Man of Steel

MOSposterMan of Steel | Estados Unidos, 2013
Dirigida por Zack Snyder
Libreto cinematográfico por David S. Goyer; historia por Christopher Nolan y Goyer
Reparto: Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Diane Lane, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Antje Traue, Ayelet Zurer, Christopher Meloni, Harry Lennix, Richard Schiff y Russell Crowe
Cinematografía por Amir Mokri
Musicalización por Hans Zimmer
Edición por David Brenner
Producida por Legendary Pictures, Syncopy y DC Entertainment
Distribuida por Warner Bros. Pictures

El realizador Zack Snyder (¡Zack Snyder! tal y como diría Mark Kermode) ha estado en el ojo del huracán en tiempo reciente. Su predilección por hacer explotar a la pantalla grande con llamativa pirotecnia y artificio alrededor de delgadas y decepcionantes narrativas lo hacen blanco fácil de la crítica. Su inclinación a ser demasiado devoto del material literario y estilo cinematográfico de los maestros consagrados no le ha permitido encontrar su propia voz autoral, en claro detrimento de su obra fílmica y cuya última entrega, Sucker Punch, demostró que está muy lejos de sobresalir con un producto de su propia pluma.

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De nueva cuenta, Snyder recibe un material adaptado a la pantalla grande. Para su buena fortuna, este material es una historia de origen de Superman. Y decimos afortunadamente ya que Superman como concepto cinematográfico viene de una serie de intentos tanto infructuosos y soporíferos (Superman Returns), como mediocres (Superman III) y brutalmente catastróficos (Superman IV: The Quest for Peace), y con ello una ventaja clara para eliminar lo que no funciona y marcar los checkboxes necesarios para salir bien librado en este reboot para el superhéroe más emblemático y reconocido del mundo.

Otro punto a favor de Snyder es la intervención que Warner Bros. impone sobre su trabajo, al incorporar a Christopher Nolan y a David S. Goyer como productor ejecutivo y guionista, respectivamente. Habíamos comentado previamente que Goyer es un hombre de ideas y el que posee el conocimiento y expertise en el ámbito de los comics, y al que le es impuesto un freno de mano y prudencia en la figura de Nolan. Dicho esto, las posibilidades de éxito para esta súper producción en el papel lucen prometedoras.

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Y vaya que Man of Steel resulta ser una promesa agradable: bajo un guión con un GRAN, GRAN, GRAN atrevimiento para construir situaciones que son impensables en el propio comic impreso y que representan una bienvenida y merecida bofetada con guante blanco hacia los puristas, la cinta triunfa al hacerse de un cast completamente probado tanto en el medio del cine como de la televisión de excelencia, haciéndonos recordar que la adaptación cinematográfica del comic mainstream resalta cuando el ensamble de actores se compone tanto de estrellas longevas que soportan a las contemporáneas.

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En este sentido, Henry Cavill y Amy Adams destrozan por completo los moldes sobre los que el fandom y la audiencia casual han esculpido la imagen de Clark Kent, Superman y Lois Lane. No solamente NO nos hacen recordar a los grandes nombres que hicieron de esta franquicia la consentida de generaciones enteras, sino que se olvidan de llevarnos a una zona de seguridad para adentrarnos en una serie de viñetas dolorosas que presumen un character arc basado en la confianza con el prójimo y con la noción de encontrar las razones para ser alguien de provecho en el mundo, aún y cuando este nos castigue una y otra vez.

Y es que esta premisa es llevada a puerto seguro por un increíble performance de Kevin Costner. Su papel como Jonathan Kent es el punto clave para hacernos entender que este Clark Kent (y por consiguiente la labor histriónica de Cavill) es la de un individuo recluido entre las sombras de sus propios recuerdos, lejos de la felicidad plena y sin la voluntad de unirse y abrazar a la raza humana que tanto lo transgrede como intenta tímidamente acercarse hacia él.

