Flashpoint, o el mundo según Johns

FLASHPOINT5Flashpoint
Miniserie mensual en 5 tomos
Escrita por Geoff Johns
Arte por Andy Kubert
Tintas por Sandra Hope y Jesse Delperdang
Color por Alex Sinclair
Publicada por DC Comics en 2011

El dominio del autor Geoff Johns en el género de los comics de superhéroes es palpable de principio a fin, con el toque exacto para apetecer el paladar de los aficionados incondicionales a la editorial de DC Comics, quienes invierten tiempo y dinero en su inmenso catálogo de personajes.

No cabe duda que este escritor es uno de los maestros modernos en la industria, el exponente definitivo de la nostalgia y rescate por el superhéroe clásico y cuya sensibilidad artística es clave para mantener a flote a las longevas tendencias del fanboy en el mercado mainstream.

Johns agrega a este conservadurismo empedernido atinadas dosis de violencia estilizada, brutal y en algunos casos gratuita e innecesaria. Su afecto y conocimiento del medio y su historia le han dado un sitio privilegiado a lo largo de poco más de una década, polarizando opiniones y en donde su más reciente trabajo para DC ha sido una experiencia que ha dejado mucho que desear.

Si hacemos memoria a las ahora legendarias etapas de Johns en series como JSA (de 1999 a 2006), Flash (2001 a 2005), así como en sus primeros 5 años en el comic de Green Lantern (de 2004 a 2009), nos damos cuenta de un trabajo inteligente, de una mente maestra ejecutando un plan interesante, mesurado, con una idea clara para llegar a un destino, así como también con la intención de perpetuar el ansia de sus lectores por seguir sus relatos mes a mes, dando por sentado un esfuerzo eficaz para servir al canon editorial dentro de la ficción serializada.

A pesar de que su etapa en el comic de Green Lantern ha sido un experimento de ‘world building’ sumamente cautivador — el cual emula a los universos de ciencia ficción y space opera más importantes dentro del ámbito literario y fílmico — sus últimas entregas como Blackest Night (2009-2010), Brightest Day (2010-2011), War of the Green Lanterns (2011), Rise of the Third Army (2012-2013) y Wrath of the First Lantern (2013), dejan en evidencia una serie de excesos que causan un detrimento considerable en su calidad: saturación de diálogo expositorio, explicaciones inverosímiles y claramente convenientes al plot, sin una base lógica o con un flujo natural, así como también un manejo ad nauseum del shock value y money shots que amenazan con atravesar arbitrariamente los límites entre lo aceptable, el eye candy y la suspensión de la incredulidad.

Esta metamorfosis, degradación y declive de Geoff Johns se acentúa sobremanera en su segunda etapa en Flash, donde se tiene un inicio promisorio con Flash: Rebirth (2009-2010, con arte de Ethan Van Sciver), una miniserie de 6 tomos que abraza de forma inteligente a toda la mitología alrededor de los personajes que han portado el manto de Flash, estableciendo conflictos generacionales centrados en esta peculiar familia de velocistas, quienes comparten sus alegrías y tragedias en destacadas escenas de alto contenido emocional, suspenso, legado heroico y sentido de pertenencia. Johns presenta a las nuevas generaciones a un grupo de personajes con un pasado de abolengo, siendo inclusivo y no exclusivo con ellos, y redefiniendo el papel de los elementos místico-científicos que gravitan alrededor de esta saga, a la par de altas dosis de revisionismo sumamente cuestionables y polémicas, dejando en el aire las verdaderas razones detrás de este ajuste retroactivo de la historia.

Las posteriores aventuras para este longevo personaje fueron sumamente mediocres (Flash vol. 4, 2010-2011), en donde se descarta por completo el uso de su rica y robusta mitología para entregar en su lugar una serie de conflictos sin consecuencia y repletos de clichés propios de series de TV de crimen procedural y ciencia ficción, incluyendo drama vacío y antagonismos muy forzados entre el personaje principal y su reparto de apoyo, el cual en ningún momento le hicieron justicia al storytelling intenso y frenético ofrecido por el ilustrador filipino Francis Manapul, quien irónicamente se convirtió en el escritor de Flash (vol. 5) a partir del 2012.

