos, agudísimos, cándidos, inconsolables y brutales parlamentos en su libreto, Leto impregna a su alter ego “Rayon” de una gran presencia, actitud positiva y dignidad.

El laureado realizador canadiense Jean-Marc Vallée impregna en su película sus temas insignia de la trascendencia, la rebelión y la aceptación con el prójimo, siendo éstos el hilo conductor que define la trayectoria para sus personajes, ofreciendo un atisbo a la conciencia social y la negativa hacia la discriminación, la homofobia y las prácticas de codicia e interés de los conglomerados farmacéuticos e industriales, surgidos por las constantes crisis en materia de salubridad que han saturado a los Estados Unidos en los últimos 30 años – aunque sin llegar a la brillantez, intensidad y osadía de cintas tales como Sicko (Michael Moore, 2007) o Michael Clayton (Tony Gilroy, también en 2007).

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De gran bravura, Dallas Buyers Club es un drama social como pocos, audaz en su tratamiento de la redención personal y de contagiosa emotividad para regalar a su audiencia lecciones enriquecedoras, en un ambiente contemporáneo de mayor apertura a temas de gran preocupación.