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Por eso mismo, Man of Steel es punto y aparte a comparación de la versión original de 1978. No hay lugar para el campiness aún y cuando el film nos ofrece dos momentos de leve comicidad (entre Superman y Lois y Superman y la oficial militar al final del film) que se sienten forzados y hasta innecesarios (reforzando esta idea de los “checkboxes” que Snyder trata de marcar para poder salir a flote en este blockbuster). Cavill ofrece convincentemente esta actitud evasiva ante los extraños y abriendo su corazón solamente a quienes le ofrecen su amor. Este Superman es claramente otro tipo de héroe para una época donde el mal toma matices mercuriales. Sobrio, sombrío, reservado, pero con la voluntad para hacer estallar su emoción.

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Y es que los momentos introspectivos sobre la persona de Clark Kent, y que como resultado forjan a esta nueva leyenda de Superman, son mostrados de forma sobresaliente por Zack Snyder, con un manejo de “cámara en mano” y cinéma vérité excelso que nos recuerda en primera instancia al estilo de un Paul Greengrass, que se posa en el escenario sin miedo a meterse en la intimidad de la familia Kent, sus experiencias y sufrimientos. Toda la primera hora de Man of Steel se ancla firmemente, incluyendo las secuencias del planeta Krypton en las cuales Russell Crowe nos afirma lo que ya sabíamos pero que ahora se nos muestra a través de impactantes imágenes: Jor-El es un badass, no solamente un hombre de ciencia sino un sofisticado aventurero y hombre de acción. Crowe toma la estafeta de Marlon Brando — cuyo rol como el padre de Superman continua estando en alta estima por los fans — y expande con creces su estrella.

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Sin embargo, la peccata minuta de Man of Steel son las decisiones narrativas que la forzan a disponer de este poderoso reparto de apoyo y girar la mirada hacia Superman y Lois y su predicamento. La segunda mitad de la cinta predispone un cúmulo de combates espectacularmente montados pero que les quita presencia a los protagonistas. Cavill se ve encerrado en un ir y venir de impactos, explosiones y coreografías en CGI que le impiden mostrarnos facetas de Superman con el mismo impacto de aquellas en su rol como Clark. Esto nos trae a la mesa una contribución fantástica de un Michael Shannon como Zod, que de igual forma muestra un gran poder histriónico que eclipsa al inolvidable papel de un Terence Stamp en Superman II.

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Es este ejercicio de excesos los que pone nuevamente contra las cuerdas a Zack Snyder, quien nos priva de una segunda hora al mismo nivel de calidad actoral, en lo que suponemos que su objetivo fue evitar comparaciones con Superman Returns en cuanto a una flojísima manufactura en las escenas de acción. Es en este segundo lapso que Snyder hace un evidente homage a The Matrix Revolutions, un film que paradójicamente su entretenido, revelador e interesantísimo subtexto es puesto de lado tras una extensa pléyade de alto octanaje y efectos visuales.

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Es este esfuerzo consciente por satisfacer a todo tipo de audiencia lo que limita el desarrollo pleno de los personajes que tanto Cavill como Adams han construido sobre la pantalla, un Lois y Clark diferentes, atrayentes y dispuestos a forjar su propia leyenda en el siglo XXI, renuentes a llenar roles prefijados por la conciencia colectiva.

En su totalidad, Man of Steel se presenta como una experiencia fragmentada, de grandes intervenciones actorales y elementos narrativos cuyo screentime no se le hace justicia para seguir deleitándonos, anteponiendo la preocupación de un Zack Snyder por cumplir los compromisos y las agendas de los grupos de interés que quieren construir un universo fílmico para el catálogo de personajes de DC Comics a como dé lugar.

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Aunque no tengo la menor duda que este director y David Goyer, con Christopher Nolan a la cabeza, podrán tener una nueva oportunidad para reivindicarse y darnos un producto de entretenimiento lejos de opiniones encontradas.