Desafortunadamente para Johns, la tónica impuesta sobre sus guiones en la serie de Flash se encuentra plagada de meras excusas para hacer avanzar al plot de un punto A al B de forma arbitraria, todo con el fin de desencadenar el inicio de un punto de inflexión importante para el calendario de publicación de DC Comics.

Dicho evento, de nombre Flashpoint, llega de forma repentina. El comic de Flash termina abruptamente dando inicio a esta miniserie de 5 tomos la cual lleva al universo de personajes de ficción de DC a un setting diferente, a una realidad paralela a su mundo normal pero sin mayor explicación al respecto.

Tras esto, los medios especializados lanzan inmediatamente una comparación adecuada con una historia similar: Age of Apocalypse, publicada por Marvel Comics de 1995 a 1996, la cual es presentada de igual forma bajo un preámbulo nacido en las series de comics de los Hombres X, una de las franquicias insignia para esta casa editora y competidora de DC en el mainstream.

Sin embargo, a Flashpoint no se le otorgan similares marcos de referencia, donde para su mala fortuna se le quita un peso específico al misterio que rodea el origen de este universo alternativo, para mostrar en su lugar múltiples conflictos sin establecer un punto de vista definido. Johns usa a Flashpoint para contar una historia entre los personajes de Flash y Batman, pero cuyo rol en el crossover se vuelve completamente tangencial como las demás storylines que corren de forma concurrente a lo largo de esta saga.

Las cosas de tornan peores cuando el autor establece un punto de reunión entre todos los personajes. Una serie de splash pages y viñetas van y vienen sin cohesividad y sin importancia para la historia. En la recta final, el autor dedica gran parte del tiempo para ofrecer un infodump que revela las razones detrás de este mundo paralelo. Esta sobreexposición intenta — sin conseguirlo realmente — justificar una serie de alteraciones hechas previamente sobre la personalidad y continuidad/bagaje interno de Flash, y que datan desde la miniserie de Rebirth que mencionamos previamente.

Tras esto, Flashpoint culmina con una batalla final anticlimática en la cual todos los frentes en pugna son descartados, sin repercusiones dramáticas para los protagonistas, y que solamente exhibe los característicos excesos de ultraviolencia y gore que Johns ha implementado en los últimos años. Flash y compañía se convierten en meros peones de la narrativa para conseguir un objetivo al servicio de los lineamientos editoriales a corto plazo.

Este objetivo en sí fue una reestructura para el universo e historia de DC Comics, reiniciando y redefiniendo a sus personajes emblemáticos con el afán de emprender una gran campaña de publicación que es muy similar a la realizada durante el lejano período de 1985-1986. Como producto final, la totalidad del catálogo de títulos de la compañía fueron publicados bajo un nuevo Número 1 — incluyendo el debut de múltiples series complementarias — totalizando la friolera de 52 series mensuales (!) y con fecha de salida de Septiembre de 2011. De esta manera, DC reenfoca sus esfuerzos haciendo de su catálogo de personajes lo más importante, diluyendo en gran manera las contribuciones de escritores “top” de la industria. Con esto le decimos adiós a las eras “definitivas” para dar bienvenida a un constante round-robin de guionistas e ilustradores que confeccionan mes a mes historias cortas y poco innovadoras, “jugando a la segura” bajo fórmulas estándar para el género de superhéroes, y cuya manufactura es impuesta a la medida de los deseos del consejo editorial en turno. Es una lástima que uno de los escritores insignia y responsable absoluto de su éxito contemporáneo sea quien le ponga fin a la era del “Comic de Autor” dentro de DC.

Esto es un suceso que sin duda alguna profetisa un cambio de paradigma para la industria. Un plan de publicación claramente enfocado en darle prominencia a la propiedad intelectual por encima de los profesionales del comic, quienes con su trabajo y esfuerzo en el guión, arte, tinta, letra y color seguirán siendo (no importa cómo) los verdaderos artífices de su éxito, a pesar de que se nos diga lo contrario.

Una verdadera lástima.