Man of Tai Chi

Man of Tai Chi | Hong Kong, 2013
Dirigida por Keanu Reeves
Libreto cinematográfico por Michael G. Cooney
Reparto: “Tiger” Chen Hu, Keanu Reeves, Karen Mok, Simon Yam e Iko Uwais
Cinematografía por Elliot Davis
Musicalización por Chan Kwong-wing
Edición por Derek Hui
Producida por China Film Group, Dalian Wanda Group y Village Roadshow Pictures
Distribuida por Universal Pictures

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La elección de Keanu Reeves por hacer de Man of Tai Chi su debut como director es tanto curiosa como acertada. Una cinta de género de narrativa directa y concisa y que lejos de toda pretensión nos habla de un proceso de transición interesante para su carrera, la cual ha pasado del culto a la severa crítica, del súbito súper estrellato hasta el extremo de la oscuridad del anonimato voluntario, pasando por la resurgencia inusitada como meme de Internet (Sad Keanu FTW!) hasta llegar a la madurez con proyectos como el urgente y necesario documental de Side by Side, que pondera el futuro rumbo del séptimo arte.

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La buena estrella de Keanu se hace presente en Man of Tai Chi, que a pesar de su muy característico rígido performance — esta vez como personaje antagónico — apuesta por recorrer terrenos que le son familiares al aficionado del Hong Kong Cinema de los últimos 20 años: pulcra cinematografía que muestra el esplendor modernista y tecnológico de esta gran capital al unísono de su controversial bajo mundo criminal en tonos grises, así como la opulencia de la tradición milenaria del oriente y los relatos cautelarios del héroe como artista marcial y en conflicto con sus emociones, a medida que aprende las lecciones básicas sobre su disciplina para controlar la impaciencia e instinto violento y exaltar a su vez sus valores fundamentales.

Arquetipos básicos aparecen para contar en Man of Tai Chi una iteración más de la inmortal historia del bien contra el mal, con esbozos estilísticos que nos hacen recordar inmediatamente a la narrativa básica e historias similares de juegos de arcadias tales como Street Fighter 2 y Mortal Kombat – el director y su guionista Michael G. Cooney deciden hacer un film 100% apetecible para el fandom — donde se tocan vértices comunes entre guerreros nobles contra cárteles criminales y una pizca ligera de misticismo y realismo mágico, que la llevan a pisar territorios inusuales en sus instantes finales.

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El realizador elige coreografías de acción (montadas por el ya legendario Yuen Wo-Ping) de notable crudeza, pero sin llegar a la brutalidad y alto impacto como las vistas en la filmografía de un Gareth Jones (aunque el cruento y visceral estilo de The Raid: Redemption deambula notablemente por esta cinta, incluyendo un cameo breve de su estrella, Iko Iwais), y en este aspecto Man of Tai Chi se ve favorecido, aunque por momentos brevísimos intenta ser un híbrido entre el pencak silat y la fluidez del kung fu propio del Wuxia film.

“Tiger” Chen ofrece versatilidad para mostrar ambas técnicas de forma convincente, aún y cuando su rol dramático dentro de este hero’s journey contemporáneo sea muy superficial, dado sus escasos diálogos para dar énfasis a una actuación concentrada principalmente en la expresión facial y corporal para denotar cambiantes estados de ánimo a medida que el protagonista sucumbe a la corrupción de sus ideales para posteriormente reclamar su pureza, integridad y sentido de lo correcto.

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En este aspecto y de igual forma Karen Mok cumple en su papel como representante de la ley, gracias a su gran presencia y experiencia en este tipo de films, pero que no logra mayor trascendencia al servir solamente como un apoyo adecuado para hacer avanzar a la trama.

Reeves oscurece en demasía las intenciones de su personaje, dejándolo en la ambigüedad. Parte M. Bison meets Shang Tsung (continuando con la analogía Street Fighter/Mortal Kombat), Keanu se convierte en una metáfora de nuestro lado oscuro y de los peligros de una sociedad enviciada por el crimen, el consumo y lucro desmedido en su brevísima confrontación final con el protagonista, en un duelo de voluntades que empieza a desprenderse paulatinamente del mundo real para llenar de artificio y magia a la pantalla.

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Así, Keanu explora vertientes cinematográficas y temáticas que lo han influenciado a lo largo de dos décadas como uno de los héroes de acción más reconocidos en el mainstream, en su intento por labrar una filmografía como realizador que le sea interesante. Man of Tai Chi representa un experimento que lejos de confundir intenta ser diferente, cumpliendo expectativas para su potencial audiencia y que resulta entretenido.